TusTextos

¿sus Derechos?

Lo prometido es deuda. Voy a dejar un monogrfico con los doce textos -dividido en dos post. Hoy dejr el primero y maana el segundo- que servirn de partida al ambicioso proyecto que pretendemos salga adelante. Implicamos para ello escritores de dos comunidades literarias. Amablemente nos han ofrecido su trabajo para dar cuerpo a la base de esta propuesta.


Esperamos vuestra participacin, a ver si pudiramos lograr un blog muy activo.


Con toda la obra que, en un tiempo prudencial, vayamos reuniendo, pretendemos darle algo ms de cobertura que la mera publicacin en los blogs de las dos comunidades literarias afectadas. Es decir, pretendemos presentarlo a organizaciones de ayuda a la infancia como colaboracin con ellas, y por si tienen a bien considerar su publicacin en otras vas.



Por el momento, es slo una idea. Para que pueda llevarse a cabo precisamos vuestra colaboracin. Ya sabis dnde encontrarnos.





Sin ms, procedo a dar a conocer los textos participantes. En este primer post os dejo los de los seis autores de esta comunidad literaria.



Muchas gracias a sus autores:



Alumine, Avelibre, Danae, Harmunah, Abyssos y Voltereta.



SE SUPONE MI NIO


(ALUMINE)





Se supone mi nio, que si ha este mundo has de venir, cobijo tendrs al instante en el segundo que comienza tu existir.

Se supone mi nio que si has de venir a este mundo, alguien debe protegerte de los actos de crueldad.

Se supone mi nio que comida en la mesa has de tener, dibujaran las sonrisas en tu rostro en cada amanecer,

Se supone mi nio que la indiferencia no te debe rozar, que la educacin no te han de negar, que en noches de largo invierno un abrigo tendrs.

Se supone mi nio que de amor se te rodeara, para que maana seas un adulto con cimientos de estabilidad.

Se supone mi nio que de las desgracias, ante abusos, desigualdad alguien por ti velara.

Se supone mi nio, que siempre habr alguien conciente de tu fragilidad.

Sino no fuera as mi nio y la vida te castiga, ante tus escasos aos que no saben combatir aquello que a tu alma poco a poco desintegra

No puedo solo mirar quedarme esttica mirando tu desgracia pasar

En nombre de esta sociedad que no te vio nacer, que esconde sus miradas para simular que nada sucede

De la manera que sea, all estarsilenciosa y ante los errores de otros, reparar intentare, convertirte ms all de los deshonestos en un hombre de bien.



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CUNA DE LATA


(AVELIBRE)





Te ha envuelto la pobreza con su mortaja.
Solo un hada te ha bendecido.
Nio que abrigas al fri entre madrugadas oscuras.
Lava tu cara el glido abrazo de la necesidad.

No se ha dormido la luna
cuando ya tus pies desnudos
buscan alimento y fortuna
bajo cartones y latas.
Un mar de basura y ratas
ahogan solo un par de recuerdos.
Nio que no tienes argumentos
para debatir lo que no has merecido.
Con quin pelear por lo asignado.
si no hay un dios ni pasado
para culpar por tu vida.?

Cargas con la mirada perdida
por caminos expuestos.
Aprendes sobre la marcha
la disciplina apocada
del ltigo implacable.
Hay razones infaltables
al terminar la jornada... .
Algunas botellas vacas
hurtan tus monedas.
Regresas con la noche,
la que profana a tu infancia.
Hoy la cena es la revancha
por no haber ganado lo acordado.

Nio que se acuna entre gritos
e insultos indecentes,
es que la gente no entiende
que tu formas parte del mundo?
Es mayor el cansancio
al hambre que punza
las lceras de tu dignidad.
Clava una daga a la humanidad
en cada sueo que te atormente.
Eso si es justo y urgente
para enfrentar al maana.
Quien no entienda tu desprecio
es obvio que no ha pagado
el precio de nacer
clavado a la cruz del destino.

Nio,
que drogas a la razn
para seguir callando
la voz de tus derechos.

Y muchos duermen
sobre el lecho
del silencio... .




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NIO DE ESTAMBRE


(DANAE)



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El nio de estambre mira con mirada asombrada al mundo;
corazn sembrado con todo el dolor del adulto,
mas ungido con la blanca inocencia del infante.

