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Innovacion En Las Empresas

Innovacion en las empresas
Por: Abel Matías Cortes Peña y Eusebia Bautista Cruz

LA INNOVACIÓN

Nos existe una empresa u organización que no aspire a innovar. Pese a las mejores intenciones, no todas lo consiguen. En otras palabras, los seres humanos que lideran estas empresas y organizaciones aspiran a innovar y son ellos los que motivan la generación de nuevas ideas para el lanzamiento de productos novedosos. Detrás de esa intención existen motivaciones y elementos que mueven, inspiran o impulsan sus acciones.

Crecer

Todo ser humano desea crecer, progresar, ser mejor, y que su empresa u organización también crezca, progrese y sea cada vez mejor. La neurociencia y la genética molecular han comprobado que el progreso es un instinto primitivo del ser humano: una herencia de los antepasados. Desde la infancia temprana el crecimiento produce placer. El progreso ocasiona que el cerebro genere dopaminas las hormonas del triunfo y el desafío, endorfina hormonas de la felicidad y serotonina las hormonas que mantienen en alerta. En suma, el crecimiento es adictivo. Se dice que cuando se deja de crecer, progresar o ser mejores se comienza a morir.

La innovación es la estrategia más efectiva para el crecimiento y el progreso, la innovación como la acción de agregarles valor a otros seres humanos al mejorar los procesos, métodos, productos, servicios y espacios.

Ser protagonista

El deseo de atraer los reflectores, lucirse, ser reconocidos, celebrado y convertirse en protagonista es otra motivación poderosa para innovar, lograr que alguien sacrifique tiempo, esfuerzo y recursos en mejorar su empresa, impulsar a grupos Palo Alto, California. Silicon Valley, California, el indiscutido centro de la innovación a nivel mundial y la sede de Google, Apple, Facebook, eBay, Intel y miles de otras compañías de alta tecnología. Este lugar es un gran protagonista a nivel mundial pues en ella se encuentran mentes brillantes del todo el mundo y este lugar ha tenido éxito por el tipo de gente pues son jóvenes con ambición de tener una oportunidad de demostrar que pueden aportar algo al mundo.

A diferencia de la creencia generalizada en círculos académicos y empresariales, hace algunos años, de que lo más importante para incentivar la innovación era ofrecer estímulos económicos, o reducir las trabas burocráticas, o tener un buen clima de negocios, hoy en día lo más importante es contar con una masa crítica de mentes creativas respaldada por buenos sistemas educativos. Y, según me aseguraba, había visto un potencial enorme de talento creativo en Ciudad de México, São Paulo, Buenos Aires, Bogotá, Santiago de Chile y varias ciudades latinoamericanas, donde existen enclaves de artistas, inventores y emprendedores lo que antes se llamaban “barrios bohemios” que quizás sin saberlo tienen mucho en común con “la mentalidad de California”.

Pero ¿pueden surgir empresas tecnológicas en países con legislaciones que hacen difícil cualquier emprendimiento? No hay duda de que un mal clima de negocios, burocracias infernales y la corrupción son grandes trabas. Es difícil crear una empresa innovadora en Venezuela, donde según los estudios del Banco Mundial hacen falta 17 trámites legales para registrar una nueva empresa, o en Argentina, donde se requieren 14, o en Brasil y Colombia, donde hacen falta 13, y que por lo general tardan varios meses en completarse. Es difícil crear una empresa de alto riesgo comercial como son casi todas las de alta tecnología en naciones con leyes que no toleran el fracaso y condenan a los empresarios que deben cerrar o reestructurar alguna de sus empresas a muchos años de ostracismo y de ruina económica, como señalan esos mismos estudios del Banco Mundial.

Sin embargo, la experiencia de Silicon Valley y las más recientes investigaciones de los estudiosos de la innovación muestran que las concentraciones de mentes creativas son de lejos el principal motor de la creatividad colectiva, y un factor aún más importante que el entorno económico. Pero ¿pueden surgir empresas tecnológicas en países con legislaciones que hacen difícil cualquier emprendimiento? No hay duda de que un mal clima de negocios, burocracias infernales y la corrupción son grandes trabas. Es difícil crear una empresa innovadora en Venezuela, donde según los estudios del Banco Mundial de los que hablábamos en el prólogo hacen falta 17 trámites legales para registrar una nueva empresa, o en Argentina, donde se requieren 14, o en Brasil y Colombia, donde hacen falta 13, y que por lo general tardan varios meses en completarse.

