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Frente a la Barbarie.6.

Frente al espejo. Capítulo 1
Frente a la barbarie (0-5) Continuación...

Tras las primeras zancadas, Marcel se dió cuenta de que la calle..., la manzana...se había vuelto intransitable. De la cortina de polvo, humo y niebla en la que se adentraba, surgían figuras humanas grotescas con lesiones y heridas en todos los rincones de su cuerpo. Bien a solas o ayudándose entre sí, con una mirada perdida, temerosa, histérica..., a cada una de ellas una fuerza interior de terror y pánico les inducía a escapar de aquel caos que habían interiorizado e integrado en un segundo, en todo su ser, como un infierno aterrador ante el que por nada de este mundo querían sucumbir en ese momento.
Un cuerpo cayó violentamente delante de él sin llegar a golpearle. Era una señora de mediana edad que lanzó un alarido estremecedor al tropezar con un obstáculo en la calle y aterrizar en la costra del pavimento. Tendida en el suelo con sus gafas un metro por delante de ella con los cristales rotos, se afanaba en buscarlas a la vez que intentaba ponerse de pie para continuar la carrera de su salvación. Marcel, intentando tranquilizarla le ayudó a incorporarse interesándose por su estado, mas la mujer una vez se vio de pie con las gafas en la mano, como si su cerebro estuviera abducido, continuó su huída.
Decenas de personas lo esquivaban a uno y otro lado en su fuga, mientras él presuroso se acercaba cada vez más al solar en construcción con el corazón en un puño, temiendo encontrarse con el peor de sus augurios.
Empezó a escuchar en las inmediaciones voces de agentes de la autoridad que intentaban poner orden al desalojo de la zona. Poco después la ciudad se impregnaba de la banda sonora que interpretaban las sirenas de coches de policía, ambulancias y bomberos que en oleada partían de los lugares de retén iluminando como un árbol de navidad las calles, en dirección hacia la catástrofe. Muy cerca de allí se improvisaba en el pabellón de un colegio cercano el "Puesto de Mando Avanzado".
Marcel con el pulso acelerado llegó hasta el límite del solar, cuando una mano vigorosa le asió del brazo impidiéndole continuar a la vez que una voz enérgica bajo una gorra azul calada hasta las cejas, le explicaba que no podía pasar y debía abandonar el área de la explosión inmediatamente. Sin ademán violento, pero sí decidido, contestó que era médico y debía pasar para iniciar el triage como primer facultativo en llegar. Ajeno a su argumentación el agente de la policía local, le continuó prohibiendo el paso, aduciendo que en esos momentos se estaba descartando la existencia de algún artefacto explosivo que hiciese aumentar la catástrofe durante el rescate, para lo cual se estaba acordonando la zona.
Impotente con los ojos bañados en lágrimas de rabia no le quedó más remedio que permanecer a la espera, habiéndole dado eso sí, permiso para acceder en el momento en que la zona fuera considerada segura para realizar las labores de evacuación y rescate de las víctimas.

En el mismo origen de la explosión unos gritos se apoderaron del lugar compitiendo con los de los heridos.
- ¡Julián, Juliaaa..án!¡No, no, nooo....! - con la contradicción que supone esa mezcla de determinación y desesperación, Javier voceaba sin descanso el nombre de su hijo en aquella obra de aspecto cataclísmico y fantasmagórico en aquel instante, donde parecía un milagro que quedase rastro de vida.

Al pasar al lado de las ruinas de lo que habían sido hasta ese momento las oficinas, un sonido sordo, le estremeció haciéndole albergar un rayo interior de esperanza de "acabar con bien" aquel trance. Parecía el golpeteo de una madera sobre algo metálico, pero por más vueltas que daba en derredor, no lograba hallar el origen, entre aquel amasijo de escombros, hierros y arena.
De repente los golpes cesaron y Javier empezó de nuevo a gritar como un poseso. Una voz lánguida contestó aquella letanía de angustia. No era Julián..., pero alguien pedía ayuda. Por fin tras el pedazo de una pared quebrada alcanzó a vislumbrar lo que parecían las bañeras de hierro fundido que habían descargado el día anterior, rodeadas de inodoros arrancados de la conducción de los aseos de las oficinas. Por un pequeño vano entre la pared y una de las bañeras se agitaba un trozo de madera rectangular perteneciente a uno de los palés. Se apresuró sobre el escombro que impedía salir a aquella persona atrapada e intentó desplazar la pared que casi tapaba totalmente el espacio, pero fue incapaz. Inspeccionó los alrededores y a unos pocos metros encontró una maceta y un cortafríos. Regresó hacia la pared y cuando se disponía a golpear el puntero con la maza a unos veinte metros enfrente de él una voz le inquería sobre las razones que le hacían estar allí. Haciendo caso omiso de aquella figura "extraterrestre" que le ordenaba a voces que se estuviera quieto, logró asestar un golpe certero sobre el cortafríos que agrietó la pared de tabiquero, cemento y yeso sobre uno de los lados de la bañera, haciendo que como si de un tejado de dos aguas se tratase, las dos partes del escombro se elevasen en el centro y se deslizasen hacia los lados, abriendo el agujero necesario para liberar la persona allí retenida..

