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'el Sabor Del Beso'

Andrés no podía dormir. Eran pocos los recuerdos confusos de aquella única noche que pudo sentirlo. Se deslizaban en su memoria sonidos que se encadenaban formando una melodía que movía aquel cuerpo que se agitaba como poseido, un cuerpo perfecto sin nombre, que sin darse cuenta se había proclamado el centro de atención de aquel oscuro lugar, lleno de luces de colores y de cuerpos que buscaban sudorosos acercarse a semejantes hipnotizados de aquel ambiente.
De entre toda aquella muchedumbre había sido él el elegido para disfrutar de aquel chico que durante casi toda la noche había estado absorto en sus bailes frenéticos y desquiciados. Era aquel cuerpo sin camiseta su sueño, su ansiedad, la meta que había querido durante años alcanzar, y esta noche, iba a ser él.
Aquel chico se acercó a Andrés. Quizá fue el movimiento desorbitado de su cuerpo, quizá un leve empujón de uno de aquellos cuerpos, quizá su deseo, pero le daba igual. Ahora le tenía en frente, con los ojos clavados en esas enormes pupilas negras envueltas de un oceano azul y brillante.
Su cuerpo paró de moverse, la música dejó de sonar para ellos dos. La respiración de Andrés se compenetró con la de aquel chico. Sus cuerpos se iban acercando casi con movientos violentos. Andrés, dejó atrás ese pudor que le había hecho perder tantas veces esa misma oportunidad.
Él se acercaba con miedo, pero decidido a probar aquellos labios entreabiertos que ofrecía aquel chico. No hubo más tensión. El chico que a penas había desviado la mirada selanzó a él como si fuera una presa.
Sus labios se juntaron, sus lenguas se tocaron y se enroscaron como trenzas. Andrés podía oler aquel cuerpo, podía tocarlo, saboreaba esa boca, que había pasado a ser su Dios. El chico, deseoso de dejar en él su firma, le mordió el labio con fuerza y le provocó una herida, dolorosa, dura, sangrante, pero aún así, Andrés no quiso apartar su boca de aquel nectar. Aquel chico, en otro súbito y desconcertante instante desapareció otra vez, como por arte de magía, dejando a Andrés sumido en un sueño místico e irreal.
Andrés Salió a buscarlo, pero no lo encontró. Tras intentos de encontrarse con aquel ángel, se retiró a su casa, abatido. Ya en su cuarto, sumido en la reconfortante oscuridad que le ofrecía aquella larga noche,se abrió la pequeña herida del labio. Le dolía, pero le daba igual, era un dolor dulce. Esa herida le causaba calor en la zona, le palpitaba el labio, sentía el latir del corazón acumulado en en esa pequeña costra.
El sabor a hierro de su sangre se junto con la saliva. Andrés relamía aquellos labios, recordando el sabor de los de aquel chico. Se excitaba cada vez que sentía, con los ojos cerrados, el dolor que le producía aquella pequeña incisión. Esa era su marca, esa era el único recuerdo físico de aquel chico, lo único que le quedaba para acordarse de aquella noche, el único dolor que no le dolía...
Benjamin05 de diciembre de 2009

5 Comentarios

  • Motorpsico

    Logras narrar con un estilo propio una historia muy bien llevada... Y hay muchos que no pueden dormir. Saludos motorpsico.

    05/12/09 04:12

  • Benjamin

    Gracias motorpsico... sabes que hay muchas veces que yo no logro dormir también?... quizá en algunas de las historias que narro exista algún grano de realidad...
    Muchos saludos y gracias de nuevo...

    06/12/09 08:12

  • Elnovelistadeoro

    interesante

    21/01/10 05:01

  • Benjamin

    Hola elnovelistadeoro!
    he estado leyendo algunos de tus textos y también me parecen realmente interesantes...
    Gracias por tu comentario.

    21/01/10 06:01

  • Benjamin

    Hola elnovelistadeoro!
    he estado leyendo algunos de tus textos y también me parecen realmente interesantes...
    Gracias por tu comentario.

    21/01/10 06:01

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