Melquisedec (teatro Cristiano)

ACTO PRIMERO

ESCENARIO.- El aposento alto de la casa de Abraham en la ciudad de Hebrón. Abraham y su esposa Sara acaban de terminar el almuerzo y están descansando en el diván cuando se oye un tropel de pisadas subiendo por las escaleras hasta que irrumpe en el aposento un guerrero llamado Oriel hablando en voz alta sin que se pueda entender con claridad qué es lo que dice.

Oriel (hablando precipitadamente).- ¡Abraham!... ¡Abraham!... ¡Ha sido un desastre!..

Abraham.- ¡Silencio! ¿Qué manera más impropia de un buen guerrero es esta de no respetar que yo soy el jefe militar de Hebrón? ¡Dime qué es lo que ha sido un desastre pero que te pueda entender lo que dices!

Sara.- ¿Es necesario que esté yo presente, mi amado Abraham?

Abraham.- Mejor es que os retireis a vuestra habitación puesto que esto se trata solamente de hombres y para hombres. Pero antes de irte sírvenos dos copas de vino.

Sara se levanta y se dirige al mueble bar mientras que Abraham lo hace sentándose en la cabecera de la mesa e indicando a Oriel que se siente a su derecha. Sara sirve los vinos aprovechando lo que hay en una gran jarra de latón y dos copas también de latón que se encuentran en el mueble de madera.

Sara (disculpándose).- Perdona, gran señor mío, que os sirva del resto que queda en la jarra pero no corren buenos tiempos y el vino está empezando a escasear; así que es necesario apurar el máximo posible.

Abraham.- Estás perdonada mujer... pero no me gusta que esto se haga costumbre...

Sara se marcha de la escena.

Abraham.- Ya puedes hablar con tranquilidad, Oriel. Bebe un trago, cálmate y aclara la voz.

Oriel (tras beber un trago de su copa y con la voz ya clara).- ¡Jefe! ¡Jefe! ¡Ha sido un desastre! ¡Nuestros enemigos han triunfado en el Valle de Siddim!

Abraham (preocupado).- ¿Es que se ha celebrado alguna batalla en el Valle de Siddim?

Oriel.- Se ha celebrado pero no como triunfo sino como derrota.

Abraham.- Cuéntame.

Oriel.- Te lo voy a resumir para no estar demasiado tiempo contando. Resulta que ante las conquistas de nuestros enemigos Quedarlaomer rey de Elam, Amrafel rey de Sinar, Arioc rey de Elasar y Tidal rey de Goím, en el infausto día de hoy, han salido a combatirles Bera rey de Sodoma, Birsa rey de Gomorra, Sinab rey de Adma, Semeber rey de Zeboím y el rey de Zoar de cuyo nombre ahora no me acuerdo pues me encuentro totalmente nervioso.

Abraham.- ¿Y cómo se ha producido la derrota de cinco reyes ante cuatro?

Oriel.- En gran parte por la cobardía de nuestros amigos y en gran parte por la existencia de los pozos de asfalto. Se habían secado de petróleo líquido pero los agujeros podrían haber estado todavía llenos del burbujeante líquido. Los guerreros, en su desesperada huida de la furia del ataque enemigo, cayeron en estos agujeros y murieron. Fue un momento desastroso para todos ellos.

Abraham.- ¿Perdieron demasiada honra?

Oriel.- Los atacantes orientales escaparon con mucho botín y con muchos cautivos que. como bien sabemos, terminarán siendo esclavos.

Abraham.- ¿Algún conocido mío se encuentra entre ellos?

Oriel.- Uno a quien queréis mucho.

Abraham.- ¿De quién se trata?

Oriel.- De vuestro sobrino Lot.

Al oír el nombre de Lot, Abraham no pudo aguantar la ira.

Abraham.- ¡Bien sabía yo que mi sobrino cometía un grave error al preferir separarse de mi lado! ¡La culpa es por el afán de ser más rico que los demás!

Oriel.- Perdón por mi sinceridad, gran señor, pero su sobrino Lot es más bien terco.