Su alma implorante se asoma en llanto baldo por sus ojos;
en sus pupilas errantes se avista la muerte que ronda, acechante;
y el mundo devuelve su mirar con ojos vergonzantes,
mas sigue incesante su carrera por dominar el espacio sideral
con sus astros y estrellas fugaces

El nio de estambre perdi su estrella nada ms ser alumbrado al mundo,
se convirti en fuego fatuo que presagiaba una muerte certera,
pues su endeble tallo se ve arrastrado a la yerma tierra
en donde habita su hambre y su miseria;
su vientre de arena se balancea tirante sobre sus endebles piernas,
y su piel se cuartea bajo un sol de injusticia.

El nio de estambre no entiende de huelgas ni de protestas,
ni siquiera sabe maldecir el mundo que lo destierra;
slo nos mira con un gran interrogante dibujado en sus ojos,
pregunta y espera respuesta a la sinrazn que lo rodea:
por qu el abandono, la crueldad, la locura, la inconsciencia

El nio de estambre necesita pan para su hoy,
trabajo para su maana,
paz y amor para su camino.

Que no sea condenado de antemano.
Una esperanza de vida.
Una mano que le sea tendida.
Es de justicia, no un regalo.
Es de humanos.



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EL HUERTO DE LAS FRESAS MGICAS


(HARMUNAH)






Erase una vez que se era, tres amigos que vivan en un pequeo pueblecito, que quizs era una aldea, rodeada de altos y verdes montes. Los tres nios, dos pequeas que se llamaban Sara y Gabriela, y un pequeo cuyo nombre era Jeremy, siempre lo pasaban muy bien jugando y haciendo travesuras. De alguna manera, los mayores nunca los pillaban, puesto que Sara, la lder indiscutible del grupo, los sacaba de los los en los que ella misma los haba metido.


Cierto da, unos nuevos vecinos se instalaron en el pueblo. Eran dos ancianitos con cara de malas pulgas. Siempre estaban solos y nunca hablaban con nadie. De la noche a la maana, vallaron su inmenso jardn, y con igual rapidez apareci tras aquella valla toda una plantacin de fresas, maduras, jugosas... eran las fresas con mejor pinta que los nios haban visto en sus vidas. Como la otra gente del pueblo, fueron a pedirles a los dueos unas cuentas, pero ellos los echaron de all con el mal carcter que les caracterizaba. Enfadada, Sara traz un malvado plan. Se volvi hacia sus amigos, y por el brillo en su mirada, ellos descubrieron lo que quera hacer antes de que lo dijera.


-Si esos viejos no nos dan las fresas...-dijo, frotndose las manos. Gabri y Jeremy suspiraron, pues saban lo que vendra a continuacin: -Nosotros las cogeremos.


Y como no, a la lder del grupo siempre se le haca caso. Despus de todo sera una gran aventura para ellos.
Y as lo hicieron. Aquella tarde, vigilando que los viejecitos estuviesen dentro de la casa, los nios saltaron con cuidado la valla, y se colaron dentro del huerto. Apenas vieron las fresas, y cuando por fin las probaron, supieron que nadie haba probado tampoco unas fresas tan deliciosas. Los nios se dieron un empachn, felicitando a Sara por su gran plan. Pero pronto se daran cuenta de que haba sido una de las peores ideas de la nia. Porque de repente, las fresas comenzaron a parecerles mucho ms grandes... no; gigantescas, cada vez ms y ms gigantescas. Hasta que se percataron de que no solo las fresas eran enormes. Todo a su alrededor se haba vuelto descomunal. Un poco desconcertados, los nios se miraron entre s... y entonces soltaron chillidos de espanto. Y digo chillidos, puesto que no poda llamrseles de otra forma a aquellos pequeos grititos dignos de un ratn. Porque nuestros amigos, efectivamente, se haban transformado en ratoncitos.


Asustados, se sealaron entre ellos.


-Sois ratones!- gritaron al unsono con voces chillonas. -Vosotros tambin!Que?- entonces se miraron las barriguitas, las manitas , los pies... y la cola! S! Los tres eran ratones.


- Pero qu ha pasado?- chill Gabriela, que era muy asustadiza.


Jeremy carraspe antes de contestar, con aire distinguido, mientras se colocaba bien las diminutas gafas sobre la ratonil nariz.


