La Mala Conciencia

Sólo le quedaba un cigarrillo, pero la mala conciencia no la dejó cruzar la puerta del estanco. Sentenció: el último. Se sentó en un banco, lo encendió aspirando fuerte, hundiéndo las mejillas y soltando una gran bocanada de humo, decidió no seguir mintiéndole. No a él. Que durante años siempre fiel, siempre honesto, había permanecido a su lado.
Empujada por un ataque de sinceridad, apuro hasta el filtro la última calada, se metió tres chicles en la boca y emprendió el camino a casa. Entonces lo vio, saliendo del estanco, encendiendo con su viejo zippo, un ducado. Sorprendida, espero a que cruzara la calle, luego, liberada, entro en el estanco.

24 / febrero / 2018

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5 Comentarios

  • Voltereta

    Que malas son las infidelidades, al final siempre acaban por descubrisre. Me ha encantado la forma tan sutil, de llevar el relato.

    ¡Chapeau!

    Un saludo.

    24/02/18 07:02

  • Lasombra

    Como siempre, muy amable Voltereta, ya ves la mentira siempre deja huella.

    25/02/18 10:02

  • Remi

    Me parece un horror trasmitir un sentimiento de culpa a otra persona, criticando lo que hace, y tu, precisamente, no haces lo que predicas.
    Muy buen relato, un beso.

    25/02/18 11:02

  • Danae

    Un acierto la manera en que has contado la historia.
    Un abrazo

    28/02/18 06:02

  • Lasombra

    Gracias a las dos!

    01/03/18 06:03

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