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Angelito


Llegamos y no me impresionó mal como otras veces. Muy prolijo. Hasta las palomas me parecieron prolijas, hacían su “currucucu” despacito, con cuidado, con notas graves y amigables, bonitas y que calentaban la mañana. Rojos ladrillos, barro. En los árboles que rodeaban el lugar aparecían pequeños brotes verdes anunciando la primavera. Alguien dijo: “las plantas están equivocadas, no puede ser que ya aparezcan brotes, falta un mes y medio”. “Las heladas los pueden malograr”, dicen los mas informados. No nos pusimos de acuerdo. Flores rosadas, flores blancas. Esperamos en una esquina con cordones pintados de amarillo. La charla de algunos comerciantes, la aparición del diariero en su bicicleta daba confianza. Una camioneta gris brillante se estacionó junto a nosotros, el chofer habló con la muchacha rubia. Los demás esperamos que diera el primer paso. Y así fue, la seguimos en silencio. Flores secas. Fue un camino largo, el lugar sonaba a pájaros, rumor de coches, ni una sola voz, con viento frío en la cara, con manos tibias, y alivio, mucho alivio en el corazón. Bronce, letras hasta el cielo.
Lo que paso, nadie lo sabe. Quiso explicarlo un cirujano, imposible, un fisiólogo hizo el intento y no pudo, un bacteriólogo, otros profesionales también, se usaron muchos libros, de los buenos, los gordos con letras chiquitas y muchas fotos. Hasta que pasó un vecino del pueblo, “Seguramente apareció en el momento equivocado, al brotito lo agarra la helada y se malogra” dijo el vecino. “Fue la helada, seguro”, asentí. Y con esa idea todos quedamos conformes. Tierra negra, húmeda. Y fueron pocos pasos con el alma en vilo, con aquella frazada triste que nos cobijó por un momento. Juguetes multicolores.
Y el angelito estaba sentado sobre la lápida, parecía de porcelana, pero no, encogió sus piernas y las abrazó, sus alas con plumas blancas y negras se plegaron en la espalda, su cabeza, inclinada hacia un lado se movía persiguiendo la imagen del gatito que saltaba buscando una presa invisible. Me miró dejando libre al gato y sonrió cómplice. Frescas flores blancas, amarillas, descansando.
Coloso4912 de diciembre de 2007

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