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ClonaciÓn Humana

CLONACIÓN HUMANA

Ángel Medina.

Hace algún tiempo abordé este tema con motivo de la presentación de un libro. En la actualidad parece estar congelado, aunque en cualquier momento bien podría reactivarse.

Todos conocemos la historia de la ovejita Dolly, que fue clonada y sobrevivió al experimento, aunque murió prematuramente, si bien fueron necesarios casi trescientos intentos fallidos hasta conseguir el éxito que se buscaba. Esto equivale a la eliminación de muchos zigotos, o lo que es igual, a prescindir de aquellas incipientes vidas. Después vendrían múltiples ensayos. ¿Es posible llevarla a cabo con la especie humana? Ciertamente, resultaría más complicado, pero no imposible. La ciencia avanza de continuo y sería oportuno sopesar qué significaría esa contingencia, imponiéndose hablar de la técnica: ¿en qué consiste la clonación?

Como es sabido, las células humanas contienen 46 cromosomas, a excepción de las reproductoras que poseen 23, el espermatozoide y el óvulo. Al combinarse los 23 pares se reconstruye la fórmula cromosómica con el ADN que configurará el nuevo ser que somos cada uno de nosotros. La vía ordinaria de la procreación es el coito, pero también puede alcanzarse mediante la fertilización artificial. Es lo que suele llamarse fecundación in vitro. Para ello se extraerá del varón un espermatozoide y se unirá en la probeta al óvulo, transfiriéndose posteriormente al útero.

Pero-¡atención!- existe otra vía diferente. Y consiste en implantar una célula somática (=cuerpo) masculina en un ovocito al que previamente se le ha desprovisto de su núcleo genético. ¿Qué ocurriría en este caso? Pues que, siendo la única aportación la del gameto del varón, el fruto se parecería a él tanto como lo son entre sí dos gotas de agua. Sin embargo no concluye esto aquí, ya que las posibilidades pueden ser aún más amplias.

Se ha observado en la naturaleza (citaré el mundo de los insectos) que las abejas y los zánganos salían de huevos no fecundados, mientras que la reina y obreras sí lo eran. Esto es la partenogénesis: la posibilidad de desarrollarse un gameto femenino sin el recurso masculino.

Siguiendo esta vía tomemos el óvulo de una mujer, vaciémoslo de su núcleo (eliminaremos los 23 cromosomas) y cojamos una célula somática de la misma (46 cromosomas) implantándola en dicho huevo. El resultado sería una hembra idéntica a la que ha sido donante y receptora. Auto-inseminación.

Hasta aquí la técnica. Pero ¿y las consecuencias? ¿Es válido el principio de que todo lo que es posible debe hacerse? ¿Adónde podría llevarnos? ¿Cuál sería el precio a pagar por ello?
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Hace tiempo que la Ciencia investiga la posibilidad de crear vida a través de la vía experimental. Controlarla. Vida a fin de que el hombre penetre en sus secretos y quizá así dominar sus misterios y alejar de sí de alguna manera la amenaza de la muerte. Control y sometimiento de la Naturaleza, tal vez considerando la frase bíblica: Creced y dominad la tierra. Así, primero fue la rueda y hoy estamos en la era supersónica. De la comunicación más rudimentaria se ha pasado a la complejidad de la informática. Algunas enfermedades que antes resultaban mortales hoy son un vago recuerdo. El límite de la ciencia reside en la capacidad de la inteligencia. Para la Ciencia la palabra imposible es aquella que se remite a lo que no conoce. Por eso se investiga. Para descorrer el velo de la ignorancia y atrapar el progreso.

El progreso, sí, pero ¿a qué precio? La lista podría ser amplia, más no disponiendo de espacio para hacerse, apuntaré algunas posibilidades.

Los órganos del clon, al poseer idéntico código genético al del donante, caso de ser necesario sustituir alguno no ofrecería la posibilidad del rechazo. Imaginemos un banco de repuestos. Desde el punto de vista del avance sería un éxito, aunque, como contrapartida es necesario preguntarse por los daños colaterales. Por los valores deontológicos. A saber: ¿más allá de la legalidad de una determinada ley, sería ética y moralmente admisible que para mejorar o salvar una vida hubiera de eliminarse directamente a otra? (Porque no debe olvidarse que el clon, aunque haya sido concebido de manera inducida, sería tan persona como el nacido por la vía natural o el sometido a la fecundación in vitro). Y como consideración menor. Para disponer de él, además de las técnicas médicas sería necesario haber contado con infinidad de úteros de alquiler a fin de obtener el resultado final, así como el mantenimiento de los clones y su sostenibilidad, algo de elevado costo y que sólo podrían permitirse un reducido número de personas. ¿Una técnica al servicio exclusivo de los ricos?

El envejecimiento consiste en la pérdida gradual de la potencialidad de las células. Pensemos aquí en alguien cuyo donante fuese una persona adulta. ¿No podría influir esto en que el clon tuviese la apariencia de ser mayor de lo que se correspondiese con su cronología natural e incluso su cuerpo soportarse mayor desgaste? Y también ¿mostraría precocidad, es decir, sería su comportamiento el de alguien de mayor edad que la que aparentase?

Todos hemos oído hablar alguna vez del Matriarcado (del griego mater archein, que equivale a gobernar). El gobierno de las mujeres. Reflexionemos nuevamente acerca de la partenogénesis, que nos sitúa en la inseminación de una mujer a sí misma (también podría hacerse aportando una el huevo y otra los cromosomas, prescindiendo como se ha dicho antes del varón) ¿Cuál sería el producto que se obtendría? Este no ha de ser otro que una mujer. En tal supuesto tendríamos la posibilidad de que los nacimientos fueran del exclusivo sexo femenino. Eliminado por la vía de la procreación natural Adán, sobreviviría por la artificial Eva, o lo que equivale al cabo del tiempo a una sociedad únicamente de mujeres.

Sé que estas posibilidades pueden hacer sonreír a más de uno-a malévolamente, teniendo en cuenta que se trata de ciencia-ficción. O mejor dicho, ficción, de momento, pero ciencia a fin de cuentas. Y es que una vez se abre la caja de Pandora no se sabe qué clase de genio podría salir de ella. Cuando menos, sería deseable que las investigaciones no pudiera caer en manos de ningún científico distraído, lunático o iluminado. No vaya a resultar que, como en aquella película titulada Fantasía, el ratón que toma la escoba y pronuncia las palabras mágicas que escuchó decir al sabio, barra todo y al final quede tan revuelto que produzca un verdadero caos.



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Ammm15 de diciembre de 2017

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