Es difícil crear una empresa de alto riesgo comercial como son casi todas las de alta tecnología en naciones con leyes que no toleran el fracaso y condenan a los empresarios que deben cerrar o reestructurar alguna de sus empresas a muchos años de ostracismo y de ruina económica, como señalan esos mismos estudios del Banco Mundial. Sin embargo, la experiencia de Silicon Valley y las más recientes investigaciones de los estudiosos de la innovación muestran que las concentraciones de mentes creativas son de lejos el principal motor de la creatividad colectiva, y un factor aún más importante que el entorno económico. ¿Y dónde se congrega la gente creativa?, es Florida.

La respuesta que encontró es que no siempre las mentes innovadoras se congregan alrededor de las mejores universidades ni de las grandes empresas. Tras estudiar el caso de Silicon Valley, concluyó que los innovadores tienden a juntarse en lugares que les permiten trabajar “fuera de las reglas de las corporaciones tradicionales, fuera de la burocracia, allí donde pueden controlar los medios de producción y donde les ofrecen capital de riesgo que sea capital, y no deuda”. Según me comentó en una entrevista, en los años siguientes encontró varios lugares muy prometedores en Latinoamérica.

En los lugares donde florece la innovación por lo general glorifican el talento, más que el dinero. Si varios países latinoamericanos ya tienen grandes reservas de mentes creativas, que son la condición esencial para las sociedades innovadoras, su gran desafío será mejorar la calidad y la inserción en el mundo de sus sistemas educativos, y crear sistemas legales mucho más tolerantes con el fracaso empresarial. El riesgo de no hacer nada será enorme y condenará a la región al atraso permanente, porque en los próximos años se producirá una extraordinaria aceleración de los avances científicos y tecnológicos que separarán aún más a los países de avanzada de los periféricos. Según coincide la mayoría de los científicos, en la próxima década veremos inventos tecnológicos más revolucionarios que todos los que ha producido la humanidad desde la invención de la rueda alrededor del año 3 500 A. C.

El motivo es que la ciencia y la tecnología están creciendo de forma exponencial: cada vez más rápido. Hoy en día, un indígena en el sur de México o en el altiplano de Bolivia con iPhone tiene acceso a más conocimiento del que tenía el presidente de Estados Unidos, o la NASA, hace dos décadas. Y eso es solamente un anticipo de lo que se viene. Según la así llamada Ley de Moore —basada en un artículo de Gordon Moore, el cofundador de Intel, en 1965—, la capacidad de las computadoras se duplica aproximadamente cada dos años. Y lo mismo ocurre con casi todas las tecnologías actuales. Miles de empresas de Silicon Valley —muchas de ellas lideradas por emprendedores veinteañeros, como Gates, Jobs y Zuckerberg en su momento— están lanzando al mercado innovaciones asombrosas, que cambiarán nuestras vidas tanto o más que la llegada de internet hace algunas décadas.

Impresoras 3D

En Silicon Valley impresoras 3D que permitirán la manufactura casera e individualizada de casi cualquier objeto y que amenazarán con aniquilar la producción industrial en todo el mundo; robots como los que hasta ahora sólo veíamos en las películas de ciencia ficción, que se convertirán en nuestros asistentes, guardaespaldas, compañeros o servidores sexuales; automóviles sin conductor que remplazarán paulatinamente a los actuales y permitirán que podamos trabajar, leer o dormir mientras el automóvil nos lleva a nuestro destino, así como anteojos-computadoras, como el Google-glass, que permitan mirar un jardín, por ejemplo, y ver en el cristal de nuestras gafas el nombre de cada planta, o mirar al plato de comida y ver cuántas calorías tiene cada alimento, o entrar a una fiesta y ver el nombre de cada persona a la que se saluda.