Abraham.- Por discutir sobre un poco de tierra más o un poco de tierra menos prefirió salirse de mi protección y, en lugar de quedarse conmigo en el encinar de Hebrón, al norte, donde estamos bien protegidos de los enemigos, prefirió la llanura de Sodoma y Gomorra desprotegidas por completo de cualquier defensa natural.

Oriel.- Se comenta que esas ciudades no son de fiar, jefe Abraham.

Abraham.- ¡Ahora no es momento para hablar de ello pero sé que tendrán un fatal destino de seguir las cosas de esta manera!

Oriel.- ¿Y sabiendo ese destino os arriesgáis a morir en su defensa?

Abraham.- No mueren quienes los hombres deciden que mueran sino que mueren los que Yahveh así lo quiere y Yahveh está conmigo desde que hicimos el Pacto entre él y yo. ¿Con cuántos hombres cuento para combatir a los cuatro reyes del mal?

Oriel.- Los he contado de una manera exacta. Sólo podemos combatir con 318 siervos fieles mientras que nuestros enemigos se cuentan por miles.

Abraham.- ¿Sabes de alguien que nos pueda apoyar con sus ejércitos?

Oriel.- Por el interés que tienen en no caer en manos de los demonios contamos, sin duda alguna, con las ayudas de Eber, Escol y su hermano Mamre.

Abraham.- ¡Aunque no contaramos con la ayuda de nadie, por nada del mundo voy a permitir que Lot sea un esclavo de esos salvajes! ¡Dad la señal de alarma porque vamos a combatirles ya que quien es dado a matar también debe ser dado a morir y es voluntad de Yahveh que salgamos victoriosos ante las fuerzas de los paganos!

Oriel.- ¿Cuándo ordenáis, jefe Abraham, que salgamos a darles batalla?

Abraham.- ¿Tienes miedo, gran y fiel guerrero Oriel?

Oriel.- ¡Protegido por Yahveh ni conozco el miedo ni lo he conocido jamás!

Abraham.- ¿Cuál dirías tú que debe ser la hora de atacar para alguien que no conoce el miedo ni lo ha conocido jamás?

Oriel.- ¡En el mismo instante en que Yahveh quiera!

Abraham.- ¡Ahora mismo! ¡En estos mismos instantes!

Oriel.- ¡Es ya de noche, gran Abraham!

Abraham.- ¡De noche también se vive y de noche también se muere al igual que de día también se vive y de día también se muere! ¿Cuál es la diferencia, Oriel?

Oriel.- ¿Qué Yahveh es quien decide a que hora se gana y a qué hora se pierde?

Abraham.- Entonces reúne a los 318 valientes proque tengo que despedirme de Sara. Cuando salgas haz el favor de decir que venga ante mi presencia.

Oriel desaparece de la escena y diez segundos más tarde aparece Sara.

Sara.- ¿Me han dicoh que os vais a la guerra?

Abraham.- Y os han dicho una gran verdad.

Sara.- ¿Y si no vuelves?

Abraham.- ¡Volveré! ¡Vivo o muerto pero volveré! ¡Si vivo será para ser ejemplo y si muero solamente para ser recuerdo! ¡De alguna de esas dos manera volveré para escribir mi nombre en el Libro de los Elegidos!

Y tras besar a Sara en la frente salen los dos del escenario.

CAE EL TELÓN Y FIN DEL PRIMER ACTO.

ACTO SEGUNDO

ESCENARIO.- Camino por donde regresan los vencedores bajo el mando de Abraham. Vienen haciendo sonar sus trompetas en señal de victoria pero se les ve cansados. Llegan con varias carretas llenas de botines y con los esclavos liberados.

Abraham.- ¡Gracias, valientes, porque vuestro ejemplo servirá para nuestras futuras generaciones!

Oriel.- ¡Yahveh está con nosotros! ¡No podía haber sido de ninguna otra manera!

Abraham.- Espero que, por fin, mi sobrino Lot tenga mejor uso de su sentido común y abandone las tentaciones de Sodoma.

Oriel.- ¡Insisto, gran jefe Abraham, en decir que Lot es demasiado terco y es difícil que haya aprendido la lección!

Abraham.- ¡Ya le tengo advertido que algún día Yahveh le dará un escarmiento!

