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¡con Ciencia!

En su laboratorio se agotaba, olvidado de que algo hubiera afuera, y le asustaba pensar que quizá no valiera la pena, que talvez el hombre perfecto se fabricara de otra manera, con más desdichas, con más paisajes en la cabeza, reemplazando las fórmulas por las irreverencias, la teoría de conjuntos por una teoría de presencias. Puso un velo encima de estos pensamientos y continuó la anatomía de aquello que amenazaba con pisarle su ciencia. Cuando el hombre perfecto estuvo hecho, se puso en pié con la mirada ardiente y habló: “¡Dame funk padre!”.
Abrahamsaucedocepeda03 de abril de 2009

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