Publicado por Lostwind el 06 de abril de 2015.
Sonríes y en tu sonrisa no hay alegría, te cuentas alguna u otra mentira para no estar en la honda negativa, y te aferras a ello. Es hora de ponerte la máscara, sales a la calle y debes aparentar que todo va de maravilla, caminas entre la gente, pero eres superior a ella, porque los cueros odian la luz, les miras con esa "felicidad" a los ojos y empiezan a huir como ratas. Les molesta que no huelas como ellos y no tengas los mismos problemas. Notas que todo es una preciosa farsa, no lo haces a propósito, sino que te encanta el juego, echas más gasolina a la hoguera, empieza a arder más y más, el placer ya es extremo y al final llegas a un punto del dominio total, contemplas todo lo que hay a tu alrededor y recuperas tu felicidad imaginativa, recuperas lo que es tuyo, recuperas aquellas sonrisas perdidas, recuperas aquel momento cuando tuviste sus ojos delante de ti durante unos instantes tan fugaces como eternos a la vez, recuperas aquella sensación y sobre todo, recuperas tu mente y la pones en marcha de nuevo.

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