TusTextos.com

Luna

Es extraño sentir que te he dejado un poco de lado. Es verdad que siempre hablo de ti, por eso te recuerdo. Pero hace bastante que no lo hago contigo. Mi querida compañera, no es que no te necesite, sigo extrañándote aquellas noches cuando las nubes no me dejan verte. Me entristece cuando te camuflas entre las sombras y yo, al lado de una lámpara, busco en el cielo la inspiración que solías darme. Vi en ti a aquellos que te negaron, aquellos que pusieron a tus espaldas tristeza y penumbra. Encontré paz bajo tu manto de estrellas, un momento del día donde me ayudabas a no sentirme tan solo. Donde, aunque fuera desde una gran distancia, alguien te soñaba. Hoy y con mucha pena te digo mi Luna, que la soledad que te rodea me consume en algunos días. En aquellas horas vacías supe escribir todo lo que no era capaz de decir, lo que temía sentir. Te quiero y odio por ello. Es una maldición, un veneno al que me has condenado. Hay tanto que callo, que a veces creo que las palabras intentan escapar por los poros de mi piel. Temo abrir la boca y decir lo que pienso. Suena cobarde y lo es.

Querido lucero de sueños perdidos, tú que viajas a la deriva entre un mar de nada, ¿es que acaso no te alegraría olvidarme? Sé que dirás, sé que lo negarás. Aunque en el fondo sabemos que aquello que nos une es la soledad y, si ella no existiese, tu y yo no ocuparían la misma linea en este texto. Esto es como los recuerdos, a veces te vienen a la memoria y maldices tu pasado, porque lo has perdido y es irreversible. Y, a pesar de todo, seguimos fustigándonos viendo fotos de amores pasados, no por casualidad sino deliberadamente. Señoría, la máxima condena para estos dos criminales, por convertir recuerdos en armas blancas. Porque nos las hemos clavado en la sien y no somos capaces de sacarnos la hoja, ni mucho menos de cicatrizar la herida.

Siento haber estado ausente estas noches, pero creía que ya no te necesitaba. Arrogante por mi parte, soy consciente. Pero te juro que por un momento creí haber rozado la felicidad plena, que todo ello seguiría estable. Pero la felicidad es como la lluvia en verano. La esperas con ansias y cuando llega enseguida se marcha. Luna, hoy te he buscado al oír que daban las doce y no he logrado encontrarte. Ojalá sigas desaparecida. Ojalá nunca vuelvas a verme. Será porque tu vera por fin tiene compañía.
WioPublicado el 06 de mayo de 2019
Archivado en luna noche soledad

Más de Wio