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El Ateo que Vivía Frente a una Iglesia

Veía solamente, pues no le gustaba bailar. No sabía. Olía el cabello de cada mujer que lucía sus movimientos, con esos escotes que a punto estaban de darse por vencidos y liberar todo el volumen de la piel.

Los errores lo atosigaban, le hablaban todos a la vez y lo maniataban para dejar que solo disfrutara de lo que la vista le regalaba.

Se colgó, pero no murió. Se quiso dar un tiro en la sien, pero embaló su arma. Intentó cortarse las venas, pero el cuchillo sin filo solamente le dejó unas horribles cicatrices, como si no fuera suficiente ser feo.

A ese corazón aftoso ni su propia sangre lo quería,así que murió con la última campanada de una mañana dominical de nubes y fríos incomprendidos.
Bierrodot06 de octubre de 2021

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