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Vecinos

Harto de navegar entre mares de renglones, tomo mi teléfono para llamar a quien pueda sacarme de esta situación. Me sorprendo al ver el la hora, las ocho de la noche. Deslizo con mi dedo índice la lista de contactos hasta la letra P. Mi vecina tendrá que tenerme paciencia. No nos vemos desde hace de un mes, quizás más.

Media hora más tarde estamos ambos en mi habitación, oyendo rock de fines de los noventa. Sobre la mesa hay una botella de cervea de 1.2 litros, dos cañas vacías, una cajetilla de cigarros, un montón de documentos -fruto de mi ardua tarea de hoy-, y mi computador portatil.

Le digo que estoy harto, que estoy todo el día estudiando, que no tengo ideas para ejercer la escritura creativa, que el tiempo pasa y que nos estamos poniendo viejos, que a veces me siento solo. Pero también le cuento cosas buenas, que mi relación marcha bien, aunque tenemos yo y mi pareja poco tiempo para estar juntos.

Ella me cuenta que su padre la abandona, que es un hijoputa, un semi humano desleal, machista, homófobo y qué se yo. Pero ya son varios los años que nos separan de ese momento, me dice, pues fue cuando tenía catorce o quince. Yo la miro y deduzco, entonces, que pasan de cinco a seis años ya de eso. Me dice luego que siente que el tiempo vuela, que se le escurre entre los dedos. Yo siento lo mismo y creo que ella lo sabe.

Aunque las palabras iban y venían fluidamente, no me extrañó que el haber hablado un poco más que ella. Sin embargo, en comparación con otras ocasiones, ella habló bastante, lo que en parte me produjo alegría. Le conté algunas cosas íntimas sobre mi pololo y nos reímos juntos de aquellas cursilerías que tanto nos agradan.

Unos minutos después, le dije que estaba madurando una idea acerca de una serie de cortometrajes para una divulgación de algunos temas de ciencias sociales. Me dijo que si lográbamos concretar un proyecto, ella consideraría seriamente ayudarme con la imagen del producto final. Marketing.

Y así se nos fue el tiempo, se nos fue la cerveza, se nos fueron los cigarros, se nos fueron las palabras. Nos fuimos de la pieza con muchas ganas de seguir bebiendo, mas ella tenía que cumplir con ciertas responsabilidades al día siguiente. Se nos fue todo, menos las ganas de seguir compartiendo. Le ofrecí ir a dejarla a su casa y ella aceptó.

Poco antes de la media noche salimos de mi casa y nos dirigimos hacia la suya con cierta prisa. Ella me hablaba de su cumpleaños, de cierta fiesta -a la que al parecer ya estaba invitado. Yo le sonreía y asentía con frecuencia. Ningún perro callejero paseaba esta noche, cosa extraña. Todos los animales estaban tumbados en el suelo, como si hubiesen estado drogados o muertos. Tendidos todos en el suelo a pesar del frío. Nos paramos frente a su casa e incómodamente nos despedimos. Nos queremos mucho como amigos, e imagino que ambos lo sabemos. Ambos tenemos cierta dificultad relacionándonos con las personas, pero nos esforzamos por encajar.
Kafkizoid115 de junio de 2015
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vecinos amistad cotidiano

3 Comentarios

  • Norma

    el tener a alguien con quien hablar hace mucho bien.
    saludos

    16/06/15 05:06

  • Luisjose

    Kafkizoid1!!!:) Compartir con amistades, empatizar, es algo muy bueno! el poder converzar, de cosas de que no siempre se hablan y generar confianza, ayuda a calmar muchos recuerdos del Alma!!! Un Gran Abrazo!!!! : )

    Luis J. Cabrè!

    16/06/15 05:06

  • Kafkizoid1

    Gracias por los comentarios

    Así es Norma, a veces uno siente que son indispensables.

    y Luisjosé, toda la razón. Es un cable a tierra

    17/06/15 11:06

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