Medellín

Medellín es mudable y caprichosa.
Medellín es una estación.
Al menos, si fuera, debería ser la primavera.
Primavera porque Medellín está rodeada por la naturaleza.
 una amplia gama de flores que no se limita
a las orquídeas, rosas y adormideras que forman sus brazos infinitos.

En su alma, un río corriendo,
fluyendo y entregando agua tan azul como los cielos Venecianos.
Naturalmente, Medellín es una mujer, una de las firmes,
con carácter y encanto,
bronceada con perfección y con ojos de corderito,
vestida de flores como si siempre fuera la primavera.

Eso podría explicar la belleza y la longevidad de aquella mujer,
dada la constante floración y crecimiento de su anatomía.
A saber, sus barrios.
Su largo cabello, encima negro y suave,
fluye hacia su cintura,
dándole movimiento y fascinación mientras baila sin igual.

Pero, aun así, Medellín, su voz un requinto, toca música cautivante,
sucediendo vida al ocaso, por medio de vibras reggaetoneras.
Cuando cae la noche, su corazón se estrecha,
mientras encontrándose copado por la frondosa Sierra, iluminada,
y suavemente suministrando amor y pasión,
llevando a la gente a bailar desde el atardecer hasta el alba.

La Paisa encabeza  rumbea  mientras siendo una coreógrafa inquebrantable.
Medellín, la mujer, el humor de la primavera, sus brazos verdosos, estirados,
ella, acogedora, su alma un epicentro apoderado por un río de agua, casta,
su melena,
su dicción,
Medellín.



A.B

07 / junio / 2018

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1 Comentarios

  • Regina

    Me ha gustado mucho tu texto, muchos saludos cordiales.

    07/06/18 05:06

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