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Elogio al Buen Descanso

Tras la eternidad viene el Descanso. Cuerpos imaginarios, como arcángeles y centauros, corriendo y dando vueltas en una inmensidad pradera, marometas dan los diablos liberados y trepan selvas entusiasmados, subiendo hacia el perfecto ocaso, trepando al final del universo. En el cielo otro prado todavía más amplio, embarrado de estrellas y respirando a su manera, vasta oscuridad que vivió todos los años, cubriendo lo que queda del tiempo y del espacio. Juegan los caballos y las cebras y todos los animales dibujados y supuestos, que ya no tienen rienda y no recuerdan que la tuvieron. El hombre está bailando, descompuesto y meditando, curioso y curioseando una libreta a cuadros, en que algún Dios imaginario detalló un poema. Se percibe en el frescor la dulce fragancia de un incienso blanco, café con huevos rancheros. Se escuchan los aplausos de una audiencia que presencia el hermoso nacimiento de un chiste nuevo, en camisa a rayas, con nariz pequeña, con los piel volteados, con la risa chueca, sobre un perro viejo, bajo un perro alto, con la panza afuera, junto a un río manso, según la vieja, con los dedos largos, por causas ajenas a su propio entendimiento. Y yo, descansando a lo ancho de mi conciencia, saboreando el bendito recuerdo del alboroto olvidado, aquel que se llamaba… no recuerdo cómo se llamaba, pero era bueno y a mí me gustaba. Y todo es dulce y es eterno, pero es imaginario y nunca llega.
Abrahamsaucedocepeda30 de octubre de 2011

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