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El Nombre

Corría. Solo corría, dejando que el suelo desapareciera detrás de sus pies, embebidos en sangre.
Había olvidado ya todo lo que dejaba a sus espaldas. Solamente recordaba que tenía que correr, sin detenerse, nunca.
Ni siquiera podía pensar en aquello que la obligaba a hacer esto. No lo recordaba. Lo único que llenaba sus pensamientos, colmándolos hasta lo más profundo, dominándolos hasta la demencia, era ese temor que, aunque tenía un nombre, ella procuraba olvidarlo, para no tener que pronunciarlo jamás.
Solamente el recuerdo de ese nombre era suficiente para ella. Era lo único que la impulsaba a continuar, a pesar de su angustia, su cansancio, y el torrente de lágrimas que volvían su vista borrosa.
El sitio a donde iba se había perdido también en su memoria, si es que iba a alguna parte en realidad. No importaba. Todo era lo mismo. Lo único importante en ese momento, y para siempre, era alejarse de ese nombre.
Sus pies ardían como fuego. Sus huellas estaban teñidas de carmesí. No lo pensó dos veces antes de abandonar todo lo que conocía en este mundo.
Lo único que importaba era alejarse de ese nombre.
Kili18 de febrero de 2010

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