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Un Regalo


Donde la dulzura y el amor se encuentran, vinieron a aparecer unos ojos. Unos ojos que pertenecerían a un rostro del que jamás nadie querría escapar. Sus gestos, así como el aire, no corrompían nunca la armonía del lugar, ni cuando su risa rompió el silencio del que vine a aparecer, pude sentir una sola nota que desentonase con el ambiente.
Habla y la música del bar se ajusta al volumen de su voz, los murmullos ajenos intentan mezclarse con su voz. Aunque muera de sed bebe tranquila, pues la cerveza de la fría jarra ansía pasar por sus desnudos labios.
Desnuda a cada alma con cada mirada, desnuda a cada cuerpo con cada gesto, desnuda parece Afrodita, desnudo todas las flores me pisotean.
Aún después de atravesarme los mismos cuchillos que a un Cesar, tragar el agua marina que han tragado todos los ahogados, pasar por la misma guillotina que todos los nobles franceses, o no conocer la justicia como no la conoció ningún dictador español, aún después, me alzaría si sus titiriteros dedos así lo quisieran.
Se dice que aún cuenta el mar a la Luna la historia de la hija del viento, que sus pasos no tocaban el suelo, que su pelo bailaba con el aire, que su mirada cruzaba fronteras y su voz llenaba los corazones. A mí no me lo ha contado el mar después de todo, a mí me cogiste de la mano y mis pies dejaron de tocar el suelo.


TrasdelvientoPublicado el 27 de octubre de 2016
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