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A Boy's Glory

He estado buscando la manera de expresarlo honestamente, de mostrar todo lo que he sentido durante estos años. O tal vez sólo lo que me he obligado a sentir.

¿Es que puede alguien culparme de no estar segura de mis sentimientos?
Tal vez no son del todo constantes, y tal vez por ser adolescente sea normal que no esté segura de lo que quiero. Muchos como yo, algunos que se equivocan al aferrarse y pocos que aciertan. Pero quién soy yo para juzgar entonces.

Es sólo que hay momentos que no sé qué es lo que amo de esta relación, no siempre estoy segura de amar las sonrisas o los gestos de cariño. Muchas veces resulto encontrarme con su mirada que explota dentro de la mía. Y a todos los buenos momentos he encontrado dos razones: nuestro amor es tan grato que nos restregamos en él a pesar de la distancia y el versátil pasado que nos trajo a este nuevo sentimiento, así la vida en su momento nos lo apremiará a su manera; o es que hemos deseado con tanta desesperación estar cerca del otro que el momento es casi perfecto, es inalcanzable y perdura como un anhelo, y como buen sueño terminará para hacernos ver que sólo fuimos ilusos.

No creo dudar del calor que se ha criado dentro de mí.
Lo que siento por Victor es gentileza, es amor a los lazos inalcanzables, es la noción de la felicidad que recae en un abrazo que detiene la vida entera. Es aprender cada día de la persona más completa, todos mis defectos son una increíble virtud creciente en él: la manera en que puede reservarse palabras y gestos de cariño y dejar que yo reciba el mensaje sin hacer volar una ciudad. Bendita discreción que me enamora cuando mi cuerpo es el que emana un aura llena de ganas de mostrare al mundo mucho que amo al hombre.

Es importante sin duda.
Siempre he buscado un cierto patrón en las personas. Características extraídas de un sólo cuerpo y personalidad sin vida.
Todas las personas cercanas a mí tienen parte de la esencia de ello: manera de ser, humor, sonrisa, manera de pensar y discernir. Algo que seguramente yo soy la única en mi mundo que carece de ello.
Ver a Víctor a mi lado es como llenar esa adorable sombra con un rostro conocido, en el cual no me resulta difícil perderme.
Al dejar llevarme por esos brazos fijos al volante, la manera en que los reflejos de las luces disfrutan las líneas bronceadas, puedo sólo imaginar dejar reposar mi frágil y torpe espalda sobre ellos. Ver su quijada dispuesta a desaparecer cualquier rencor es verme regalando la mitad de mi vida con un beso debajo de esa curva perfecta. Los labios son una historia más cálida e inconstante.
Descubrir la sombra justo al lado del a córnea protegiendo una buena historia es sentir que no hay lugar más grato y seguro que tomar su mano impecablemente. ¿Cómo es posible que aquella figura sea sólo mía?
Poco a poco siento que las calles de aquel absurdo pueblo se iluminaran con el amanecer en una carretera en provincia francesa, como un recuerdo de una buena infancia, olvidas al mundo y sus problemas. Después de unos segundos aterrizo y aquella imagen se vuelve tan absurda como el pueblo, absurda imaginación y absurdos sentimientos. La mente empieza a jugar a permitir y privarme de dejar volar el sentimiento, comienza un círculo vicioso al punto de verlo con los mismos ojos que una pequeña niña imagina a un buen hombre con corona y capa azul.
Son indescriptibles los escenarios que se han formado en segundos sólo con sentir su presencia.

Mi desventaja es que él atina a todos mis deseos e imágenes borrosas como si yo misma incitara su mente a mencionarlas. Soy feliz de decir que el sentimiento es correspondido. Y resulta patético cómo yo habría menospreciado el sentimiento si hubiera oído esto de alguien más. ¿Es esto un primer amor? porque debo confesar que hoy, como nunca, antes de tener ambas manos incondicionalmente dispuestas a defenderme, tengo una sujetando un peluche obsequiado y la otra estirada para ser tomada.

Ahora más que nunca creo en el destino, tanto que conozco lo rápido que puede arrebatarme este gusto. Vaya vida cambiante.

En este miedo recae mi confusión últimamente y para ello me he mentalizado, quizás un poco más de la cuenta.

No es en realidad que no desee esta relación o que me absorba tanto que olvide el mundo fuera de ella. Y creo incluso que no es tal mi miedo a ser lastimada si no a lastimar.

No entiendo aún cómo o en qué momento dejé que mi mundo dependiera sólo de una persona, no sé cómo fue que comencé a forjar esta vida para alguien más. No hay manera de permitirlo cuando sé cuán cambiante es el exterior y mi naturaleza de no poder estar con quienes deseo y sobre ello permitir a alguien tan sutil sentirlo de igual manera.

Lo más increíble, bello e insensato de este arrepentimiento es que no deseo dar un sólo paso atrás.

No seré el cobarde que se aleja evitando el dolor.

Este día fui yo quien lo entendió.
Bien o mal he sido yo quien debe ahora cuidar del otro.
Quiero hacerlo de la mejor manera y ser quien sólo se dio la segura libertad de amar.
Ingryd22 de septiembre de 2011

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