-Creo que nuestra querida Sara nos ha metido en un lo... otra vez!- la mir, furioso, mientras la nia, o mejor dicho, la ratoncita, retroceda tratando de excusarse.


-Yo? Pero si yo no he hecho nada!- se defendi.


-Piensa un poco con la cabeza, Sara!- prosigui Jeremy, tirndose del pelo gris.- Por qu crees que somos ratones?


Sara se rasc la cabeza, pensativa.


- No lo s...


-Por las fresas! Nos hemos convertido en ratones al comer las fresas.


-Tengo miedo!- Gabriela no quiso saber ms y se ech a llorar con pequeos hipidos de ratn.
Sara la abraz consolndola.


-Bueno, bueno. Reconozco que os he metido en un lo.


-Como siempre aclar Jeremy, cruzando los brazos.


-Y como siempre... os sacar de l- se anim la nia mientras coga a su amiga de la mano y se pona en marcha.-Vaymonos, a por la libertad!


-Ejem, ejem- carraspe Jeremy. Las dos nias... digo ratoncitas, se pararon y lo miraron.


- Sara, es por all.


- Uy- Sara dio media vuelta, y los tres se encaminaron huerto abajo.


Con su tamao, tardaron mucho en atravesar el huerto de las fresas. Pronto se dieron cuenta de que no llegaran a la casa antes del anochecer, y como indic Jeremy, en la noche salan los bhos... que coman ratones. As que los nios... digo, los ratoncitos, se apresuraron todo lo que pudieron, hasta que oyeron un ruido que se repeta. La tierra comenz a temblar. Pof, pof, pof.


-A esconderse!- grit Gabriela, y por una vez todos le hicieron caso y se refugiaron bajo la hoja de una lechuga. Entonces vieron al viejo, que suba al huerto, quiz a comprobar cmo iban las fresas. Nuestros amigos permanecieron escondidos y en silencio. Hasta que vieron bajar de nuevo al anciano, y a Sara se le ocurri una idea.


-Cuando yo os diga, saltaremos al pentaln del viejo- dijo. Sus amigos asintieron.- A la de tres... tres!- dieron un enorme salto (para considerarse un salto de ratn), y aterrizaron en la pernera del pantaln. El hombre no se dio ni cuenta, y sigui caminando hacia su casa... llevando a los nios... digo, ratoncitos, con l.


Los ratoncitos bajaron de su improvisado transporte al llegar a la puerta de la casa, pues el viejo se diriga al garaje y ellos queran ir dentro. Pero tambin all se encontraron con otro imprevisto. Un enorme gato negro haca de guardin en la entrada, y como todos saben, los gatos comen ratones...


Los tres amigos esperaron mucho rato a que el gran gato se marchase, pero el animal permaneci dormido en la puerta. Estaba a punto de hacerse de noche, por lo que no estaran seguros ni siquiera fuera, as que Sara ide otro plan.


-Cuando o os diga, chillad muy fuerte. A la de tres... tres! Iiiiiiii iiiiiii iiiiiiii!- chillaron todos. Entonces el gato se despert, y localiz a los ratoncitos. Se relami, y se abalanz sobre ellos... cuando la vieja se atraves en su camino, tropez con l y cay de bruces cuan larga era.


- Ahora, corred!- el grupo pas por encima de la seora y se col dentro de la casa, donde se escondieron en la habitacin, siguiendo otra idea de la traviesa Sara, y esperaron hasta la noche. Los viejos fueron a acostarse, y pronto se escucharon sus hondos ronquidos. Los nios aguantaron las risas y treparon por la cama hasta subirse a la cara del hombre. Sara ensay su mejor voz de conciencia y susurr al odo del viejo:


-Soy tu concienciaaaaaaa... dijo, con voz tenebrosa. Sus amigos casi no pudieron evitar partirse de la risa. El viejo rezong algo.- Has hecho algo muy malo, muy, muy malooo- continu Sara.


-Mal... malo- murmur el viejo en sueos.


-S... malo, malo. Tres nios han sido convertidos en ratones por culpa de vuestras fresas...


-Fresas... las fresas mgicas.


- Fresas mgicas? Pregunt Jeremy.


-Chiiiist- indic Gabriela, haciendo seas a Sara para que continuase recabando informacin.


- S, las fresas mgicas de tu huerto... y ahora esos nios estarn asustados y perdidos, convertidos en ratones... la cura... tienes que darles la cura.


