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El Residente .

Se encontraba sentado y desesperanzado, el chaleco le daba calor y ansiaba la libertad más que cualquier humano. Hacia un tiempo que residía en ese lugar gris y sombrío que le producía sofocamiento, tristeza y cansancio.
Desde su habitación podía escuchar los llantos, las risas y los gritos de los demás residentes, y le producía estremecimiento y temor. Solo experimentaba el placer cuando sentía la morfina correr por sus venas, era entonces cuando la felicidad lo invadía profundamente. También disfrutaba del electroshock, nada se comparaba con ese cosquilleo paralizante que le devolvía la adrenalina al cuerpo, esa adrenalina que lo inundaba de emociones.
Cuando lo invadían los malos pensamientos, rezaba, pasaba noches enteras rezando. A veces hablaba con algún ser inexistente o cantaba canciones que escribía en su mente.
Y cuando escuchaba a su voz interior y jugaba a ser alguien más, entraban ellos, con sus aparatos de tortura modernos o, si tenía suerte, con una jeringa. Y comenzaba el ballet cósmico en su interior.
El residente, cansado de ocupar su lugar en esa habitación, simuló jugar a ser alguien más de nuevo, jugó tantas veces, que ellos llenaron sus venas de morfina, como quién llena una bañera con agua; sus venas estaban rebosantes, por fin consiguió la libertad que había esperado durante toda su residencia en ese nefasto lugar.
Satire20 de marzo de 2011

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