TusTextos

Nestor y Manuel


La luz era tenue.
Yo contemplaba tu cuerpo desnudo,
ofrecido.
El primer atardecer de la historia
nacía en la perfección de tu piel,
en el temido adiós de tu calidez,
en la mirada astral que inundaba
de ternura los minutos ganados a la vida.
Era una tarde buena, ausente de soledad.
Y era nuestra.
Comprendí que amar es reinar y
poseer la alegría profunda de la tibieza.
Regresé a tu lado y hundí mi rostro, mis labios,
mis manos y mi alma en tu cuerpo anhelante.
En tu misterio, defendido por una inmensidad de
caricias que nos contábamos al oído con
el aliento sagrado del deseo.
Cerrabas los ojos y
te estremecías con mis plegarias.
Y tu voz penetraba en mis venas y
latía en mi piel, estremecida.
Fue una tarde que nunca olvidaré.
Al marcharte intentaste decirme que me amabas.
Mis labios te impidieron deshacer el milagro
con un beso largo y ya terrenal.
“Cuando el deseo te vencía y tu voz me pedía los cielos
me llamabas Néstor, amor.
Y mi nombre es Manuel.”
Manuramos25 de febrero de 2016

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