- La cura...


-S, la cura, la cura, lees!- Sara salt sobre la cara del hombre, enfadada, e hizo que l se moviera de repente, por lo que los tres cayeron sobre el colchn.


-Bien hecho, Sara- protest Jeremy. Ahora tendremos que subir de nuevo.


- La cura, las cebollas!-grit el viejo, levantndose de sopetn. Los ratones se escondieron bajo las sbanas.


-Las cebollas son la cura?-pregunt Jeremy.


--Puaj, se asquearon las dos chicas.


-Mara, Mara- el hombre agit a su mujer, hasta despertarla.- Date prisa, vstete, tres nios han sido convertidos en ratones... te dije que no era buena idea plantar esas fresas del demonio... deprisa, hay que encontrarlos y hacer que coman cebolla antes de que algn buho se los coma a ellos.

- Ests loco, Julin...- espet la mujer, y volvi a acostarse. Pero su marido no hizo caso, se visti corriendo y abandon la habitacin. Los ratoncitos lo siguieron corriendo, sin saber donde guardaran las cebollas. Lo vieron cogerlas de una alacena que con las prisas dej medio abierta, y tras ver que se marchaba, los nios entraron en la alacena y sacaron, entre los tres, una enorme cebolla. La rodearon, mirndola concierto asco.


-Si le hubisemos hecho caso a nuestros padres cuando nos mandaron comer verduras ahora no odiaramos la cebolla- declar Jeremy.


-Bah, esta es causa de una necesidad mayor- proclam Sara. -Bien quien hace los honores?- Al ver que nadie se ofreca voluntario, Sara suspir y se acerc a la cebolla. A mordiscos, le quit la piel, y por fin mordi un gran pedazo, dada su boca de ratn. Mastic, casi llorando con el sabor cido, y trag con desgana. Sus amigos la imitaron Apenas haban terminado de tragar cuando los cambios hicieron efecto. Comenzaron a crecer y a perder el pelo gris de ratn... y pronto fueron otra vez humanos. Fuera de s de alegra, se abrazaron y rieron de felicidad.


- Bieeen! gritaron. Hasta que vieron encenderse la luz en la habitacin de los viejos.


- Quin anda ah?


-Vmonos los nios, esta vez s nios, salieron corriendo de la casa y regresaron a las suyas, despidindose mientras corran por los caminos. Esta vez, ni siquiera el ingenio de Sara pudo librarlos de la bronca que les esperaba por llegar tan tarde a casa.


Al da siguiente, los tres nios volvieron a reunirse, claro, los tres en la casa de Gabriela, porque estaban castigados. Pero Sara sonrea, y sac del bolsillo un puado de fresas... y una cebolla mordisqueada.


Sus dos amigos la miraron casi con horror.


-No estars pensando... dijeron a la vez.


-Son de mentira, bobos!- estall Sara en risas, pero les guio un ojo. -Preparados para otra aventura ratonil?


-Siiiiiiiiiiiiiiiiii! Gritaron los tres.


Menos mal, que esta aventura ratonil, sera solo un juego.



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DULCES SUEOS


(ABYSSOS)






Inocencia perdida por tanto llorar
Maldad corrupta de sus pies descalzos
Insensibles de tanto caminar por nada
Noches en cartones sus dolores penan


(Romina Cavero)





Eran casi las 3 de la madrugada cuando arrib al puerto de Matadi. Desembarqu tomando apenas conciencia de mis actos Aun demasiado adormilado, debido en parte al brusco cambio de horario pero ms que nada al efecto del antigripal que haba tomado horas antes. Con una pesada maleta en mi mano derecha y mi laptop en la otra, me encamin hacia un jeep de color amarillo opaco en el cual se encontraban los hombres que habran de llevarme a mi destino, justo en el corazn de Kinshasa, a unos 360 kilmetros de donde me encontraba, esto claro, despus de descansar un poco en el hotel en el que la reservacin haba sido hecha haca ya semanas.

