“…cenizas.”

-por Santiago T. Bellomo-


Llego de mi día, apaleado. A veces no queda más que hundirse en el tapizado marrón con estampados verdes entre el humo impoluto de un cigarrillo agonizante, dejar escapar algún que otro suspiro gris del tabaco… comenzar a cuestionarse la realidad y lo inexistente, lo material y los sentimientos. Jugar al filósofo, al escritor, terminar desahuciado. Mirar con indiferencia la ventana frente a mí, verme reflejado en el vidrio que inequívocamente deja entrever lo que hay detrás y delante, haciendo sarcástica apología de lo que no quiero recordar. No sólo veo el velador a mis espaldas, prendido y emitiendo esa luz muerta; se vislumbra también ese pasado. Veo un niño con gélida aprensión a la comida que se transforma en un muchacho joven al que jugar con sus caballos le es el mundo. Observo con asco como el humo se transforma en lo amorfo, frío y calculador hecho persona cuando entonces todo cambia y mis ojos se enfocan a través del transparente, veo el edificio contiguo. El agonizante me observa desde abajo, cuestionándose si ha perdido la dignidad al ofrecerme sus encantos. La luz amenaza con extinguirse en un afán de terminar de una vez por todas con mis pensamientos nocturnos. La ventana me cela pidiendo con desesperación un ápice de atención, entreabierta, dejando pasar al viento sin restricciones susurrando con desesperación: le presto un poco y a cambio ella me da el futuro. Veo a una mujer entre dinámicas sombras, un cansado hombre deshaciendo una corbata, un anciano disfrutando de un cognac. No hay cuarta imagen, solo vacío. Vacío por el cual cae la utopía que no se concretó a tiempo; utopía que por caminar apurada llegó al alfeizar cayendo sin más por no ser paciente.

Es entonces que me redimo a tomar la caja de largos asesinos, muerdo uno observándolo con decadencia. Lo prendo. El humo vuelve a rodearme con su aura de impurezas a la vez que me rindo ante el sueño.


A la mañana siguiente no despierto. Mi suerte cayó anoche sobre la alfombra dejando de mí lo mismo que aquel cigarrillo agonizante…

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