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Mi Caja Negra

Ya van tres días en los cuales María se ve angustiada, casi ansiosa, no puedo apreciar la alegría que tanto la caracteriza, su mirada se ve perdida y su sonrisa no tiene ganas de saludar, quizá parezca acoso, pero la estoy siguiendo, todo el día noté su pesar y ahora que acabó la jornada estoy dispuesto a averiguar la razón.
Su caminar es indeciso, pareciera que tiene miedo, no puedo dejar que note mi presencia, la ruta que sigue es nueva para mí, tiene los dos audífonos puestos así que dudo que se dé cuenta que sigo su paso, son las 8pm y este lugar tiene fama de ser peligroso, me asombra que camine sola por aquí, sinceramente me siento inseguro, María nunca me dio la impresión de ser cobarde, pero lo que hace no es valiente, llega al punto de la imprudencia. En mi mente tengo una maraña de teorías, una parte de mi piensa que solo camina para despejar su mente, lo cual era habitual en ella pero nunca a estas horas, aun así no puedo dejar de asumir que oculta algo, algo turbio, ya pasaron veinte minutos desde que comencé con esto y me estoy arrepintiendo de mi decisión, pero debo seguir, María no es solo mi compañera, es mi amiga, con la que puedo ser tal como soy, la que me enseño el infravalorado mundo de la lectura, expandió mi mente y abrió nuevas puertas para mí, también se convirtió en mi hombro, en el cual poder llorar sin el temor a ser juzgado.
Cada cierto tiempo regresa a ver, con el manto de la noche es fácil ocultarme, pero un mal paso puede hacer que me descubra, a medida que avanza aumenta la velocidad de su paso y vuelta la mirada más seguido, pareciera oculta algo importante, tan importante para asegurarse que nadie la siga. Acaba de llegar a un punto sin salida, lo único que hay frente a ella es la entrada de un bosque, por un momento pensé que se perdió, lastimosamente estaba equivocado, sin siquiera dudarlo siguió caminando, nunca he sido alguien supersticioso, pero este comportamiento me resulta paranormal, seguirla sin que me vea se volvió mucho más difícil entre tanta rama y vegetación, pero ya estoy aquí, el regresar conlleva perder todo el tiempo invertido y nunca he hecho una mala inversión.
Parece que después de cuarenta minutos de caminata por fin encontró lo que quería, estoy algo decepcionado, porque no logro ver nada, solo está ahí, estática, si no fuera tan pequeña parecería otro árbol, ya pasaron cinco minutos y sigue congelada, no sé qué más hacer pero no pienso quedarme aquí por más tiempo y tampoco puedo dejarla sola en este lugar, es hora de confrontarla. Me acerque despacio y dije María que está pasando, mi cuerpo se paralizo cuando ajuste mi visión con la suya, estaba parada frente a un cadáver, un niño de no más de 10 años, se notaba descomposición, pero lo más destacable era su abdomen y rostro, un golpe fuerte debió provocar tanto daño en dichas partes, entendí lo que había pasado, era raro que María se comportara así en el trabajo y el que no llegara en su auto me hizo pensar que lo había atropellado, lo estaba ocultando, su culpa era inminente, María era una persona empática y la culpa la estaba matando, vi sus ojos, tan vacíos, me recordaron al tenue brillo de la niebla, puedo sentir su dolor y mi mente está a punto de estallar. Solo dijo No debiste venir, tomó algo de su bolsillo y fue lo último que pude recordar.
Conticinio14 de julio de 2018

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1 Comentarios

  • Conticinio

    Muchas gracias regina, tu mensaje ha sido una fuente enorme de inspiración.

    18/07/18 03:07

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