Nos movimos en aquel jeep hasta adentrarnos por algunas callezuelas vacasbastante obvio en aquellas horas y en aquellos suburbios no obstante, algunas gentes nos salan al paso repentinamente y se nos quedaban mirando con curiosidad; sus ojos blancos resaltaban muy por encima de su piel oscura, fundida casi con la oscuridad que se encontraba posada toda sobre la ciudad. Despus de algunos minutos llegamos al lugar donde me hospedara, bastante distinto a lo que hasta ese momento haba visto en cuanto a edificaciones se refera Por la fachada, auguraba agua caliente, luz elctrica y quiz hasta conexin a Internet. Uno de los dos hombres que me guiaban baj del jeep al tiempo que yo tambin lo hice, entonces mediante una seal con la cabeza me indic que le siguiera ste se adentr sin reserva en el edificio y yo detrs de l, solo intentaba despertarme enteramente de una vez por todas. Fuimos recibidos para mi sorpresa por un hombre de piel blanca, vestido de traje y corbata, fumndose un cigarro que aromatizaba espesamente la pequea estancia.

Bienvenue! exclam y me extendi su mano.

Que tal salude cortamente con una ligera sonrisa durante el apretn de manos que oficialmente me daba el recibimiento a La Republica Democrtica del Congo.



I



Tras una breve charla con el dueo de aquel modesto hotel, fui a la habitacin que me haban encomendado e intent ordenar mis ideas por un instante recostado sobre aquella incomoda cama. Me levant sbitamente y abr la maleta Todo estaba en orden. Tom una memoria virgen y la instal en mi cmara fotogrfica, luego me coloqu en una ventana que daba hacia una barriada sobre las colinas prximas e intent enfocar el lente en algunas luces que podan distinguirse entre el casero. Deba descansar un poco puesto que sera un da muy largo.

Estando dormido escuch ruidos que me regresaron molestamente a la vigilia, esper un segundo a intentar adivinar que habra sido, mas pareca que nuevamente todo se haba quedado en silencio, as que volv a cerrar los ojos otra vez cuando de pronto o un quejido; sin duda el lamentar de una mujer en una habitacin contigua. Extraado, me sent al borde de la cama sin los nimos suficientes como para ponerme totalmente de pie y, aletargado, esper a escuchar algo ms. Todo indicaba que el destino y aquellas gentes al lado de mi habitacin, mientras yo intentaba descansar, no me dejaran ms que dormitar de vez en cuando, pero el problema real surgi cuando aquellos lamentos se convirtieron en gritos desesperados y angustiosos que bien supuse podan escucharse en todo el lugar. Decid salir de mi habitacin y dirigirme hacia el recibidor, ah me encontr con aquel hombre que me haba dado la bienvenida tan cordialmente, mismo al que pregunt sobre el alboroto.

Han llegado militares dijo y trajeron con ellos algunas golfillas Ocurre todo el tiempo y no podemos hacer nada ms que recibirles y atenderles. Espero que pueda perdonar las molestias. Puedo cambiarle de habitacin si as lo desea

La explicacin fue concreta y no supe ni siquiera que responder. Mir mi reloj y ya faltaba poco para la hora en la que tena pensado comenzar a trabajar, inclusive ya la poca luz del amanecer se haba llevado con su llegada, a la oscuridad total Entonces dicindome a m mismo que no se trataba de unas vacaciones, simplemente regres a la habitacin y sin otra cosa que hacer, comenc a prepararme, esto, ms temprano de lo que lo haba planeado. Sal unos veinte minutos despus y pregunt al dueo del hotel si podra realizar algunas fotografas del lugar, ste de forma muy amable me condujo por los pasillos del edificio. Fui haciendo varias tomas, algunas en las cuales l poso garbosamente a sabiendas de que su hotel y l mismo apareceran, quiz, en la revista para la que yo trabajaba. Cuando regresamos al recibidor nos encontramos con aquellos militares Se iban ya; unos iban con aquel inconfundible casco azul; otros con boinas y chalecos del mismo color; todos con aquella insignia de la ONU en comn Y entre ellos iban dos mujeres mejor dicho, dos nias. De aspecto sumamente humilde, visiblemente turbadas; sus rostros permanecan indiferentes como si estuviesen tallados en roca Y su mirada yaca oculta en algn tipo de impenetrable oscuridad.

Ped tomarles algunas fotografas despus de la tan afable presentacin que hizo el dueo del hotel, por m. Solo tres soldados se quedaron dentro, los dems salieron sin hacer caso alguno a mi peticin. Cuando se retiraron todos, los soldados y las dos nias, sal al prtico de la entrada y alcanc a hacer varias tomas ms, vindolos marcharse dentro de los vehculos que llevaban.

