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Eiengemu - Explosión de Oscuridad (capítulo 6)

Teki Motsu era uno de los pocos jugadores de Eiengemu que tenía un perfil aparte del suyo, el de su caballo, formado por los datos que recopila el ningen de su información personal. Era una pequeña ventaja que mucha gente odiaba en combate, ya que creían que era injusto. A Satsu le era indiferente, sabía que no todo dependía de tu perfil, sino también de cómo manejarlo, y a ese caballo ya lo había derrotado anteriormente... Aunque sin los seis esbirros de Teki que ahora le rodeaban. No se asustó, conocía las reglas de Eiengemu al pie de la letra y sabía que no estaba obligado a luchar contra ellos.

- Abandonar combate.- Dijo en voz baja, pero no sucedió nada después de eso. Satsu se quedó perplejo.
- No te servirá de nada.- Resonó la voz dentro de la armadura del jinete del caballo blanco. - Estás obligado a combatir contra nosotros, no tienes escapatoria, igual que tu amiguito acuático... - Sentenció Teki.
Todo le cuadró de golpe a Satsu, entre la ira de ver a su amigo malherido y la rabia que le daba tener a Teki delante, no se había planteado el por qué estaba sucediendo todo eso y como era posible.
- Así es como has derrotado a Najimi... ¿Cómo es posible? ¿Qué es lo que has hecho?- Terminó gritando.
El jinete soltó una carcajada.
- ¿Yo? Yo no he hecho nada, mi ningen ha sido modificado por el virus, lo que me permite obligar a los demás usuarios a combatir, además de... matarlos tanto aquí dentro, como fuera.- Dijo Teki entre risas.
- ¡Eso no es posible! ¡Eiengemu lo inventaron mis padres hace muchos años y es imposible modificarlo, está todo configurado en la base de datos de RaKa Corporation!
- Estás equivocado, incrédulo, los códigos que inventaron tus padres no son inmunes a modificaciones, el doctor Waru ha conseguido cambiarlos y me ha ofrecido esta increíble habilidad.- Dijo Teki sin dejar de reírse de forma casi paranoica. - ¡Ahora acabad con él, vamos!

El hombre que tenía piel de árbol y hojas por pelo hundió las manos en el suelo infinito de Eiengemu e hizo brotar raíces que se dirigían a toda velocidad hacia el samurai, a la vez que el hombre con ojos y boca arácnidos y varios brazos saltó y empezó a lanzar telas de araña. Satsu activó el fuego negro de sus brazos y en apenas un par de segundos estaba desde los hombros hasta la punta de la katana en llamas.

- Oh, vaya, Kinzoku Obscura otra vez, tengo malos recuerdos de esa técnica.- Dijo Teki

El samurai, sin moverse de su sitio, lanzó un corte vertical al aire que había entre medio de las telarañas que se acercaban por arriba y él. Por donde pasaba el filo del sable brotaba un aura oscura y de tonos morados que tan solo terminar el corte salió disparada, destrozando las telas de araña a su paso y embistiendo al hombre araña que seguía en el aire, haciéndolo caer, malherido en el pecho. Satsu había conseguido derribar a uno con facilidad juntando el aura de Kinzoku Obscura y un golpe de Umbra Flare, la técnica de nivel bajo que suele usar su hermano pequeño. Sin perder ni un segundo, giró hacia su derecha y clavó el sable en el suelo.
- ¡Tenebris Clypeus!- Gritó, y una pequeña cortina negra casi opaca apareció enfrente de él, donde las raíces que ya estaban a punto de alcanzar su posición, chocaron y se hicieron astillas.

- ¡Inútiles, id todos a por él, así no conseguiremos nada!- Gritó Teki desesperado al ver que no llegaban a impactarle.
Algunos se miraron entre ellos dubitativos, mientras que el hombre peludo cargó contra el samurai, desenvainando una espada con la forma de una cimitarra pero con la hoja bastante más gruesa. Era muy rápido, cuando Satsu se fijó, el hombre peludo tenía rasgos en la cara de león y unas patas felinas, era tan rápido que el samurai no pudo atacar antes de que llegara a su posición y no pudo hacer nada más que bloquear la cimitarra con la katana. El rostro felino le rugía a unos cuantos centímetros de su cara mientras hacía fuerza contra él, pero sin darse cuenta, el payaso, que había perdido de vista por unos momentos, saltó desde detrás del león, dando vueltas sobre sí mismo a unos dos metros encima del choque de espadas y lanzando unos pequeños puñales a la espalda de Satsu. Cuando Satsu se dió cuenta era demasiado tarde, dos de los puñales se clavan en su espalda haciéndole sentir un fuerte dolor que jamás había notado en Eiengemu. El hombre león saltó hacia atrás, con una sonrisa que dejaba ver todos los dientes afilados de su boca, el samurai cayó de rodillas, gimiendo de dolor mientras el payaso hizo unos movimientos burlones y se reía a espaldas del samurai. El resto de enemigos comenzó a preparase para luchar mientras el cuerpo de Satsu, de rodillas en medio del parque, comenzó a sangrar por la espalda dentro de su escudo protector.


