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El Ocaso

No me vas a querer siempre, no te engañes y, sobre todo, no me engañes a mi. No te engañes porque el fuego se apaga sino, qué sentido tendrían las cenizas. No me engañes porque el odio resurge sino, qué vida le esperaría a la compasión. No pretendo convencerte pero llegará, como llegó la noche de los tiempos llegó, abominable, silenciosa y larga, habrá primero una espera, como la hay en casi todo, y una calma intranquila de esas que sobrevuelan el aire antes de la tormenta. Después se hará la penumbra, como le ocurre a la luz si se apaga. Aunque tú no quieras, llegará, yo no digo que me apetezca que llegue, porque no tengo interés alguno en saber que te has ido. Quisiera que te quedaras aquí pero no quiero ser cómplide del egoísmo, no es sano retenerte, aunque quieras quedarte debo obligarte a marchar. No tiene sentido, no lo entiendes, no lo entiendo pero, sin estos vaivenes incomprensibles, ¿qué sentido tendría el desamor?
Zucette15 de marzo de 2010

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