TusTextos

Pasé Página.

Aún recuerdo
cuando no hacía más que preguntarme
si todo aquello tendría un final.
Ya no importaba tanto si era alegre o desgraciado,
sólo quería que acabase cuanto antes.

Y al fin sucedió lo que tanto ansiaba.

Un día, sin más, desperté renovada.
Salí de la cama y me sentía feliz.
Ningún problema nublaba mi mente,
mi positividad rozaba las nubes
y mi autoestima le seguía de cerca.

Inexplicablemente,
el dolor se había desvanecido
y parecía que la vida me sonreía.

Lo había conseguido:
había pasado página.
Tenía frente a mí un papel vacío.
Sin tachones, sin borrones;
tan sólo blanco sobre el que poder
escribir una nueva historia.

Fue una sorpresa para mí
comenzar a mirar atrás con una sonrisa.
Anteriormente a aquel día
había experimentado la verdadera alegría,
aunque también había conocido el más profundo sufrimiento.

Quizá el truco estuviera en dejar de intentar borrar y reescribir el pasado.
Estaba tan cegada tratando de cambiar los capítulos anteriores, que no era capaz de empezar un nuevo párrafo.

Hasta que asumí que todo aquello,
todas esas hojas que había dejado atrás,
tanto las que recogían preciosos momentos escritos en color rosa,
como las mojadas por las lágrimas,
me habían traído hasta aquí.
Conformaban mi historia.

Forman parte de mí.

No tiene sentido empeñarse
en olvidar lo sucedido.
Tal y como ocurre con un libro,
si evitas leer una parte,
acabas por perderte en la trama.

De la misma forma que no se puede entender un desenlace
sin antes haber conocido el nudo,
no es posible conocerse a uno mismo
sin saber qué nos llevó a ser como somos.

Las escenas más dolorosas
se me hicieron eternas, cierto es.
Sin embargo,
la tristeza había caído, poco a poco,
junto a cada lágrima;
y mi almohada se encarga ahora
de guardarla por mí.

Por el contrario,
las horas se volvían segundos
mientras reía en los capítulos más felices;
y me encanta volver a disfrutarlos,
releyéndolos una y otra vez.

No llego a comprender
de dónde saqué la fuerza necesaria
para agarrar el folio con las manos
y, finalmente, darle la vuelta.
Pero lo hice,
y me enorgullezco.

Era necesario.

He vuelto a vivir.
Palabrasdeldesorden22 de noviembre de 2016

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