El Secreto de la Casa Abandonada

Érase una vez, una casa abandonada frente a la ventana de mi casa, ahí, en ese lugar, donde días muy felices de mi niñez habitaron con muchos de mis juegos imaginarios.

En aquellos años, a una temprana edad, fui niño por mucho tiempo, pues al mundo real les confieso que llegue tarde, pero no me arrepiento, hoy hago lo mismo, cuando el mundo me cansa, me voy por aquella ventana.

Aquella casa abandonada, cuya historia nada sabía, estaba cruzando la calle donde vivíamos, no justo en frente, era llegando casi a la esquina, pero de mi casa la veíamos sesgada, y por un hueco en la maleza muy escondido, cruzábamos el límite, y así de fácil cambiaba nuestro mundo.

Recuerdo que aquella casa estaba en ruinas, no tenía techos, y solo algunas paredes se mantenía en pie, pero había mucha vegetación, y algunas futas que comíamos como parte de nuestra exploración.

Además, había laberintos formados por infinidad de hojas enramadas, varios escondites donde desaparecíamos hacia la nada, árboles y más, el resto de aquel mundo, lo llenábamos con nuestra imaginación.

En aquel entonces, cuando el mundo me aburría, o no lo comprendía demasiado, recuerdo que miraba por aquella ventana, y sentía que aquella distancia era mágica, luego mi imaginación lo planeaba todo, buscaba un cómplice de viaje real, y con la promesa de una aventura asegurada para el día siguiente, ya cambiaba todo mi mundo, solo restaba vivirlo.

La emoción y la felicidad de aquellos vividos recuerdos, los detalles de un escenario tan simple y esplendido, no necesitaba más. En aquella casa abandonada, que todavía puedo correr, jugar, respirar toda la libertad, podía ir cuando quisiera, mis amigos imaginarios siempre estaban ahí, al igual que mis héroes de turno, lo tenía todo, en donde los sueños no venían del futuro, pues todo lo que necesitaba estaba ahí, no había distancia posible, donde el pasado presente y futuro se mezclaban en uno solo tiempo, el aquí y el ahora.

Como si todo esto fuera poco, el secreto de este lugar era sagrado como el canto alegre de un pequeño duende que habitaba el lugar, este nos advirtió, que, si le revelábamos su nombre a alguna persona real, el desaparecería para siempre, como también la casa abandonada, y no lo veríamos nunca jamás.
Aquella casa abandonada todavía la puedo ver por mi ventana, aunque ya no viva allí, y aunque ya no exista la casa abandonada, solo a una ventana de distancia, de lo que parecía la nada, en aquel lugar habitaron mis mejores recuerdos, mis mayores aventuras, mis amigos, momentos muy felices, aquel sol que iluminaba todo a su antojo y color, aquel aire donde todo era posible, donde mis pasos no dejaban huellas, donde las aventuras eran reales.

Tal vez mi razón hoy, no tenga muy claro que sucedió allí, o donde estaba exactamente cada pared abandonada, pero lo que sí tengo muy presente, es lo feliz que fui en aquella casa abandonada, nadie nunca podrá imaginar lo feliz que un niño puede ser en una casa abandonada.

Es como un gran amor, ¿acaso quien puede recordar todos los besos dados?, ¿las caricias acumuladas?, ¿todas las miradas encantadas?, y los sueños que soñamos mil y una noches.

Así fue parte de mi niñez en aquel lugar, los detalles se los llevo el tiempo, pero con el poder de la imaginación y el corazón, pude ver nuevamente por la misma ventana que ya no está, e ingresar nuevamente aquella casa abandonada, donde todavía habitan los principales recuerdos de mi niñez, donde aquel duende, el de las melodías alegres, todavía no puedo revelar su nombre; pues el secreto sí, todavía existe......de lo contrario este recuerdo, se habría borrado para siempre de mi corazón, y jamás se los hubiera podido contar.

28 / enero / 2018

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4 Comentarios

  • Regina

    Entrañable historia muy conmovedora, felicidades Diegozami.

    28/01/18 09:01

  • Remi

    Que bonita historia, yo tenía un lugar así donde jugar, la imaginación no tenía limites allí.
    Un saludo Diego.

    29/01/18 04:01

  • Diegozami

    Gracias Regina...otras vidas, otros mundos.
    Saludos.

    30/01/18 03:01

  • Diegozami

    Remi, tal cual tú dices, por algo la imaginación puede mas que la voluntad.

    Saludos.

    30/01/18 04:01

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