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Frente a la Barbarie.3.

El bar se había convertido de un plumazo en un modesto anfiteatro romano en ruinas como si de una tragedia griega se tratase, donde Poseidón dios de los mares, Agitador de la Tierra y generador de terremotos, hubiese descargado toda su furia. El animado ajetreo de los desayunos matutinos, se había transformado en lúgubre sinfonía de quejidos, gritos y lamentos entonada por una maltrecha pléyade de personas aterrorizadas, malheridas y agonizantes.
Cerca de donde antes se encontraba la puerta de acceso al local, empezaron a elevarse lentamente una capa de cascotes sobre un palé de ladrillos que se encontraba apoyado sobre dos sillas destruidas tiradas en el suelo, como el resto del mobiliario. De debajo del escombro emergió llena de polvo y heridas superficiales con pantalón y blusa hechos jirones, Rocío, que tras un último esfuerzo con un grito posterior lleno a partes iguales de rabia y de extenuación, quedó impávida observando a su alrededor un auténtico campo de batalla, con gente que empezaba a levantarse y huía despavorida, personas intentando socorrer a sus compañeros y amigos y unos pocos cuerpos inertes entre los restos de la explosión. No había nada en pie ni recuperable en la parte del bar que antes cubriera la cristalera. La barra también se había venido abajo en toda su extensión a consecuencia de los objetos que habían impactado en ella, salvo un escaso metro y medio que se apoyaba con tabique de obra en la pared interior y le había servido de apoyo.
En el interior de la cocina, que había conservado la estructura aunque todos los enseres habían caído al suelo desperdigándose por cada uno de los rincones, Javier se afanaba con un extintor en apagar el pequeño incendio que había empezado a crecer, al prender unos paños de tela en los fuegos de la cocina, donde estaba friendo calamares... Por suerte pronto pudo atajarlo sin que la cosa fuera a mayores.
El problema estaba fuera.

Con él habían quedado a cubierto de la catástrofe, sus tres ayudantes, así como el propietario, Manuel y su amigo Pascual que por suerte para ellos habían seguido su tertulia matutina picando algo entre fogones. Ambos, aunque achacosos por la artrosis que padecía uno y la insuficiencia cardiaca del otro, habían salido bien parados en el envite con el destino y con lentitud lograron ponerse de pie para comprobar con cierta satisfacción que se encontraban de una pieza. Sin embargo el panorama que asolaba todo a su alrededor y sobre todo cuando salieron a la sala, se les tiñó el ánimo de amarga realidad.
Más aún.
Javier una vez dejó el pequeño foco apagado, salió como una exhalación como una lagartija por la rendija que quedaba en el vano de la puerta hacia lo que era el infierno, su infierno mental desde que oyó la detonación en el solar de al lado, con el cerebro corroyéndole las entrañas...
Una vez Pascual se centró, su primer pensamiento fue para su nieta, de la que tan orgulloso estaba y por la que ahora temía lo peor a tenor de cómo estaba todo dentro y lo que se vislumbraba a través de la ventanilla de comanda, fuera. Así que armándose de valor salió apoyado en uno de los ayudantes de cocina, Sergio, ya que su amigo se encontraba igual, si no más torpe que él y el piso estaba intransitable. Tras conseguir abrir la puerta, con mirada inquisitiva escudriñó el interior de la barra y al fondo sentada sobre un paquete de latas de refresco, recostada en el ángulo que formaba la pared y el lateral de ladrillo de la barra, con las dos manos sujetando un puntero de obra, de hierro clavado en el flanco derecho del abdomen, se encontraba su nieta, que se le adelantaba en el saludo:

- Hola abuelo, ¡qué alegría, que te encuentres bien! - con voz tierna aunque entrecortada, faltándole el aire a cada palabra y con intensas punzadas de dolor cada vez que se movía mínimamente la barra.
- Anita, mi niña...- sin poder contener las lágrimas, acercándose a abrazarla, una vez que Sergio con sumo cuidado le despejó un poco el camino, retirando aquello que molestaba y lo que todavía podía caerse encima.- No te muevas mi vida. Enseguida conseguimos ayuda y te llevamos al hospital.
- Me duele abuelo y ya no sé como ponerme, con esto aquí dentro- con desazón-.
- Lo sé cariño, pero eso no lo puedes tocar. Se hará coágulo alrededor y en quirófano te lo podrán quitar con más medios. Si lo quitas puedes romper algo, sangrar mucho y...
- No te preocupes,... que no me toco, que ya te he entendido...- con resignación.