Todos estos inventos ya existen y algunos de ellos se vienen desarrollando desde hace varios años. Pero ya se están superando los problemas de costos y las barreras legales que impedían su venta masiva, algo que —al igual que ocurrió con las computadoras— pasará cada vez más rápido y dará lugar a cada vez más nuevas industrias. A las impresoras, que hasta hace poco imprimían sólo en papel, se suman ahora las impresoras 3D, que pueden reproducir zapatos, ropa, partes de automóviles, vajilla de cocina, joyas, juguetes, órganos del cuerpo y alimentos. Y esto, según los líderes de la industria, traerá consigo una nueva Revolución Industrial que transformará la industria de la manufactura como la conocemos, permitiendo que cada uno de nosotros pueda producir lo que quiera a nuestra medida en nuestras propias casas.

Una buena parte de la producción masiva será sustituida por la producción individualizada. Las impresoras 3D saltaron a la fama en 2013, cuando el presidente Barack Obama se refirió a ellas en su Discurso del Estado de la Unión al Congreso el discurso presidencial más importante del año en Estados Unidos como un invento “que tiene el potencial de revolucionar la manera en que producimos prácticamente todo”. Aunque varios inventores estadounidenses habían estado experimentando y algunos produciendo impresoras 3D desde la década de los ochenta del siglo XX, Obama se refirió al Instituto de Innovación Aditiva Manufacturera que opera en un viejo galpón de Youngstown, Ohio, y que está colaborando con varias empresas para convertir a las impresoras 3D en aparatos de uso cotidiano, como las computadoras personales.

Actualmente, las impresoras 3D son utilizadas principalmente por arquitectos, ingenieros y diseñadores para elaborar maquetas de sus proyectos. Mientras que antes un arquitecto que estaba proyectando un edificio tenía que mandar a hacer una maqueta en alguna fábrica especializada un proceso que costaba miles de dólares y que podía tardar varias semanas hoy en día puede hacer esa maqueta en una impresora 3D en media hora, por menos de 10 dólares. Y si al arquitecto no le gusta como salió, la puede hacer nuevamente con los cambios que quiera. Estas impresoras 3D también se están utilizando para la fabricación instantánea de objetos que uno necesita al instante.

Si uno pierde un botón, o se le rompe la perilla del horno, o una pieza del automóvil, o la dentadura de la abuela, o quiere producir la parte de una máquina cuya producción ha sido discontinuada, puede producir estos objetos de inmediato con su impresora 3D casera. Basta tomarle una foto con el celular al objeto que quiera replicar, enviarlo por e-mail a la computadora, especificar en la pantalla las medidas y el material deseados, apretar la tecla “imprimir” y obtener el objeto deseado. Gonzalo Martínez, director de investigaciones de Autodesk, afirma que ya existen 75 materiales que pueden ser utilizados por las impresoras 3D y que varias empresas están trabajando en nuevos “multimateriales” —combinaciones de plásticos con otros materiales— que cambiarán por completo la ingeniería.

“La NASA está colocando impresoras 3D en naves espaciales, de manera que cuando se rompa algo podamos reimprimirlo en el espacio. En lugar de llamar a Tierra y decir: ‘Houston, tenemos un problema’, diremos: ‘Houston, envíenos un diseño en 3D y lo imprimiremos aquí’ ”, dijo Martínez. “Lo mismo haremos nosotros en nuestros hogares cuando se nos rompa una pieza del refrigerador, o del auto, o de cualquier otro objeto”, señaló Martínez.



DRONES

Los aviones no tripulados —o drones— que Estados Unidos ha utilizado en Irak y Afganistán para atacar a terroristas de Al Qaeda revolucionarán la industria del transporte. Los drones comerciales ya están comenzando a ser usados para la vigilancia policial, el monitoreo de ganado en los campos y el rescate de personas que se están ahogando en el mar.

Muy pronto serán utilizados también para repartir pizza a domicilio, o entregar paquetes de Fedex. La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) tenía planeado abrir todo el espacio aéreo de Estados Unidos para el uso de drones a finales de 2015, y tener más de 10 000 drones civiles circulando por los cielos del país en 2018.

Los drones con fines comerciales deberán volar a menos de 100 metros de altura y mantenerse a cinco kilómetros de distancia de los aeropuertos, afirman funcionarios de la FAA. “Casi todas las cosas que se pueden hacer hoy en día con aviones van a poder ser hechas con vehículos aéreos no tripulados en el futuro”, señala Andrew R. Lacher, investigador de la Mitre Corporation, una organización que asesora al gobierno de Estados Unidos en materia de drones. Algunos, como Benjamín M. Trapnell, profesor de la Universidad de Dakota del Norte, pronostican que los aviones no tripulados incluso remplazarán a los aviones tripulados para vuelos comerciales.