- Pero estás loco...- continuaba un miembro de los TEDAX.- Es que quieres que saltemos todos por los aires.

Una cabeza con el cráneo pulido lleno de arena y cemento en polvo, rodeado de escaso pelo corto incrustado en plastrón de barro asomó del hueco con ojos inquietos y desorbitados, sin dar crédito a lo que ante él se mostraba. Javier ante el segundo requerimiento, una vez había logrado su objetivo, permaneció inmóvil esperando indicaciones de quién a su entender era un integrante del equipo de protección civil o algo parecido.

- No se muevan. La zona es peligrosa y se podría producir una nueva detonación en cualquier momento. Desconocemos las razones de la explosión y hasta que no exploremos la zona descartando la existencia de explosivos, esta área debe quedar libre de actividad. Quédense quietos donde están, mientras descartamos cualquier amenaza potencial en el trayecto de evacuación- .

Dicho esto los dos miembros del grupo de artificieros mediante inspección visual y con los dispositivos de rastreo, fueron acercándose al lugar donde José sentía haber vuelto a nacer en medio de aquella total aniquilación material. Aturdido e incrédulo de estar de una pieza, con la cabeza embotada pero con fuerza suficiente para salir por su propio pie, con ayuda de Javier, y una vez los miembros de los TEDAX llegaron hasta ellos, fueron evacuados del lugar a pesar de la resistencia del padre de Julián que insistía en continuar la búsqueda de su hijo, convencido de que se encontraba sepultado bajo aquellos cascotes y consciente de que cada minuto que pasará jugaba en contra de su supervivencia.

A veinte metros los gritos que en la cabeza de Julíán sonaban desesperados ante las voces que reconocía de su padre, apenas eran un susurros al viento inaudibles.

Una vez Marcel asumió que no le iban a dejar pasar y hacer la búsqueda de Rubén por su cuenta, empezó a percibir toda la actividad, que aparte de las personas que abandonaban el lugar como podían a toda prisa, se estaba produciendo en el interior del lugar del infortunio. Un grupo numeroso de gente se congregaba en zona segura, al lado de lo que quedaba de la fachada del afamado bar de almuerzos que tanto había frecuentado en sus años de estudiante. Se percató de que además de las personas que esperaban fuera, dentro, en lo que quedaba del local, también se acertaba a ver trajín de aquí para allá. Este hallazgo le hizo perseverar de nuevo ante el agente para que le permitiese franquear el cordón de seguridad, sin que por ello cambiase la respuesta:
- Tengo órdenes de que nadie entre en el perímetro hasta que se descarte el potencial peligro de nuevos artefactos. Quién permanece todavía dentro está a la espera de que se les evacúe con las medidas adecuadas de seguridad-.

De repente sonó la emisora de radio:
- Aquí "Puesto de mando avanzado", les habla el director de operaciones. A todas la unidades, los TEDAX han dado luz verde a la evacuación. Repito, hay luz verde para iniciar la evacuación de las víctimas. Se inicia el operativo de rescate según el protocolo establecido. Hagan lo que mejor saben hacer. Hay mucha gente que depende de su profesionalidad y entrega. Buena suerte.

Tras acabar la comunicación, sólo fue necesaria una única mirada cómplice entre Marcel y el policía local. Como un rayo cruzó el cordón, pero en lugar de dirigirse al interior del solar, se encaminó hacia lo que quedaba del bar con la ilusión de encontrar allí a Rubén, abrigando la esperanza de que hubiese terminado presta la inspección y estuviera esperándolo tomando el almuerzo, dada su impuntualidad, cuando todo se desencadenó.
A medida que se fue acercando fue descartando que alguno de aquellos que esperaban, fuera él. Pasó junto a ellos y llegó a lo que hacía unos minutos era la gran cristalera del bar, ahora arrancada con violencia de la fachada que había desaparecido en gran medida, haciendo el techo inestable en su parte exterior. No obstante entró y observó víctimas que yacían en el suelo con tiras de tela en la muñeca o en la cabeza, como si alguien se le hubiese adelantado en sus intenciones.
Al lado de lo que antes correspondía a la puerta de entrada al local, descansaba un cuerpo cubierto por un mantel. Por un instante quedó paralizado y un sudor frío empapó cada centímetro de su cuerpo de cabeza a pies. Tragó saliva y tras dar dos pasos hacia el cadáver, unos zapatos de salón con tacón fino en ante burdeos que salían bajo la tela, le hicieron suspirar liberando toda la presión concentrada en un instante.

En el otro extremo de la gran sala derruida, ensimismada y ajena a lo que en ese momento hacía cualquier otro, una profunda emoción consternaba el alma de Rocío mientras un aluvión de lágrimas agolpadas humedecían sus mejillas repentinamente y sin previo aviso, respetando el emotivo silencio de su corazón.

25 de noviembre de 2018

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