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Calor de Otoño

Trato al viento con la misma actitud del vencedor vencido, con el mismo cariño de un beso en una carta de amor. Momento culmine de una catástrofe hecha canción para calmar un alma en guerra, afrontando desdenes en un lunar, de un beso intergaláctico que nunca sucedió pero espera la tierra para enterrar su deseo. Fogoso sueño de volar, de sentirse libre y gritar la caricia, esa caricia que muere en un par de manos frías, en una cabeza que busca azorrarse en algún hombro.

Si me preguntasen porqué la quiero, no hay respuesta, simplemente la quiero sin preámbulos. Bajo la lluvia suceden los milagros, amor hecho magia blanca cuando el beso interfiere al suceso, amor hecho magia negra bajo sabanas, magia y fuego al mismo tiempo, con un reloj que deja al minutero tecleando en falso para dar paso a la eternidad del momento. Aturdido de pensamientos salto al vacío para encontrar, encontrarte aunque no estés. Del principio al fin y un poco más allá, terminé por recrear consejos que me ubican en el mismo puerto, una y otra vez.

Es tarde, la madrugada fría y la neblina que solo deja ver pocos metros, los dedos por congelarse atados a escribir para no dejar manchado al corazón, sintiendo anécdotas y sueños apenas reales. Poco sabrás lo que te quiero realmente, sobre mis mentiras que jamás intentaron ser verdades, sobre los intentos invisibles que hago para verte sonreír, minúsculos y a veces poco efectivos, pero cada oportunidad presentada no la dejo pasar. Chapado a la antigua, de cartas y escasas veces flores, chocolates y poesías, de sueños mirando noche y la compañía del cigarro que redime a mi yo escritor.

Si me preguntasen porqué la quiero, no hay respuesta, simplemente la quiero. Veré estrellas de día bailando un compás errado cuando el brillo de unos ojos cansados pestañean apunto de rendirse. Mis metáforas se entienden viviendo lo intenso de la sonrisa que desgarra un alma, con el trato indiferente que a veces me das, quizás lo áspero de mis palabras tengan lo suave de tu piel algún día y podré conquistar el mundo aunque no te invite un café.

La sienes me aprietan más fuerte que un niño a su juguete, mis ojos pesan de cansancio vetusto porque la palabra nunca duerme y a su vez tampoco mi corazón; distraigo al gélido viento hablándole de ti sin que lo sepas. Si hoy me hablasen del amor, sonreiría con alguna lágrima que intenta fugarse, sin miedo, lo supero un poco más.

Tengo un libro que está escrito al revés y una canción sin letra, las manos atadas y un corazón en la garganta, salto al vacío sin moverme de mi escritorio, y busco, siempre busco, un poco de ti en cada suspiro que le soplo al café, solo por verte sonreír
06 de junio de 2018

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2 Comentarios

  • Regina

    Una delicia el leer tan buenos escritos, saludos cordiales.

    06/06/18 01:06

  • Luia

    Buen relato, original, diferente, otra cosa.

    Saludos

    07/06/18 05:06

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