Ya se están realizando experimentos en Gran Bretaña con vuelos regionales operados a control remoto, aunque llevan un capitán a bordo, “por las dudas”, y por el momento no llevan pasajeros. Sin embargo, las aerolíneas pronto comenzarán a remplazar a sus dos pilotos en cada cabina por un piloto en tierra y otro en la cabina, y posteriormente por ambos pilotos en tierra. Será una transición parecida a la que ocurrió cuando los elevadores dejaron de ser operados por un ser humano, afirma Trapnell. Jordi Muñoz, el joven mexicano de 26 años que preside 3DRobotics y se ha convertido en uno de los principales empresarios de drones comerciales a nivel mundial.

Autos sin conductor

Brad Templeton, miembro del equipo que está desarrollando el auto sin conductor de Google, me explicó que el principal motivo por el que este vehículo se impondrá es que es mucho más seguro. Hoy en día, los accidentes automovilísticos en Estados Unidos causan 34 000 muertes y 240 000 heridos por año, y a nivel mundial la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que causan 1.2 millones de muertos y 50 millones de heridos anualmente. En la mayoría de los casos, los accidentes de automóvil son causados por conductores que beben de más, se duermen al volante, o se distraen escribiendo mensajes de texto en sus celulares, dice la OMS. “Los robots por lo general no beben bromeó Templeton Y no se duermen al volante.

Los autos sin conductor son muchísimo más seguros que los que usamos hoy en día”. Según Google, los autos sin conductor reducirán el número de muertes por accidentes automovilísticos en 90%, y disminuirán enormemente el número de vehículos en las calles, además de producir grandes ahorros en gasolina. Asimismo, permitirán un uso más eficiente del automóvil, porque podrán ser compartidos por varios pasajeros y ayudarán a descongestionar las ciudades. Podrán dejar a varias personas en sus respectivos lugares el trabajo y estacionarse en un lugar alejado, quizás fuera de la ciudad, para regresar a buscarlos al final del día. Las ciudades podrán usar los espacios que actualmente son empleados para estacionar automóviles y convertirlos en parques o áreas verdes.

“El auto nos va a dejar al trabajo a las nueve de la mañana y nos recogerá a las seis de la tarde. Mientras tanto, se pide que vaya a la tintorería a buscar la ropa, o a recoger a los niños de la escuela, o que se estacione en algún lugar fuera de la ciudad”, asegura Templeton. Los ingenieros que desarrollan el auto de Google agregan que sólo en Estados Unidos se ahorrarán nada menos que 400 000 millones de dólares anuales en gastos relacionados con accidentes automovilísticos, sin contar con los ahorros en horas de trabajo que la gente pierde manejando todos los días.

Según un estudio citado por la revista Forbes, los congestionamientos de tráfico muchas veces por accidentes resultan en pérdidas de 4 800 millones de horas de trabajo y 1 900 millones de galones de gasolina por año en Estados Unidos. Muy pronto podremos trabajar, o leer, o descansar, mientras el auto nos conduce al destino. Y varios estados como Nevada, Florida, Texas y California, anticipando los ahorros de todo tipo que podrían traer consigo, ya han aprobado legislaciones para autorizar los autos sin conductor en sus carreteras. Claro que no todo será tan sencillo como lo pintan los ingenieros de Google. A mediados de 2011 se reportó el primer accidente de un auto de prueba sin conductor de Google cerca de la sede de Google, en Mountain View, California.

La empresa dijo que el auto estaba siendo conducido por una persona en el momento del accidente, pero otro accidente pocos meses después —cuando otro auto de prueba de Google fue chocado por atrás cuando se detuvo ante una señal de alto— generó nuevas dudas sobre la seguridad del auto sin conductor. Sin embargo, en marzo de 2012 Google colocó un video en YouTube en el que mostró a un hombre ciego llegando con su bastón a su auto de Google, sentándose en el asiento del conductor, y paseándose alegremente por la ciudad, parando en un restaurante de comida rápida y en una lavandería, mientras el auto se conducía solo. Poco después, Google anunció que sus autos sin conductor experimentales alrededor de una docena— ya habían recorrido unos 500 000 kilómetros sin sufrir accidente alguno.

