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Paseito Amargo


A donde me lleve el viento, salgo y mi sombra oculta tras las paredes va siguiéndome allá donde pisan mis pies. Soy yo conmigo misma, o quizás un poco menos que eso; pues he dejado parte de mi cuerpo en un sin-sentido, baile frenético de ideas poco claras y emociones in-distintas (afectivas, pero de las que de verdad afectan). Entonces, pesando menos mi alma pero no sintiéndose más ligera (las almas grandes y pequeñas, vacías, completas o incompletas puede que pesen lo mismo dependiendo de quién las cargue) mis zapatos llegaron dando tumbos al horizonte pavimentado.

He aquí, pienso; y sigo caminando. Ya oscurece y no es mi sombra la que me persigue, sino esa sensación de no saber cómo sentirse (seguro que la han sentido). Exactamente como cuando de niño tocaste caca y te regañaron durísimo, mientras tú pensabas… «bueno, ¡me lavo las manos y ya está! Lo siento, yo no sabía…, la caca se veía divertida», pero a tu mamá le pareció semejante barbaridad que terminaste por pensar… «toqué caca, dios mío ¿¡qué he hecho!? Castígame, soy malo mami, pero perdóname». Total, aprendiendo de nuevo de las situaciones de la vida y de cómo lo más sencillo y estúpido se exagera un abismo cuando tratan de hacerte aprender.

Vale, estoy mayorcita. Puedo aprender de mis errores sin necesidad de tanto drama. (Sigue el drama, más, más). Toqué caca mi amor, mátame por ello si tanta falta te hace.

Se mantiene el desgaste con el mismo frenetismo sobre mis suelas y otro tanto desgaste por la melancolía en mi mirada. Y adivinan que mi aura huele a disgusto, a florecilla mustia, a colores pardos. Y aprovéchanse de mi ingenuidad para preguntarme cómo llegar a un pueblo que está a más de 100 kilómetros e invitarme a cenar, me cantan desde la ventana, me acarician en el brazo al pasar, de esos elogios para que esos ojos tan bellos no estén tan tristes (menudos tres tigres). ¿Y qué? Adivinan la melancolía, disque buenas intenciones…, pero me han hecho sentir más sola, más tranquila dentro de mi intranquilidad, más muerta…, esa es la palabra.

Que si tú no me quieres, ¿quién va a quererme? Yo, por lo menos, no.
Xana30 de agosto de 2009
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