En ese momento aparece Melquisedec con su séquito porque ha salido al encuentro de Abraham. Éste se arrodilla ante el Sumo Sacerdote quien le bendice.

Melquisedec.- ¡Bendito sea Yahveh, Dios Altísimo creador del cielo y de la tierra porque él ha tenido piedad y te ha guiado hacia la victoria!

Abraham (Arrodillado).- He jurado al Señor, Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra, que no tomaré ni un hilo ni una correa de zapato, ni ninguna cosa tuya, para que no digas "Yo enriquecí a Abraham". Nada tomaré, excepto lo que lo que los jóvenes han comido y la parte de los hombres que fueron conmigo: Amer, Escol y Mamre. Ellos tomarán su parte"

Melquisedec.- Es justa y sabia tu decisión puesto que agradecer a quienes nos ayudan es dar amor a quienes amor nos han dado.

Abraham.- He aprendido bien la lección de Egipto y no volveré a aceptar más la riqueza de los impíos, para evitar que digan las gentes que ellos me enriquecieron.

Melquisedec.- Existen lecciones que todos debemos aprender, Abraham, y me place que opines de esta manera.

Abraham.- ¡Gracias doy al Dios Altísimo por su bondad infinita y para honrarle a Él os entrego el diezmo de todo el gran botín que hemos obtenido tras derrotar y dar muerte a nuestros enemigos depojándoles de todas sus riquezas obtenidas por robos y asaltos a pueblos indefensos!

Melquisedec (dando orden a uno de sus siervos para que saque pan y vino).- ¡Bentido sea Abraham del Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo que entregó a tus enemigos en tu mano!

Abraham.- ¡Yo no soy digno de tu bendición, Grande entre los grandes, pero si es de Yahveh bienvenida sea!

Melquisedec.- ¡Levanta del suelo, Abraham, y nunca jamás te arrodilles ante ningún hombre ni ninguna mujer porque estás llamado a ser muy importante ante los ojos de Dios! ¡A partir de ahora arrodíllate solamente ante ese nuestro Dios Altísimo!

Abraham (se levanta y abraza con Melquisedec).- A diferencia de Lot, que ha preferido seguir buscando las riquezas de Sodoma, yo no quiero tener nada que ver con ellas.

Melquisedec (acabado el abrazo).- Es cierto que veo con gran extrañeza que vuestro sobrino Lot no viene con vosotros.

Abraham.- Uno podría suponer que Lot habría aprendido su lección con el secuestrO, pero se ve que no ha aprendido nada, ya que él y su familia regresaron de nuevo a Sodoma.

Melquisedec.- No pasará mucho tiempo, Abraham, en que Yahvveh se hastíe de Sodoma y Gomorra y las haga desaparecer de la faz de esta tierra que está llamada a ser santa. Entonces veremos si Lot aprende o no aprende la lección.

Abraham.- Te pido perdón, Grande entre los grandes, por haber sido yo causa de muerte para algunos de tus descendientes.

Melquisedec.- Has de saber Abraham que mi corazón no alberga nada en tu contra por haber matado a algunos de mis descendientes pues no tengo padre, ni tengo madre, ni tampoco tengo geneaología alguna puesto que sólo soy Sumo Sacerdote del Dios Altísimo.

Abraham.- Tanta humildad os eleva a la categoría de Grande entre los grandes a imagen y semejanza de quien tiene que venir.

Melquisedec (dando una orden a sus siervos).- Sacad pan y vino y repartirlos entre todas estas gentes, puesto que son hombres que vienen fatigados de la guerra y necesitan ser recompensados.

Oriel.- ¡Tal generosidad os honra sobremanera, Gran Señor!

Melquisedec.- No se es Gran Señor por mérito personal alguno sino solamente por designio del Dios Altísimo. Yo nací siéndolo y he de vivir siéndolo por toda la eternidad.

Oriel.- ¿Es que es cierto que no tenéis ni padre, ni madre, ni genealogía alguna?

Melquisedec.- Yo no soy quien estáis pensando que soy sino alguien que anuncia la llegada de quien estáis pensando que soy. En cuanto a repartir el pan y el vino entre todos vosotros es una ofrenda de paz tal como indica la Tora aconsejando que es lo que hay que hacer entre los escogidos.

