¿nuestro Adiós O tu Adiós?

Publicado por Tsuki-ga-kirei el 07 de septiembre de 2017.
Tal vez hoy sea el último día que escribo, tal vez hoy sea ese día en el que, a las 5 de la madrugada, decida despedirme se ti... Y digo, de alguna forma, porque seguiré hundiendo esto que siento en mi interior, nunca lo dejaré marchar, nunca te dejaré salir de mi corazón.
Te echo de menos, echo de menos que me cojas de la mano, echo de menos apoyarme en ti, echo de menos tu forma de agarrarme de la cintura cuando me besabas y, sobre todo, echo de menos tu manera de mirarme cuando estábamos a solas. Esos ojos tuyos que siempre supieron hechizarme, esos ojos a los que me enganché como si fueran una droga y para sentirme mejor buscaba tu mirada como si fuera mi metadona.
Extraño el sentir tu calor sobre mi cuerpo y cada vez que tengo este sentimiento vuelvo en mi mente a ese acantilado, recordando tus palabras, tus gestos, tus roces, tus besos, esos que nos dimos y los que no porque así lo decidiste tú, y ambos dejamos de lado lo que yo sentía y lo que pensaba. Tú por tomar esta decisión egoistamente sin tener en cuenta si yo estaba de acuerdo o no y yo por no luchar, por no impedir que dejaras de quererme, por haber dejado que te olvidaras de mi, pero... ¿realmente tengo el derecho de opinar? ¿tengo el derecho de seguir queriendote aun cuando tu no me quieres a mí? ¿de verdad tengo derecho a seguir con esta amistad que solamente mantengo porque te quiero a mí lado? Mira quien resulta ser al final la egoísta... YO. Mire por donde lo mire, cambiando a cualquier otra situación, a otro final, siempre me veo como la mala, como una persona que no para de acosarte, obligandote a quererme...
Ya te lo dije, es hora de que me despida, de dejar que te marches, al menos de mis palabras escritas, liberarte aunque sea a cambio de mi esclavitud, porque es así, te quiero. Desde el 26 de agosto creí que te había empezado a odiar, por eso no te escribí, pero resultó ser todo lo contrario, te estoy llegando a querer tanto que me asusta, que incluso el dolor que me dejas tras nuestras peleas de karatekas provoca mi sonrisa al pensar que me tocaste para llegar a hacerlo. He llegado a un punto enfermizo, pero si esa es la única manera de que nos podamos tocar, espero pelearme contigo una y mil veces más.
Te quiero y lo seguiré diciendo, en silencio, esas dos palabras, esas 8 letras, seguirán teniendo sentido para mí, por siempre y para siempre.
Adiós meñique, te veo ahora justo donde lo dejamos ayer, en ese beso que tuvo lugar en mis sueños...

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