Analogías Vitales (reflexiones)

Aplicando el detector de los índices sociológicos descubrimos que, aunque las formas varían, los fenómenos vitales de nuestra especie humana persisten de manera análoga en todos los tiempos si hacemos análisis comparativos. Podemos suponerlo porque los impulsos trascendentes se forman a través de características innatas en los hombres y las mujeres de todas las épocas; aunque se configuren de maneras distintas, los parámetros siguen interpretándose de manera similar (no digamos igual pero sí similar) a la hora de interpretar la vida. Y uno de los parámetros universales es dicha interpretación. A veces se vuelve conocido lo extraño y a veces se vuelve extraño lo conocido, pero las relaciones entre ambas percepciones vitales siguen las mismas pautas a través de los siglos.


Es por eso por lo que para conseguir nuevas vías de pensamiento tenemos que utilizar ideas que se incorporan a lo común del tiempo que estamos viviendo pero que, analizadas en su interior (dejando de lado la manera externa en que se presentan), vienen a significar ecos de parámetros universales que a todos nos alcanzan. Lo individual y lo social son dos vertientes que encuentran siempre un punto de unión en lo íntimo de los seres humanos. Antes, ahora y después.

Siempre se postulan ciertas representaciones (como los pensamientos políticos, las teorías económicas y las creencias religiosas), que son como simbolizaciones ritualistas cargadas de significaciones específicas inalteradas y, por ello, no pueden reducirse a una simple representación fenomenológica ya que se manifiestan de manera maximalista a través de los siglos.

Hablemos, pues, de las analogías vitales que nos acercan los unos a los otros. El fundamento racional del hombre y de la mujer es, metafísicamente, una dimensión estructurada en base a lo humano y la presencia de lo divino en lo humano. Es por eso por lo que la inteligencia y la fe se conjugan como partes expresas, de manera intensiva y expansiva, de nuestras vidas y, por eso mismo, no pueden ser eliminadas jamás por más que algunos se empeñen en basar todas nuestras existencias en una cultura secularizada que no permita la realización instintiva de nuestra especie. Yo creo que el objetivo principal de las ideas es permitir al individuo sumergirse en el problema de su propio ser en conflicto con su propia esencia; porque mientras el ser es un concepto social la esencia es un concepto espiritual. Y ambas analogías vitales son inseparables.

¿Cómo se forma la inteligencia humana? Estableciendo puntos de contactos entre un ser humano y sus potencializaciones emocionales y racionales. Podemos decir que se asemejan, por poner un ejemplo literario, a una sinonimia; es decir, que el humano es a su idea como su idea es a su pensamiento. Así que la inteligencia es una continua expresión del pensamiento donde las analogías vitales cumplen una función profunda. ¿Si yo fuera un ser distinto al que soy pensaría y sentiría de la misma manera que pienso y siento siendo como soy? Quizá no; pero tampoco podemos negar la posibilidad del sí si es que tengo en cuenta que las mismas experiencias que vivo tal como soy las hubiera tenido siendo otro ser distinto. Y esto lo intuyo porque creo que la exégesis primordial de una persona reside en su interior y en la forma interna en que razona sobre lo que practica. Si fuera otra persona pero tuviera las mismas experiencias que tengo siendo como soy, y pensara y analizara de la misma manera en que pienso y analizo como soy, yo sería la misma persona.

No me refiero al envoltorio físico (persona) sino a la personalidad (persona realizada en sí misma). He pensado muchas veces en ello y llego a la conclusión de que si mi realización personal se basa de la misma manera, con las mismas experiencias y pensamientos derivados de dichas experiencias, yo tendría la misma personalidad fuese como fuese mi presencia física. Porque, a pesar de ser de otra manera, seguiría siendo el mismo ente que soy. Y el ente es superior a la persona porque es la persona en sí misma y no otro distinto.

El dramaturgo Maurice Materlinck decía: La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada. Y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo. Me quedo reflexionando entre la una y la otra, entre la desesperanza de no saber nada y la esperanza de ignorarlo todo. Parece una misma cosa y, sin embargo, son tremendamente distintas. Entre las razones que nos hacen ver todo lo que no sabemos y la fe que nos hace presentir todo lo que ignoramos hay todo un complejo mundo de caminos a seguir& son los caminos de la existencia humana; esas largas avenidas (a veces estrechos vericuetos) por donde paseamos con nuestras almas en medio de un mundo que se confirma en la materia y en el espíritu. ¡Ancha avenida de los pocos saberes! ¡Cuán ancho es tu espacio! ¡Estrecho vericueto de lo que ignoramos! ¡Cuán largo es tu camino! Entre las desesperanzas materiales y las esperanzas espirituales somos los humanos una especie de héroes en medio de la batalla de la existencia.
Pensamos en nosotros mismos y, de repente, resulta que la melancolía está sujeta a nuestra alma en esas oscuridades amigas donde encontramos siempre el impulso verdaderamente redentor. Cuando salimos de nuevo a la luminaria de la brillante sonrisa vemos cuánta hermosura dejó en tu interior la oscuridad amistosa que nos hace recordar al alma. Son cosas de la analogía vitalista de cada ser humano.

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2 Comentarios

  • Clopezn

    Entre excelentes aseveraciones a lo largo del texto con contraposiciones de conceptos,sublimes, me quedo con esta frase final

    "Entre las desesperanzas materiales y las esperanzas espirituales somos los humanos una especie de héroes en medio de la batalla de la existencia"

    por ser un fiel reflejo de la lucha que la mayoría de nosotr@s libramos en esta sociedad que nos toca vivir.

    Muy buenas reflexiones.
    Un saludo cordial.

    28/03/18 11:03

  • Diesel

    ¡Excelente tu comentario Clopezn! Me ha gustado tu síntesis. Un abrazo cordial.

    31/03/18 09:03

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