Raion y Akari llamaron a emergencias para que un aeroplano de auxilio fuera a recoger a Najimi. En Kinzoku se usaban pequeños aeroplanos que no podían volar a mucha altura como medio de transporte para emergencias o eventos, estos aeroplanos se les denominaba como “Emerplane”, como diminutivo de su nombre y tenían sus propias vías aéreas para desplazarse, que no eran más que unos tubos para impedir accidentes contra edificios u otros transportes aéreos. Un emerplane recogió a Najimi y Akari.
- ¿Papá, no vienes con nosotros?- Preguntó Akari aún nerviosa por lo sucedido y preocupada por su hermano mayor.
- No hija, voy a buscar a Satsu. Najimi me ha dicho que se dirigía a Attoras Park, no quiero que también salga malherido.- Dijo Raion seriamente, mientras sacaba las llaves de la moto a propulsión que guardaba en el garaje, no era muy rápida, pero mejor que ir a pie. Akari asintió con la cabeza mientras subía al emerplane y veía a su padre coger la moto y bajar la calle montado en ella.

Raion sacó un artilugio alargado y circular que miró durante unos segundos mientras conducía.
- Es hora de que Satsu sepa la verdad sobre ti...- Susurró



Satsu se incorporó, le dolía la espalda, pero no podía darse por vencido, estaba rodeado por cinco enemigos, ya que el chico medio araña había quedado fuera de combate y estaba tendido en el suelo al lado de Teki. El jinete se había quedado serio, contemplando el combate, en ese momento, Satsu se fijó en su mirada, llena de odio y rencor que brillaba con un misterioso reflejo rojo. No tuvo mucho más tiempo de fijarse en el jinete ya que el resto de luchadores se abalanzaron sobre él al unísono. El samurai cerró los ojos y suspiró, puso su katana vertical frente a él juntando los codos en su cintura y se concentró.
- No tengo más remedio, no podría derrotarlos a todos uno a uno...- Susurró para sí mismo a la vez que hacía cada vez más y más fuerza en el mango de su katana mientras brotaba una neblina oscura alrededor de su cuerpo. -¡¡Nigrum Interior Crepitus!!- Gritó a pleno pulmón, y una inmensa explosión proveniente del cuerpo del samurai hizo que los cinco enemigos que casi rodeaban a Satsu salieran despedidos. Teki solo pudo ver en la distancia como una enorme masa de humo negro envolvía a sus aliados y al samurai, perdidos en el interior de la explosión. Tras unos segundos de silencio, la niebla se dispersó como si un viento suave soplara en el mundo digital de Eiengemu, pudiendo distinguir a las cinco figuras tendidas en el suelo y el samurai entre ellas, de pie.

- ¡¿Qué ha sido esa técnica?! ¡No la había visto hasta ahora!- Exclamó Teki, ahora nervioso e impresionado.
- Es... una de mis habilidades más poderosas...- Susurró una voz dentro de la armadura de samurai.
Teki abrió los ojos sorprendido y asustado, pero Satsu en ese mismo instante, cayó de rodillas y puso una mano en el suelo para aguantarse. Teki se sorprendió aún más, sin llegar a entender que estaba pasando. El samurai se quitó el casco astado y lo tiró a su lado, tosiendo y escupiendo sangre, levantó la mirada y clavó su único ojo intacto en el jinete, ya que el otro lo mantenía cerrado y sangrando.
- Ahora... Te toca a ti... - Dijo Satsu desafiante, todavía recordando la imagen de Najimi tendido en el suelo. Teki Motsu se asustó, no pensaba que su odiado enemigo pudiera llegar a esos niveles de poder, pero se calmó al ver que el samurai empezó a toser más sangre y apenas podía levantarse. El jinete empezó a reírse a carcajadas.
- ¡Apenas puedes aguantar el peso de tu armadura, no mereces ser reconocido como luchador de Eiengemu!- Gritó desesperado y clavando su mirada en Satsu.

El joven se volvió a fijar en el extraño tono rojizo de los ojos del jinete justo antes de que diera la orden a su caballo y empezara a cargar contra él. Mientras tanto, el cuerpo real de Satsu sangraba por varios sitios y cada vez estaba más y más débil.
Viento21 de septiembre de 2015

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