Hacia donde se dirigen? pregunt claramente molesto, con la mirada puesta a lo lejos, justo sobre aquellos militares.

Hay campamentos situados en varias locaciones respondi aquel hombre mientras encenda un cigarrillo Fuma usted?

No

Los hombres que acaban de irse pertenecen al regimiento acuartelado en Boma dijo y lanz una bocanada de humo Pero los hay en Kikwit, Bandundu, Kananga y sabr Dios en donde ms.

Es mi imaginacin o las mujeres que llevan con ellos son apenas unas nias?

Tendrn a lo mucho diez u once aos de edad Aqu usted mirara cosas que quiz le procuren algn malestar moral, tico y hasta racional o humano. No pretenda ser un hroe.



II


Desayun mientras tomaba algunas fotografas de Matadi, luego, en el mismo jeep que me haba trado al hotel, emprend mi traslado hasta Kinshasa. Fueron casi seis horas de viaje por una carretera en muy mal estado, durante el que me percat de la presencia militar en todos los alrededores. Desde sta ciudad entabl comunicacin telefnica con mi jefe, ya que yo prcticamente estaba preparando un informe para los compaeros que habran de llegar y hacer un documental. Como a m siempre me gusto trabajar solo, yo y mi cmara conseguamos adelantarnos a las locaciones en cada proyecto, adems sobre m recaa la responsabilidad de las fotografas centrales que llevara la publicacin de dicho documental en el formato de revista.

Este pas esta lleno de fuertes contrastes, tal y como lo sabas contaba a mi jefe por telfono A diferencia de la capital, algunas ciudades o poblaciones bien pudieran ser declaradas como zona de guerra o desastre aunque aun he visto muy poco Crees que podra visitar algunos campamentos militares?

La ONU no desea prensa ni medios de ningn tipo y lo sabes

Te limitaras entonces a obtener filmaciones y fotografas desde fuera de los acuartelamientos?... Si me permites una opinin de amigos; as jams llegaras a tener una gran asociacin.

Se lo que pretendes ambos nos quedamos en silencio por unos momentos Quiz pueda conseguirte algn acceso, pero sin muchos privilegios.

Ya en la boca del lobo hay que asomarse hasta las entraas

Pas todo el da en Kinshasa de un lado a otro, haciendo decenas de tomas desde distintos planos y lugares, igualmente de personas y monumentos Habr invertido cuatro o cinco horas de mi tiempo tan solo en todas las fotografas que tom a las orillas del ro Congo, movindome a travs del distrito de Lukunga, y es que a pesar de que odio las aguas profundas, stas tienen algo en si que me atrae. Al comenzar el anochecer regres nuevamente a encontrarme con mis guas, stos dos misteriosos hombres que desaparecan y volvan a aparecer de formas casi inexplicables, justo a la hora y en los lugares pactados; respondindome casi siempre a seas ya que mi francs no era de lo ms perfecto, y hablando escuetamente entre ellos en algn tipo de lengua bant. Preparndome para ir a descansar a un hotel, recib una llamada en la que se me informaba que debera viajar hasta Bunia, al noroeste del pas, para ello tendra que tomar un vuelo, por lo que me dirig inmediatamente al aeropuerto y busqu el ms prximo. Propuse a estos hombres el acompaarme en mi viaje igualmente en calidad de guas, pero se negaron rotundamente al enterarse hacia donde me diriga, a pesar de ofrecerles obviamente un pago extra As que me aventur solo en este nuevo traslado.



III


Bunia se vio asolada por los enfrentamientos tribales entre etnias, lo que supuso que dichos conflictos fueran dejando infinidad de muertes y con ello tambin la intervencin y afluencia del ejrcito de paz a sta y otras zonas del pas. Literalmente de fotgrafo de revista me convert en corresponsal de guerra en tan solo unas horas. La ltima comunicacin que pude establecer con el exterior fue precisamente al llegar al aeropuerto, que se encontraba bajo el mando militar de la ONU. Ah se me otorg un gafete de acceso temporal y me fueron confiscadas las cosas que llevaba; mi laptop, mi telfono celular, un par de cmaras digitales y varios accesorios como un tripi armable y diversos contenedores con rollos fotogrficos vrgenes adems memorias de almacenamiento digital. Me dejaron llevar solo la cmara anloga que traa colgada al cuello en ese instante. El resto del equipo segn me dijeronpodra reclamarlo una vez que regresara al aeropuerto para salir en un vuelo que me llevara a Kinshasa, ya que contaba con veinticuatro horas para ir y echar un vistazo luego sin ms remedio debera de volver all.