Materiales Autosaneables

Un grupo de investigadores liderados por Zhenan Bao, de la Universidad de Stanford, ha creado un material flexible, conductor de electricidad y sensible a la presión, basado en polímeros, que puede ser desarrollado para uso en armazones de robots o prótesis humanas, como piernas artificiales. Otras versiones más elementales de materiales autosaneables ya están saliendo al mercado, como capas de materiales anticorrosivos que se regeneran cuando sufren daños. Según Joe Giuliani, de Autonomic Materials, una empresa que está trabajando en capas de materiales anticorrosivos autosaneables inventados por la Universidad de Illinois, sus productos ya están siendo usados en la industria naviera, sobre todo en barcos, muelles y plataformas petroleras.

La capa anticorrosiva contiene dos microcápsulas, una de las cuales contiene un componente autosaneable, y la otra un catalizador. Cuando la capa anticorrosiva se daña, las microcápsulas se rompen y sus contenidos entran en contacto, reparando los daños. Esta tecnología permite prolongar la vida útil de las plataformas marinas y submarinas, por ejemplo, y se está empezando a usar en lugares remotos, donde la manutención es difícil o enormemente costosa. ¿Estaremos muy lejos de tener automóviles con pinturas que se auto reparen tras un rayón, o con chapas que vuelvan a su estado anterior tras un choque? Todo indica que ese día no está muy lejano. Por el contrario, varias empresas pronostican que pronto producirán vidrios autorreparables, que serán utilizados en la industria militar y automotriz.

Estos nuevos vidrios contendrán un líquido que se infiltrará de inmediato en las grietas del parabrisas tras sufrir un impacto, y permitirán que el conductor no pierda la visibilidad tras un choque y pueda salir de una situación de peligro. La misma tecnología podría ser usada para nuestros teléfonos celulares y para varios otros productos.

Internet de las cosas

Casi todos los objetos que nos rodean —desde los aparatos de cocina hasta la ropa muy pronto tendrán microchips y estarán conectados entre sí a través de un nuevo ecosistema que se ha dado en llamar “internet de las cosas”. De la misma manera en que internet conecta a las personas, este nuevo ecosistema conectará a las cosas entre ellas, para que, por ejemplo, la heladera cuyo filtro de agua esté vencido, le pueda ordenar directamente a la computadora de la fábrica de filtros un repuesto, sin la participación de un ser humano. Starbucks, la red de cafeterías, ya está planeando conectar sus heladeras al nuevo ecosistema para que las máquinas puedan ordenar directamente nuevas bebidas cuando se están quedando vacías.

El próximo paso será que las heladeras se den cuenta cuando se está acabando la leche, o los vegetales, y avisen, o hagan el pedido directamente al supermercado. Los miles de millones de sensores que se pondrán en todas las cosas se convertirán en una industria de nueve trillones de dólares en 2020, cuando habrá más de 212 000 millones de objetos conectados al nuevo ecosistema, según la empresa de investigaciones tecnológicas International Data Corporation. Algunos de los impactos del “internet de las cosas” serán indiscutiblemente positivos: vamos a tener sensores en la ropa que permitirán, por ejemplo, que los ancianos que se desmayen ya no deban depender de que alguien llame a la ambulancia, porque sus propias vestimentas llamarán al servicio de emergencias.

También es probable que haya menos choques de aviones, porque cada una de las piezas de estos vehículos va a tener un microchip que avisará a una computadora central cuando esté al final de su vida útil para que puedan ser reparadas antes de que se dañen. Y los ahorros de energía y agua serán enormes, porque los microchips regularán el uso de luz y todos los artefactos del hogar, y avisarán como ya se está haciendo en varias ciudades del mundo, como Barcelona cuando hay una filtración de agua en una tubería. En la Feria de Artículos Electrónicos de Las Vegas de 2014 se presentaron los primeros cepillos de dientes, raquetas de tenis y camas inteligentes.

