Esperándote.

Día a día soportando las desgarradoras ganas de irte a buscar. Las entrañas se me quemaban de ansiedad y la sien me explotaba cada ves que te veía.

El dolor es así mi amor, te agota las energías y las ganas de seguir, saca lo mejor de vos y lo tira a la basura. Te convierte en algo que no sos, que no querés ser y te convertis. Cambias. Temporalmente.
O.
Eternamente.

Y así estoy hoy. Tragando el nudo de la garganta, levantando la cabeza y suspirando, intentando respirar... Pero ya nadie respiraba después de morir.
Y acá estaba yo, buscándote en los libros que ya te escribí y te leí.
¿Para qué?
Si ya no hay.

Era tan ilusa al pensar que volverías.
Era tan ilusa saber que no volverías.
Y acá estaba yo de nuevo, corriendo a tu encuentro, a ese puerto que ya no estaba. Ese encuentro desapareció en cuanto me abandonaste. Y es así amor, esperarte delante de la nada y creer que volverías, en barco, en avión y bajo el agua.
Si acá estaba yo, todavía sentada detrás del olvido, sentada esperándote.
Esperándote.

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