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Me Miré al Espejo y No Me Reconocí

Hace unos meses empece segundo de carrera. En verdad, a pesar de haber pasado uno de los mejores veranos de mi vida, tanto como con mis amigas y nuestros viajes, con mi familia, tenía ganas de volver. Fueron tres meses en los que no me dio tiempo a estar triste, no me dio tiempo a no sentirme feliz y llena de energía. Pero quería volver. Echaba de menos el vivir sola, tener que valerme por mi, echaba de menos la ciudad y la lluvia, mi facultad y las clases. También echaba de menos aunque en menor medida a la gente, sobre todo a María. Siempre lo he dicho quizás Madrid no me haya aportado un montón de amigos, porque yo tampoco soy fácil de conocer pero María (y también Martina) se han convertido en Amigas. Así en mayúsculas. Ya no me siento tan sola en ese sentido. Y aunque el año pasado me daba igual estar algo sola, los fines de semana tenia a mi abuela y se me quitaba toda la soledad. Pero este año, y eso creo que ha sido algo que ha influenciado mucho, si no las tuviera a ellas dos no tendría a nadie a quien aferrarme. Y siempre se necesita a alguien a quien aferrarse cera, por si acaso.
Bueno, el tema. Cuando empece el curso todo genial, empece con muchísimas ganas, pero esas ganas pronto fueron desapareciendo. Las clases me aburrían muchísimo, no las soportaba. Habían pocos profesores que me motivaran. Aunque ya estaba avisada de que segundo era un año un poco tedioso, no sabia que hasta ese punto. Aunque ahora lo miro con perspectiva, y no eran las clases (porque ahora mismo estoy muy contenta con las clases y los profesores), era yo. No se porque estaba en plan negativo. Empece a faltar muchísimo a clase. Pero muchísimo de pasarme una semana yendo solo un día. Y sin ir al pueblo. Porque claro tenia clase los viernes y para mis padres yo no podía faltar. Pero lo hacia. Me saltaba las clases para quedarme en casa tirada en la cama. Comía falta, o me hinchaba a comer dulces, o no cenaba o no comía porque me daba pereza hasta salir de la cama para cocinar. Cocinar! Cuando yo siempre he amado la cocina! Pero así era. Empece a sentirme fatal tanto física por no comer y no moverme, como psicológicamente por no relacionarme con nadie. No me apetecía estar con la gente de aquí, pero tampoco me apetecía hablar con la gente de allí. De cara a todos los demás todo seguía igual, yo estaba feliz con las clases, estaba feliz con Madrid y con los chicos. Pero no era así.
Con las de Madrid me inventaba excusas para no salir de casa. Que si estaba enferma, que si tenia la regla, que si me había surgido nosequé. No quería salir, simplemente quería tumbarme en mi cama y punto. Tampoco es que estuviera triste, simplemente mi cuerpo me decía que me quedara en casa, y mi mente siempre estaba de acuerdo.
Pero llego la semana. No se porque, pero fue una semana en la que si que estaba triste. Pero no del palo desanimad,a si no triste de verdad. No le veía sentido a nada, ni a ir a clase, ni a salir, ni a hablar con la gente, ni a comer, ni a ver películas. No le veía sentido ni siquiera a leer. Cuando empece a perder las ganas por todo, lo único que me dejaba hacer mi cuerpo era llorar. Llorar todas las noches, todas las mañanas, todas las tardes. Simplemente llorar. Meterme en la cama (o no salir de ella) acurrucarme y repetirme a mi todas esas cosas malas que tenia encima para hacerme llorar. Que cruel se ve ahora que lo pienso. Pero en ese momento mi amor propio no existía. No diré que me odiaba porque no lo hacia, simplemente me era indiferente para mi misma. Y eso es lo pero que te puede pasar. Puede darte igual la gente, puede darte igual todo, pero darte igual a ti misma? Que te de igual ser cruel contigo, o que te de igual comer o no comer. Eso es lo peor. No deje de comer por nada físico, no. Simplemente no me apetecía. Mi cuerpo no necesitaba energía porque no la iba a utilizar.
Si hago una recapitulación de los problemas tampoco tenia tantos, echaba de menos a mi gente si, en mi familia las cosas estaba volviendo a ir hacia abajo después de remontar un poco, las clases iban mal porque no iba directamente, echaba de menos mas que nunca al chico que me gustaba, me sentía fatal físicamente, pero tampoco lo veo tanto como para no poder llevarlo, en algunos momentos he estado peor y lo he superado. Imagino que fue lo de mi familia lo que me hizo estar así. Principalmente porque las cosas volvían a estar mal, y yo una vez me planteaba volver con ellos y dejarlo todo. Todos se apoyaban en mi, todos. Y creo que el no tener a nadie que me apoyara a mi me hizo derrumbarme. Pero derrumbarme hasta caer en un abismo del que pensaba que no podía salir. En esos momentos solo podía ver oscuridad. Y pensareis que es una tontería, porque al fin y al cabo 'no es para tanto' pero que queréis que os diga, llevar toda una vida encima tu sola, sin ayuda sin nada, es difícil. Y las dificultades me sobrepasaron. Puedo llevarlo perfectamente si yo me apoyo y me doy fuerzas, pero cuando ni yo misma me animaba? Cuando lo único que pensaba era en lo malo? Así nadie puede seguir adelante.
