La Fortaleza Se Evapora, a Veces.

Ya de noche. Tengo la carne de gallina. Se nota que el invierno hace ya días que nos dió la bienvenida. Sin embargo, continúo caminando. De momento, no me he puesto ningún límite, tampoco una meta. Pensándolo mejor, hay un lugar que me gustaría visitar. Si, no está muy lejos de donde me encuentro ahora mismo. Solo hay que seguir recto toda esta calle, y cuando vea una edificio un tanto llamativo, girar a la izquierda.
Aquí estoy, me siento, este lugar es un sitio perfecto para hablar. De hecho, la mayoría de nuestras charlas han transcurrido aquí. Ambas sentadas, relajadas con la oscuridad de la noche. Para cualquier otra persona no dejaría de ser una parada de autobús.
Esta vez no había nadie. A lo largo de toda la acera seguía sin haber nadie. Incluso en ninguna de las aceras había alguien. En cambio, ahí me encontraba yo, sin ganas de nada-incluyendo charlas-, ni de nadie. Por unos instantes, llegué a creer que la odiosa soledad me provocaría menos dolor que una multitud de personas. Después de que pasara algún tiempo no conseguí obtener una respuesta firme. En cambio, al abandonar la calle, llegar a casa y encontrar un abrazo me dí cuenta de lo que echaba de menos el hecho de sentirse arropada por alguien.

Al parecer, no consigo ser lo suficientemente fuerte como un día me planteé serlo.

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