Longevidad

Su padre también le dejaba conducir la furgoneta igual que lo hacía su madre, los fines de semana en los que le acompañaba a ver a los abuelos. Era vieja. Al pasar de segunda a tercera gemía, cómo un anciano al levantarse. Su avance siempre pausado, hacía un paseo cualquier desplazamiento. Tenía los días contados. No bombeaba suficiente gasolina, perdía aceite y no conseguía refrigerar bien, cuando el trayecto era un poco largo, debían para al menos una vez. Con la tapicería gastada y arrugada, parecía sucia sin estarlo. Pero para su precaria economía, les era infinitamente útil aún. ¿Quien sabe cuanto viviría?

30 / junio / 2018

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3 Comentarios

  • Clopezn

    Encuentro en tu texto un buen reflejo de la sociedad actual en el aspecto material y humano. Por una parte un consumismo desmedido sometido a las modas que llevan al usar y tirar sin control y por otra nuestros mayores a los que hacemos sentir muchas veces como una carga sin ningún papel relevante.
    Me ha gustado lo que me han hecho pensar tan pocas frases.
    Un saludo cordial.

    30/06/18 01:06

  • Diegozami

    Original como siempre.

    Saludos.

    02/07/18 05:07

  • Niebla

    Gracias Clopezn, a menudo nos parece que lo viejo es inútil.
    Diego, gracias.

    Un saludo a los dos.

    02/07/18 07:07

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