Y esto fue justamente lo que tuve que cambiar.
Fue una noche como otra cualquiera en realidad, pero llegué a mi punto máximo. Me pase horas y horas y horas llorando, ni siquiera sabia como para. No había comido ni cenado, mi cuerpo estaba realmente fatigoso, me dolía todo y no tenia energía ni para levantarme a coger un pañuelo. No dormí absolutamente nada. Pero al día siguiente como había estado haciendo todos esos días que tenia que ir a clase (al menos un día a la semana para que nadie notara que algo iba mal) me seque las lagrimas, me vestí y salí de casa. Pero no llegue a clase. Porque a medio camino no podía continuar, estaba realmente cansada. Así que me volví. Y cuando llegue a casa, me mire al espejo. Vi a una chica con unas ojeras increíbles, con los ojos rojos y con los labios fruncidos. Había ganado peso (porque las pocas veces que comía me hinchaba de dulces o comida basura) y tenia la imagen de una chica que en cualquier momento iba a desfallecerse. Las manos me temblaban, me dolían las piernas y la espalda. Y sobre todo, vi una mirada que nunca me había visto, una mirada triste (he sentido tristeza otras veces pero siempre era yo misma triste, pero yo al fin y al cabo), y con un brillo de sálvame por favor. Y no me reconocí. Por primera vez en mi vida, no me reconocí al espejo. Era no era yo. Y ahí me di cuenta de cuanto daño me estaba haciendo a mi misma, sin quererlo o igual queriéndolo. No podía seguir así las cosas tenían que cambiar. Tenia que volver a mi vida, tenia que recuperar a la Sara que siempre he sido, la chica fuerte. Necesitaba volver a ir a clase, porque tenia que labrarme mi futuro, volver a recuperar a mis amigos y volver a comer. Pero sobre todo tenia que volver a apoyarme a mi misma, tenia que darme todas las fuerzas que pudiera. Y eso hice.
No fue fácil empezar. Pero lo que me dio el empujón final fue el medico. La excusa que les puse a todos fue que tenia mal la barriga, pero en realidad fui porque tenia el cuerpo tan echo polvo que alguien tenia que verme. Y la medica fue al que me dijo que tenia que empezar a cuidarme: tenia que comer mejor, dormir mas y hacer mas deporte. Mi cuerpo estaba físicamente bastante jodido no tenia bien nada. Tenia un principio de anemia y si no le ponía remedio iba a llegar al punto de tener que ingresarme.
Así que le hice caso, porque no quería acabar así, y también porque mi familia no necesitaba tener que cuidar de mi. Que si, se que volvemos de nuevo al ser el apoyo de todos y que nadie sea el mio, pero en mi defensa diré que esta vez ya volvía a estar yo misma para ser el soporte. Siempre ha sido así y es como mejor me siento.
De esta visita al medico ya hace dos semanas. Empece a comer sano y bien, hacer ejercicio un poco cada día, yendo a clase cada día, saliendo con mis amigas, recuperando a mi gente de allí, leyendo estudiando, haciendo trabajos...Empece a buscar planes que hacer en mis ratos libres, busque cosas que me llenaras. Me abrí un blog para escribir sobre literatura. Y me puse metas. Metas simples, pero muy importantes para cambiar esa actitud. Pero lo mas importante que hice fue cambiar el pensamiento. No se ni como lo logre pero de un día para otro, mi mente cambio. Me sentía fuerte para salir adelante con todo, sin importar nada. Y hoy después de dos semanas y pico puedo decir que estoy contenta. Que ya no me siento para nada como aquellas semanas (claro esta que algunos bajones tengo, pero simplemente cuando pasa algo realmente malo) pero me siento bien, es mas, me siento genial conmigo misma. Siento que tengo las cosas claras y que me puedo comer el mundo. Siento que puedo con todo lo que echen a mis espaldas y mas, y sobre todo siento que, a ratos, soy feliz de nuevo.
AmoresprohibidosPublicado el 29 de noviembre de 2016
Archivado en sentimiento dolor depresion amor familia amigos soledad personal

1 Comentarios

  • Babi

    que buen texto, me siento muy identificada con el

    30/11/16 12:11

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