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El árbol de la Alexitimia

Fue entonces cuando la vi por primera vez, una pequeña puerta que hasta entonces había permanecido oculta ante mis ojos. Tenía un diseño simple y algo desgastado, y aunque no era precisamente bonita, había algo que te obligaba a seguir adentrándote en ella.
Abrí la puerta en busca de cobijo, intentando acallar la soledad y tristeza que me invadían; entrando a lo que parecía un descampado desolado, tan desolado como inmenso.
El clima era completamente hostil, con una densidad en el aire pesada que dificultaba respirar, y un frío helado, el cual no parecía compatible con la vida. La oscuridad reinaba aquel lugar, siendo visible tan sólo una puerta, y a lo lejos, una especie de árbol enorme que parecía el causante de todo ese infierno de hielo.
Me acerqué, quizás sin ningún motivo, pero algo o alguien me lo susurraba en mi cabeza, convirtiéndose casi en una obsesión.
Con cada paso que daba, el frío aumentaba considerablemente, y con ello, mi necesidad de llegar al árbol, hasta que una vez allí todo cesó. Ya no había más frío, ni dolor, ni tristeza, simplemente ya no había nada. Aquel lugar era capaz de sacar todo de una persona, dejándola vacía y plana, sin pizca de emociones.
Pasaron los meses, y sin darme cuenta, se fue convirtiendo en mi lugar de confianza, donde podía resguardarme en aquellos momentos en los que todo andaba mal, siendo así, como poco a poco, empecé a quedarme más y más solo.
Ya nada era igual, me había convertido en un esclavo de aquel árbol; sin miedo, sin tristeza, sin alegría, todo se podía definir con una palabra, apatía. Hasta que llegó el día, aquel que salvaría mi vida, haciéndome reaccionar y salir de ese círculo vicioso en el que había entrado. Cerré la puerta, con la intención de no volver a entrar, y tuve la suerte de que con el tiempo ha desaparecido, y comprendí que hay puertas que nunca nadie debe abrir jamás.
A día de hoy todavía hay momentos en los que el monstruo ruge con fuerza, pero la puerta se encuentra cerrada en algún lugar de mi cabeza, oculta, esperando el peor momento para volver…
Lobo29 de septiembre de 2020

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