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El Paseo

El Paseo
Ayer vague por la avenida de la verdad.
Quise presentar a mis ojos un lugar diferente donde al pasar nadie queda indiferente.
En ella todo luce sin escaparates, se muestra ante nosotros como la noche resguarda a su hermano atrevido, el día.
Podría disfrazarse de parodia o simplemente callar su respuesta, llegar a ella por los portales sin número siempre cuesta.
Paré en el bar de la pasión allí la recordé, tan cobarde fui que sabiendo de sus lagrimas por miedo me aparte. Creyendo pasada su pena a su puerta tenté, al abrirse solo indiferencia encontré, tanta como yo por ella aporté.

Salgo de nuevo a la Avenida con mi derrota sostenida. Miro las firmes farolas que sigilosas asisten al paso de nuestra comedia, testigos impasibles de amores prohibidos, cafés compartidos y trenes perdidos. No queriendo perder detalle a la entrada del atardecer sus luces se encienden en busca de tanto duende que bajo la noche su amor esconde.
Al paso por la acera fingen mis ojos desagradable sorpresa, pues buscando salir de su pobreza observan gente revolviendo entre las sobras, mendigan en silencio dado que lo que les queda es su orgullo que el tiempo aun no ha robado.
Mis ojos están tristes tanta verdad les parece triste.
No aguantando su dolor les invito a pasar al portal de la esperanza, allí residen la ilusión puerta con puerta del tesón. En la planta de arriba su amiga la perseverancia, esta siempre tomando café con la paciencia. Nos despedimos con la promesa de nunca perderla.
Aquí no hay lugar para la interrogante, la derrota, esa promesa rota o el corazón vacilante.
A tirones con la duda me dispongo a entrar en el colmado de los sueños, allí nada se compra, en ellos no reside ningún dueño. De prestado los coges según lo acordado, en las estanterías los tienes todos ordenados, podrás hacerte con el que quieras tanto como tú lo quieras, de entre todos solo uno aquí nunca encontraras y este es lo imposible.
Me cuesta respirar ante tantas sombras sin amo, cansado me siento en el portal del fatigado, solo aquí se que no hay más prisa que dejar pasar la brisa. Entre esta vida de bullicio y tanta queja por vicio este cuerpo sentado hablo con el silencio que ahora tanto aprecio.
La tarde se despide nos dice al oído que guardara en el ayer todo lo hoy vivido.
Ya descansado me dispongo al regreso, pero ya de camino me topo con la Plaza del Amigo, no puedo más que pasar y abrazarme a ese tiempo pasado, es ahora en la distancia donde se aprecia al amigo perdido. Mis ojos sensibles ante mi dolor tan visible dejan escapar la lagrima del arrepentido por el pacto de amistad incumplido.
Estoy ya en casa dispuesto a espera lo que no pasa.
Que difícil se me hace salir cuando no queda ilusión a donde ir.
Mis ojos se abren y al oído me susurran que ver es vivir, y siempre queda un lugar donde acudir pues la solución no es huir.

PD: Cuando empiezo a escribir muchas veces no se cual será la llegada, no tengo parada acordada pero por hoy esta es la llegada. Gracias por la atención prestada.

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Ymaska15 de febrero de 2014

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