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El Final de una EsperanzaUna noche, triste como sus lágrimas,Mi cuerpo se aliaba con la cama, Impidiendo entre ambos que me levantara, Mi piel, blanca como la neblina, Denotaba el final de una esperanza. Ella, ella estaba ahí, junto a mí, Su mano sobre la mía, Contrastaba drásticamente con mi temperatura, La de ella cálida como la tarde, La mía fría, como noche sombría. ¡No te vayaaas!, me decía, No te vayas, bajo lágrimas, Su cabeza bajó a mi pecho, Y desaguó ríos de dolor, Yo mudo y absorto, Observaba con contemplación La angustia de aquella persona, Que sufría más que yo. La perilla del reloj se movía lentamente, Cual verdugo de mi existencia, Se había aliado con la muerte, Y tenían claro, que no pondría resistencia. ¡Abre tus ojos!, ¡abre tus ojos! Gritaba ella. Apretó mi mano con fuerza, Sentí que toda su energía quería traspasar, Pero ya era tarde, Yo, ya no me encontraba ahí, Era un cuerpo inerte, El que acompañaba su presencia. Su hijo, el que tanto quiso, Y el que tanto protegió, Se había marchado a un lugar, Que a diferencia de la vida, no existe el dolor. Y ella, junto a mi cama, Resignada se quedó, Sus lágrimas bajaban sin contemplación, Y lo que tanto temía; El tiempo le entregó, Ver morir a su hijo, Si, su único hijo, Al que tanto quiso, Y el que tanto protegió. Publicado por Zien el dia 26 de septiembre de 2008. 17 Comentarios
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