Oriel.- ¿Quién sois en realidad?

Melquisedec.- Soy el llamado Rey de Justicia. Y como Rey de Justicia pongo a mi diestra a los hombres y mujeres del Bien y pongo a mi siniestra a los hombres y mujeres del Mal. Quien viene detrás de mí confirmará lo que os digo.

Oriel.- Muchos sabemos que eres Rey de Salem y que como Rey de Salem pasaréis a la Historia como uno de los inmortales puesto que sois nacido a imagen y semejanza de Dios o sea Dios mismo. Eso es lo que se habla entre las gentes y los pueblos de Salem y cercanías de Salem.

Melquisedec.- Un día llegará en que Salem pase a ser conocida como Jerusalén, la Ciudad de Yahveh, porque Jerusalén significa Ciudad de Paz y es necesario saber que Él bendice, en esta Tierra, a los hombres y mujeres de buena voluntad. Yo no soy Él sino sacerdote a perpetuidad entronizado a la derecha de Él. Considerad pues, entonces, la grandeza que os será otorgada por no haber tenido ni la más mínima duda en ofrecerle el diezmo de todo vuestro botín y de todas vuestras riquezas.

Oriel.- ¿Es mejor dar mucho cuando se tiene mucho?

Melquisedec.- Es mejor darlo todo cuando no se tiene nada.

Oriel.- De esa manera sólo puede hablar El Elegido.

Melquisedec.- Llamadme pues El Elegido si es que queréis llamarme de verdad; pues la verdad está en mí al igual que la verdad está en Él. La verdad sólo es una. La verdad sólo es única. Todo lo que no es la verdad es mentira.

Oriel.- ¿Qué merito es mejor, la sabiduría o la moral?

Melquisedec.- En verdad en verdad te digo, joven y valiente guerrero, que la sabiduría sin moral es vana y todo lo que es vano no produce nada que sea bueno para los hombres y mujeres temerosos de Dios. Y ahora regresad todos a vuestros hogares y decid por toda la Tierra que Yahveh, nuestro Díos Altísimo, es la única verdad porque no existen dos verdades diferentes. Dejad vuestros diezmos y que Yahveh os bendiga todos los días de vuestras vidas.

SE BAJA EL TELÓN Y FIN DEL SEGUNDO ACTO.

ACTO TERCERO

ESCENARIO.- Antesala del Templo de Salem. Se encuentran sentados Melquisedec y su fiel sirvienta Emuna.

Emuna.- Gran Señor de Señores. ¿Es cierto que Salem será llamada Jerusalén.

Melquisedec.- Escierto, bella Enuma. Y Jerusalén quiere decir Casa de Cristo; lo cual significa que es la Casa de los Cristianos y todos los que no lo sean tendrán que dejar de decir que les pertenece porque son falsos y mentirosos. Jerusalén es cristiana y solamente cristiana.

Emuna.- Dicen las gentes, mi Gran Señor, que vos no tenéis edad alguna.

Melquisedec.- ¿Qué es la edad según tú imaginas, bella y fiel Emuna?

Emuna.- Lo que empieza para después terminar.

Melquisedec.- Eres sincera, Emuna, pero estás en un error.

Emuna.- ¿Dónde encontráis dicyo error en mis palabras?

Melquisedec.- En que no existe edad cuando eres solidaridad con la existencia.

Emuna.- ¿Es que sois El Hijo de Dios?

Melquisedec.- Existe mucha ignorancia acerca de la verdad del Hijo de Dios; pero quiero que sepas que yo soy la prefiguración del Hijo de Dios.

Emuna.- ¿Y qué significa ser prefiguración, Gran Señor de Señores?

Melquisedec.- Representación anticipada de algo.

Emuna.- ¿Es que vo no sois el Mesías que todos los doctos dicen que sois?

Melquisedec.- ¿Es la verdad posesión de los doctos?

Emuna.- Supongo que sí, Gran Señor de Señores.

Melquisedec.- Yo soy Gran Señor de Señores pero no Rey de Reyes. He ahí la verdad que no poseen los doctos.

Emuna.- ¿Eso afirma o niega la cuestión?