De la nada en el ángulo de visión de los dos, allí acurrucados, apareció una cara conocida para Ana, que le dejó estupefacta...
- ¡Hola! Tu abuelo tiene razón. ¡Toma!- dándole un paño limpio -. Presiona alrededor pero no muy fuerte&
- Pero si tú...tú... estabas ahí delante,... ¡Es imposible!, ¿Cómo...?
- La verdad es que por poco. Reaccioné rápido tirándome al suelo como en las rutinas del gimnasio y tuve suerte de que un par de sillas y unas tablas me hicieran de tejadillo salvador. Está claro que hoy no era mi día, ni el vuestro. Esto es un auténtico caos, de momento nadie ha puesto orden y fuera parece que reina la anarquía , la locura y la desesperación. Así que ha llegado el momento de reconducir esto. Voy a salir un momento a la calle y enseguida estoy con vosotros. ¿No os vayáis a ir, eh?- terminó con cierta mofa.
- ¡Muy graciosa ha salido la niña! Pues mira, cuando vengas estaremos en una cafetería de la Plaza de España, tomando chocolate con churros- sacando fuerzas de flaqueza para seguir la chanza.
- ¡Bendita juventud!- sonreía Pascual. - Hasta en el infierno tendrían ganas de guasa- concluyó.

Rocío fue sorteando los distintos obstáculos en la enruna y a medida que salía fue gritando a todos los que allí se encontraban, que aquel que pudiese caminar, se reuniera con ella en la puerta. Nadie protestó en demasía por lo que interpretó que entre los ilesos al menos no había ninguna persona que tuviera que ver con la medicina o la emergencia.
Tras reunir una docena de personas y cerciorarse de que la ayuda no había llegado todavía, empezó a organizar a los que habiendo resultado indemnes, no habían huido. Se identificó e inició lo que ella creía que debían hacer:
- Vamos a ver. Ya véis cómo está el panorama y cuando se organice el rescate, aun siendo rápido, habremos perdido un tiempo precioso. Así que si estáis de acuerdo vamos a clasificar a los heridos por orden de gravedad- un murmullo repentino- Os voy a explicar un par de cosas, aunque duro, la persona que ha fallecido no podemos hacer nada por ella y la que esté muy,muy grave no va a poder llegar al hospital....
Hubo quién ante esta exposición dejó el grupo y se fue con su familiar o amigo. Rocío nada podía hacer. Los que quedaron seguían con atención,
- ¿Qué hacemos? ¿Los sacamos...?- un entusiasta -.
- Nada de mover a los heridos- cortó de forma tajante-. Eso puede resultar fatal para ellos. De entrada vamos a intentar identificar a los que puedan andar, dentro y fuera del local e intentamos reunirlos en un lugar más seguro en la cercanía de este edificio.Serán los últimos en evacuarse al hospital si requieren atención médica.
- Yo me encargo- intervino un chico joven, fuerte, con espaldas de armario que trabajaba de peón en la obra de enfrente y la explosión le sorprendió pidiendo el almuerzo para él y sus compañeros de cuadrilla que todavía no habían llegado.
- De acuerdo...
- Raúl, me llamo Raúl...
- De acuerdo Raúl. Empieza con todos los que se encuentren en la cercanía. No se trata de obligar, sino de ayudar. El que se vaya, nada se puede hacer.
- Entendido - dejando el grupo y empezando a vocear alrededor-.
- Tenemos que identificar también a aquellos que pueden gritar pero no se pueden mover. No tenemos identificaciones por colores así que les pondremos una tela alrededor de la muñeca. Serán los de prioridad amarilla, cuando llegue el equipo de rescate.

Cinco personas se prestaron a tal empresa

- Por último, quedan los más graves y los fallecidos. Sobre todo vamos a intentar identificar a los que ya nada se puede hacer por ellos. Pediremos que intenten moverse a aquellos que no pueden gritar y le pondremos un trozo de tela en la cabeza. Será los más graves y de prioridad roja. Entre los que no gritan ni se mueven a la voz, necesito a alguien que venga conmigo
31 de agosto de 2018

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2 Comentarios

  • Remi

    En tu forma de relatar haces que este en medio de esa catástrofe, viendo con el corazón comprimido lo que pasa alrededor.
    Te sigo la historia Clopezn, un abrazo.

    15/09/18 09:09

  • Clopezn

    Muchas gracias. Un saludo cordial.

    17/09/18 03:09

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