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Huellas.

Era distinto cuando la noche acechaba nuestros sueños de juventud. Los ídolos de barro levantaban su lanza buscado el infinito en un universo hostil. Mis ojos componían sinfonías de colores en una selva inhóspita abierta al ajetreo de la propia extenuación.

Cuando el amanecer del amor tocaba a mi puerta, me escabullí en un subterfugio, nadando a contracorriente, perseguido por el monstruo de la soledad. Las bocanadas de respiración venían ausentes de oxígeno y plenas de espíritus juguetones, que querían hundirme en el fondo de ese océano indefinido de la incertidumbre.

Calamares gigantes flagelaban mis costados con sus húmedos tentáculos, intentando hacerme avanzar hacia la eternidad.

El horizonte se alejaba a medida que seguía el rumbo marcado por la luna de plata, que se alzaba en el bruno cielo impenetrable. Pareciera que el paisaje se burlara de mí, mientras braceaba en lo incierto de la espuma blanquecina.

Quién tuviera una balsa a la que aferrarse para descansar los huesos ateridos, perdidos en el azul de un mar inmenso, mientras la guadaña espera la llegada del náufrago.

Amanecí extenuado, en el acantilado de los sueños, en el inframundo de lo imaginario, perdido en mis propias incertidumbres. Animales alados gigantescos devoraban los pensamientos que veían por primera vez la luz. Me sentí un hombre sin patria en un mundo sin poesía, donde las utopías se esconden de quien las pudiera evocar.

Un políglota sordomudo, perdido en un universo sin palabras, buscando el atajo que lleva al infierno de la melancolía, donde los ladrones de ilusión, borran los vestigios de la creación y los convierten en silencio.

La dama gris de la nostalgia acompaña mi vigilia, en un duermevela ingrato plagado de plañideras enlutadas, enmascarando su sonrisa en lágrimas de cristal.

Mi memoria se aleja con la brisa, buscando un oasis perdido en el desierto, donde quizá algún día echará raíces o tal vez sus alas mueran, para ser amortajadas en la sequía de un mundo, atenazado por el sol y sus primitivos instintos, que nos llevan a la destrucción.

Las huellas del escritor van marcando paso a paso un sendero bucólico, en el que nada es lo que parece y lo que pudo llegar a ser, tal vez nunca aconteció.
Voltereta24 de noviembre de 2019
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prosa

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4 Comentarios

  • Creatividad

    Amigo mio, tu re;ato era como una pesadilla pero al contarla como poem como se te va el miedo& Esta frase me gusto mucho: "Las bocanadas de respiración venían ausentes de oxígeno"

    Saludos

    28/11/19 05:11

  • Creatividad

    Amigo mio, tu re;ato era como una pesadilla pero al contarla como poem como se te va el miedo& Esta frase me gusto mucho: "Las bocanadas de respiración venían ausentes de oxígeno"

    Saludos

    28/11/19 05:11

  • Clopezn

    Siempre quedan huellas que poder dejar. Cierto es que no sabes en qué caminos quedarán ni si habrá alguien a quien puedan interesar. De cualquier manera como decía Machado, andemos y no dejemos de hacer camino. Siempre habrá así atajos, que no sólo nos conducirán a esa pretérita nostalgia individual y atemporal que tanto recordamos, sino que también nos permitirá disfrutar de pequeños oasis de existencia, donde refugiarnos y descansar de la vida cotidiana.
    Un saludo cordial

    29/11/19 07:11

  • Regina

    Buena entrega, no le vi esta faceta antes Voltereta, y me gustó mucho.
    Saludos cordialisimos.

    29/11/19 09:11

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