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Algún Día...

-por Santiago T. Bellomo-

Sueño con una cabaña en algún lugar remoto de Alaska, entre los bosques, las montañas y los ríos, con alguna laguna cerca donde poder pescar truchas. A mi lado un perro con mucho pelo, que juegue y me acompañe a todos aquellos lugares de la naturaleza que exploraría. Respirar aire puro, observar los cambios de estación. Oler los pinos en primavera y usar su resina para arreglar cosas que construiría de a poco con una navaja, concentrándome sólo en eso, para pasar el tiempo.

Pescar y cazar cuando acalora, pasar el día tomando té y leyendo durante el invierno. Tener que cortar leña todas las mañanas para poder calentar la casa, y ser forzado a conseguir comida por mis propios medios. No estaría mal tener también una pick-up con la cual poder ir a ese pequeño poblado de poca gente.

Poca pero muy buena, que siempre sonríe y parece tranquila. Pasar un momento en el bar, conversando con personas que viven igual que yo, intercambiando historias y consejos de pesca o caza. Finalmente después de un día de vender pieles en el poblado, volver a la cabaña y sentarme en un sillón frente a una chimenea, dormirse escuchando los chasquidos de la leña en el hogar. Una vez despierto durante la mañana, revisar que todo esté en orden, darme una ducha cuidando el agua porque escasea, y repetir todo lo anterior.

Explorar el bosque en busca de hongos y frutos comestibles, para usarlos esa tarde en alguna receta como mermelada o venado. Venado que habría cazado y procesado, dándole algún pedazo de jugosa carne fresca a mi canino leal, y luego colgado al lado de la cabaña, donde el frío lo preservaría. Pero después me acordaría de que debo meter semejante pieza de caza dentro del cobertizo que había construido un día antes, porque hay lobos que podrían intentar robarme.

El olor a madera, cuero y moho. Pólvora y óxido. Una tarta de frutos rojos y después entraña de venado con hongos. Tanta comida me recuerda que al día siguiente tengo que visitar la cascada, porque es temporada de salmón. Además tengo que volver al poblado, porque se me acabó la munición, el pegamento y necesito algunos clavos, para arreglar la puerta del cobertizo. Por qué no, de paso, cargar combustible en mi camioneta, que parece no tener el necesario para volver del poblado.

Tal vez soportar una tormenta de nieve, que bloquearía puertas y ventanas con metros de nieve, la cual tendría que remover con una pala cuando fuere necesario. La primavera descongelándose, con agua pura y cristalina goteando de las estalactitas de hielo que cuelgan del borde techado de la cabaña. La soledad a todo esto, sería magnífica. Yo, mi perro, y yo de nuevo. Solos, disfrutando de la vida. Ganándosela vendiendo carne, truchas y salmón, pieles y objetos de carpintería. Escribiendo libros y publicándolos. No estar atado a un horario de oficina, con sueldos y molestias económicas. Sin horarios que cambian y sin malhumores constantes.

Una vida junto a la naturaleza, sin tensiones, sin problemas.
Santiagotomas1997Publicado el 23 de marzo de 2016
Archivado en cabana bosque caza pesca alaska naturaleza tranquilidad madera estaciones vacaciones vida invierno aventura

1 Comentarios

  • Fede

    La maravillosa vision de una vida contemplativa. Sin distracciónes que nos alejen del espectáculo original, la naturaleza. Intentalo y luego comparte la historia.

    23/03/16 02:03

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