Los cepillos dentales inteligentes tienen sensores que registran la frecuencia y la forma con que nos limpiamos la dentadura, y luego envían los datos a nuestros teléfonos celulares con instrucciones sobre cómo mejorar nuestros hábitos de higiene dental. Las raquetas de tenis con sensores, a su vez, registran la forma en que agarramos la raqueta y cómo le pegamos a la pelota, y luego envían la información al celular con un video didáctico sobre qué errores que se cometen y cómo mejorar los tiros. ¿Qué pasará con los profesores de tenis?, nos preguntamos muchos. Las camas inteligentes tendrán sensores que registrarán la respiración, los movimientos, y cuántas veces despertamos cuando dormimos, y nos enviarán un e-mail con sugerencias sobre cómo dormir mejor.

Pero otros posibles impactos del “internet de las cosas” serán más preocupantes. Varias empresas farmacéuticas están proyectando poner microchips en las tapas de sus frascos de remedios para que el frasco le avise a la oficina del médico si el paciente no está tomando su medicina cuando la tapa no ha sido abierta en varios días. Se podría terminar siendo vigilados por los objetos que nos rodean. Y también existe el peligro de que las cosas no funcionen como deberían. Podríamos llegar a recibir una avalancha de llamadas equivocadas de la heladera de un desconocido, para avisar que se ha quedado sin leche. Aún peor, en un mundo en el que se llevará sensores en el cuerpo, y en la ropa, el terrorismo cibernético podría ser más peligroso que nunca.

La importancia de la información

La información será, más que nunca, una fuente de poder y dinero en el siglo XXI, porque con la expansión de internet, las redes sociales y el “internet de las cosas”, habrá más datos que nunca en el ciberespacio sobre cada uno de nosotros, y sobre qué cosas compramos, qué nos gusta leer, qué películas vemos, qué comemos, qué tipo de ropa nos gusta, adónde viajamos, quiénes son los amigos, cuál es la posición política y cuáles son las preferencias sexuales.

Cada vez que compramos algo por internet o con la tarjeta de crédito, o cuando escribimos algo en Twitter o en Facebook, o ponemos una dirección en un GPS, estamos dejando una huella con los datos en el ciberespacio, y la posesión y el procesamiento de estos datos —el big data— tendrán un enorme valor para quienes quieran vender cualquier cosa, desde un auto hasta un partido político. Tal como lo señaló un estudio del Foro Económico Mundial, el crecimiento del volumen de datos y su procesamiento producirá un boom parecido al de la fiebre del oro en San Francisco en el siglo XIX, o al boom petrolero de Texas en el siglo XX.

Los datos se han convertido en el nuevo equivalente del oro o del petróleo. Y los países mejor preparados para acumular, procesar y analizar estos datos estableciendo no sólo nuestros hábitos de consumo actuales, sino proyectando cuáles serán las preferencias futuras serán los más prósperos. La buena noticia es que el big data permitirá detectar epidemias antes de tiempo por ejemplo, alertando a los gobiernos cuando hay más gente de lo normal realizando búsquedas por internet sobre síntomas de la gripe, o comprando una determinada medicina o hacer más soportable el tránsito en las grandes ciudades, al descubrir patrones de tráfico con sensores en las calles que permitan sincronizar mejor los semáforos, según la cantidad de gente que transite por cada intersección.

“Vamos a poder colectar, medir y analizar más información que nunca sobre todos nosotros y todas las cosas, para poder tomar mejores decisiones a nivel individual y colectivo”, afirma el estudio del Foro Económico Mundial. La mala noticia, por supuesto, es que la proliferación de información en el ciberespacio podría prestarse a un espionaje gubernamental más intrusivo del que pensábamos, como el que se reveló sobre la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, y en una pérdida generalizada de nuestra privacidad.

BIBLIOGRAFÍA

OPPENHEIMER, A. (DICIEMBRE, 2014). CREAR O MORIR. MEXICO, D.F: PENGUIN RANDOM HOUSE GRUPO EDITORIAL S.A DE C.V.
PERRET, R. (OCTUBRE 2014). HOME RUNS DE INNOVACION. MEXICO DF: PENGUIN RANDOM HOUSE GRUPO EDITORIAL, S.A DE C.V.
Eusebia14 de mayo de 2016

1 Comentarios

  • Arcangelarcaico

    Disculpa, muchas de estas frases las puedo encontrar en otros sitios de internet y otras páginas que no poseen los nombres de los autores mencionados. ¿es vuestro? De todas formas está muy bueno y es bastante necesario de leer.

    15/05/16 04:05

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