Pasara de la media noche cuando me encontraba caminando por entre las barracas de las que emergan soldados que fotografe en cada oportunidad que se me present... Cuando por cualquier razn uno o ms de ellos me mostraban algn gesto de discordia; rpidamente me escudaba tras el gafete de permiso, como si este fuera algn tipo de seguro de vida, pues las mal llamadas fuerzas de paz, pareca que en vez de mantener un ambiente de sanidad y cordialidad, hacan de aquello un lugar todava ms terrible. En mi recorrido tuve la suerte por decirlo de alguna forma de entablar una lacnica conversacin con una jovencita que resida ah, y fue precisamente de su propia voz la de aquella nia que acababa de cumplir los doce aos de edad Que supe de las vejaciones a las que ella y muchas personas ms, eran expuestas cada da. Ella y su hermana de tan solo ocho aos, haban sido trasladadas durante uno de los enfrentamientos entre etnias al refugio establecido en Bunia por la ONU, haca ya semanas, durante las cuales haban sido forzadas a mantener relaciones sexuales con los militares, a cambio de comida. En los primeros das haba sido solo ella la que era sometida a esto, pero despus tambin su hermana lo fue Y ello se repeta cada noche. Era el mejor de los pocos mtodos que haba para poder subsistir dentro de aquella pesadilla. Me confes al final algo breve pero quiz ms perturbador aun

Soaba con salir de mi aldea

Entiendo por los brutales enfrentamientos entre milicianos

Ella enmudeci por un momento y algn atisbo de horror infinito qued manifestado en su mirada puesta sobre el suelo polvoriento; ah donde sus dulces sueos quedaban sepultados bajo la vileza a la que haba sido sometida.

Sali de su pueblo esperando encontrar un poco de esperanza, sin embargo se haba encontrado con la cruda realidad de que afuera no era muy distinto. Habiendo sido violada por su propio to y por varios milicianos llegados al lugar donde viva, tom a su hermana y busc ayuda en los militares azulados que generosamente la llevaron hasta el refugio en Bunia Despus se dio cuenta de que detrs de sus gestos de amabilidad y supuesta proteccin haba otras intenciones.

Mientras terminbamos de hablar, varios soldados se presentaron La noche es joven mencion uno, en un francs poco ortodoxo, peor que el mo Luego pas lo inevitable; todo mientras que en mi cabeza se repetan las palabras de aquel hombre No pretenda ser un hroe.



IV



No pude recordar la hora ni como fue que llegu al aeropuerto, me despert dentro de una oficina en una camilla puesta en el suelo, con manchas de sangre seca sobre mi ropa y mi rostro. Fui golpeado al intervenir cuando llegaron a por aquella nia Parece que lo nico que logr fue que me sacaran de all antes de tiempo. La cmara penda aun de mi cuello y, aunque destrozada; guardaba dentro de si aquel rollo fotogrfico en el que deban haber quedado registradas las ltimas tomas que hice al interior del campamento. Sin algo ms que poder hacer, regres a Kinshasa en pocas horas.

Con el testimonio y el material fotogrfico; y aun con todas las trabas que comenzaron a surgir a nivel burocrtico, logr convencer a mi jefe y a la redaccin de enfocarnos en el tema que socavaba clandestinamente el conflicto, pues ms all del enfrentamiento de etnias y el aparente arropo brindado a los refugiados por parte de las fuerzas controladas por la Organizacin de las Naciones Unidas, se hallaba algo que sobresala de los parmetros que el mundo conceba de todo eso, obviamente y como siempre ha sucedido; el encubrimiento de hechos perjudiciales para mantener cierta imagen ante la sociedad La manipulacin de la informacin para beneficio propio, era precisamente lo que mantena el verdadero problema, as que mientras por televisin, radio, Internet y medios impresos, se nos ofreca toda una gama de caractersticas que definan claramente otra guerra ms otra simple guerra ms, librada con armas e ideales religiosos o polticos, era en realidad una batalla en la que estaba en juego, como siempre valga la redundancia, algo ms que el ambicionado poder y soberbia del hombre El arrebato de la inocencia y con ello de la vida misma.