Melquisedec.- Quienes afirman que yo soy El Mesías deberían demostrar que eso es cierto. El hecho de que nadie pueda demostrar que lo que afirma es cierto conlleva una razón implícita y esa razón dice que es falso. Yo peudo decir que anoche fui a la luna y regresé esta mañana y nadie puede afirmarme que es falso pero existe la razón que proviende directamente de Dios y demuestra que yo no estuve anoche en la luna. Yo puedo también afirmar que mi burro sabe volar, pero que no le gusta ahcerlo delante de otras personas. Nadie puede probarme que es falso, luego soyo yo el que tengo que demostrar que es cierto y mientras que los demás lo afirmen no deja lugar a dudas de que los demás se equivocan.

Emuna.- Y sin embargo muchos se empeñan en afirmarlo.

Melquisedec.- Si alguien afirma que yo y el Mesías prometido somos la misma persona me haría un gran favor si viniera a mí para explicármelo cara a cara en lugar de ir diciéndolo a mis espaldas. A mí no me gusta buscar la verdad sino encontrarme con la verdad sin tener que buscarla.

Emuna.- Pero vos sois el Grande entre los Grandes y eso indica que quizás seáis el Mesías que todos esperan ver.

Melquisedec.- Soy Sumo Sacerdote pero hay muchos que han sido, son y serán también Sumos Sacerdotes. Si todos nosotros somos iguales todos seríamos Cristo. ¿Eso es verdad o eso es mentira?

Emuna.- Es evidente que eso es mentira.

Melquisedec.- Dios da una tal sobreabundancia de inteligencia a los que creemos en él que nos convierte en sabiduría. Por eso los ignorantes confunden las cosas. Ser el más sabio de los sabios no te convierte en Dios sino en una prefiguración de Dios.

Emuna.- ¿Y no tendrán algo de verdad los ignorantes?

Melquisedec.- Voy a ser totalmente honesto contigo, bella Enuma. Yo soy sumo sacerdote desde que nací pero El Mesías será constituido y proclamada Rey de Reyes y Sumo Sacerdote de todos los Sumos Sacerdotes cuando llegue a la cruz; algo que yo no soy capaz de hacer. Yo sólo le precedo y por eso la Ley dice que el Mesías será sacerdote según el orden de Melquisedec. Son las fuerzas del Maligno quienes os quieren confundir paraquitarle el mérito de ser Él el verdadero y unigénito Hijo de Dios.

Emuna.- ¿No os parece demasiado enigmático como para poder entenderlo?

Melquisedec.- Simpliquemos entonces la cuestión. Si yo soy hecho semejate al Hijo de Dios es porque no soy el Hijo de Dios sino semejante al Hijo de Diso. El Hijo de Dios no es semejante al Hijo de Dios porque es el verdadero Hijo de Dios. Una semejanza no es aquello a lo se asemeja sino solamente que se asemeja pero no lo es.

Emuna.- ¿Entonces por qué se dice que no tenéis genealogía?

Melquisedec.- No es porque no la tenga sino porque nadie se ha dedicado a seguirla desde sus orígenes y por eso carezco de ella. Sin embargo el que vendrá sí la tiene porque está escrita. ¿Lo has comprendido bien?

Emuna.- Explicado de esa manera es muy fácil de comprender.

Melquisedec.- Bella Emuna... si yo fuera Cristo todos me llamarían Cristo... y sin embargo todos me siguen llamando Melquisedec... luego yo no soy Cristo... porque si lo fuera todos me llamarían Cristo y dejarían de llamarme Melquisedec... si yo te llamo Emuna es porque tú eres Emuna y no María y si tú me llamas Melquisedec es porque yo soy Melquisedec y no Jesús... creo que ya lo he dejado bien explicado. ¿He sido convicnente?

Emuna.- Tan convincente que ya nadie tendrá duda alguna.

Melquisedec.- Pues ya que no hay duda alguna sigamos siendo lo que cada cual es.

Se marchan los dos del escenario.

SE BAJA EL TELÓN.

FIN

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1 Comentarios

  • Diesel

    Jesucristo es el Camino, Jesucristo es la Verdad y Jesucristo es la Vida.

    08/06/17 01:06

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