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JOHNNY COGI SU FUSIL


(VOLTERETA)








Jugaba Johnny una maana
con su alma y sus deseos,
once aos de negro bano,
con profundos ojos tiernos.

Sus juegos y sus andanzas
truncadas en la selva se vieron,
cuando unos oscuros presagios
a la fuerza lo llevaron con ellos.

Vagaba cual alma en pena
por senderos de matanza,
el nio y sus primaveras,
otoos maduros, plenos.

Cargaba el pesado fusil
de un negro compaero,
cuatro aos le sacaba,
por eso fue su maestro.

Soaba con ser matador,
con disparar su metralla,
mientras el otro silbaba
canciones por el sendero.

Silbaban balas, que segaban
vidas, amores y sueos,
al tiempo que consuman
de su alma todo lo bueno.

Rea cuando jugaba
a matar al enemigo,
en ese juego de guerra
donde apretaba el gatillo.

Consuma coca y caballo,
para poder feliz cabalgar,
por las oscuras sombras,
de un paisaje singular.

Olor a muerte y a sangre,
visin macabra sin par,
parajes que por lo comn,
se vuelven a transitar.

Has vivido ya mil guerras,
en mil batallas venciste,
pero imberbe tu eras
cuando la mina no viste.

Un estallido inhumano
avis de la explosin,
dejando tu cuerpo roto,
en macabra exposicin.
.

Despojos de nio fiero,
desparramada piltrafa,
grandes ojos implorantes,
otra vez de chaval fueron.

Han pasado ya los aos
anclada tu mirada a un cuerpo,
con el tiempo todo se cura
pero sigue doliendo por dentro.

Ahora eres sombra de joven
oculta entre cicatrices,
pues te perdiste en la noche
y en sus oscuros matices.

Se llev el diablo tu infancia
por despojos cambi tu cuerpo
ahora solo queda su esencia
anclada a tu sufrimiento..

Sosinfancia21 de noviembre de 2009

4 Comentarios

  • Sosinfancia

    Sólo puedo dar las gracias a todos y cada uno de estos seis participantes por su inestimable ayuda y por la calidad demostrada en sus textos. Calidad que no sólo refleja buenos autores, sino que nos dice más de ellos y nos deja el buen sabor en la boca de saber que estamos ante expléndidas personas.

    Gracias a todos, es para mi un inmenso honor poder presentar hoy todas estas obras que aplaudo, sin duda, con todo el entusiasmo que merecen

    Un beso, Alumine, Avelibre, Danae, Harmunah, Abyssos y mi querido compañero de proyecto, Voltereta.

    Mañana dejaré seis textos de otros tantos autores de Libro de Arena, entre los que figurará también, mi texto.

    Un saludo muy cordial a todos

    AMELIA (ENLABASÍLICA)

    21/11/09 02:11

  • Enlabaslica

    Comprendo que es un post muy largo y que su lectura, sólo por ese motivo, puede resultar algo más compleja, pero... animaros a leerlo, os aseguro que vale la pena

    Iba a colgar la siguiente entrega con otros seis textos, pero casi prefiero esperar a mañana por si os animáis a comentar los ya expuestos.

    Un saludo a todos

    ENLABASILICA

    22/11/09 03:11

  • Voltereta

    Quiero dar mi más sincera enhorabuena a todo aquel que se ha comprometido con el proyecto, así como a todo aquel que lo vaya a hacer en el futuro, creo que la defensa de los débiles no es una cosa que haya que tratar a la ligera, es más, creo que es algo en lo que deberíamos de involucrarnos todos, pues la debilidad es algo innato al ser humano y más todavía en sus primeros estadios de vida.

    Quiero agradecer sinceramente a todos los escritores por mandarnos sus textos de manera altruista y desinteresada, y a todos esos que sin duda se, que a partir de hoy nos los van a mandar como colaboración.

    Espero vuestros comentarios como apoyo a estos escritores comprometidos, que sin duda se lo merecen.

    Un saludo.

    22/11/09 04:11

  • Abyssos

    Un placer el intentar poner un grano de arena como ayuda en esta causa y/o proyecto. Hay mucho por decir y mucho más que hacer. Que otra cosa podria decir.

    Un abrazo y mis felicitaciones a todos y cada uno.

    27/11/09 05:11

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