TusTextos.com

No Era Como Las DemÁs

"No era como las demás". Eso siempre se dice en las películas. Pero es que ella, ella no era como las demás. Yo, un hombre con complejos, había estado con muchas mujeres: altas, bajas, morenas, rubias, delgadas, entradas en carnes, con labios finos, con labios gruesos, locas, demasiado cuerdas... Pero es que ella... ella era tan normal y tan rara a la vez... Ella era tan diferente...
Ella salía de la cama después de hacer el amor, porque decía que se le había ocurrido un bonito verso para su próximo poema. Ella le cantaba a las flores para que creciesen felices, que tienen sentimientos, decía, pero el único sentimiento que yo conocía era el que me hacía temblar de deseo cada vez que ponía su mano en mi pecho. Ella, ella acababa hablando sola cada vez que había una noticia sobre lo sucio que estaba el gobierno, porque yo dejaba de escucharla. No porque quisiese, si no porque me hipnotizaba el movimiento de sus labios. Al final la cogía de la mano y le besaba la muñeca, siguiendo el sendero que me llevaba hasta su boca. Yo parecía invisible cuando estaba con ella, porque se quedaba en silencio, pensando en cosas que jamás te contaba, hasta que volvía a poner los pies sobre la tierra y me decía "te quiero", sin más, y luego trepaba por mi cintura hasta adentrarse en mi cuerpo por cada poro de mi piel. Eso sí que era la puerta de entrada al paraíso. Eso era más bello que los jardines del Edén. Yo solía quedarme embobado cada mañana, cuando desde la cama podía observarla tomándose su café, aún medio desnuda, y me hacía sentirme el hombre más afortunado del planeta cuando se daba cuenta de que la miraba y se echaba a reír después de preguntarme por qué la contemplaba y de contestarle yo con una sonrisa. Y tenía muchos defectos, porque aunque para mí fuese una diosa omnipotente, ella solo era una chica veinteañera con la cabeza muy bien amueblada, pese a todas sus locuras, y yo un chico algo más mayor, que se había enamorado perdidamente de ella cuando a penas tenía diecisiete años. Pero ella, con todos sus defectos y con todas sus locuras, me había cuidado más que nadie, porque jamás quiso cambiar mis defectos. Nunca quiso cambiar mi peinado de sicario, y nunca me aconsejó, así como tantas otras personas hicieron, que me afeitara ese bigote que tenía que me hacía parecer tan extraño y huraño, porque según ella, era mi signo de identidad y ella lo acariciaba como si fuese el lomo de un gatito. Así que ahora, me voy dando cuenta de que he cometido un error. Que me he marchado intentando cumplir mi sueño, pero en realidad, me he dado cuenta que en mis sueños está ella, y es porque no la tengo a mi lado mientras vivo. Que lo único que quiero es despertarme cada día y verla preparando su café, mientras escribe algún verso que después me dedica. No quiero más que eso. Y todo lo demás... todo lo demás puede esperar.
16 de agosto de 2017

Lo recomiendan

4 Comentarios

  • Remi

    ¡Que bonito Olivia ! La sencillez de tu relato y como entrelazas una frase con la otra con sentimiento , me ha conmovido .

    16/08/17 06:08

  • Oliviaferrer

    Muchísimas gracias, Remi, es la primera vez que decido publicar mis relatos y me he puesto a saltar de alegría al recibir tu comentario. De veras, muchísimas gracias.

    16/08/17 07:08

  • Chay

    Este texto es real,tan real como que somos él y yo....Joder,Olivia..es como si lo hubieras visto por un pequeño agujerito...A esto lo llamo yo una obra maestra.Un beso.

    24/10/17 12:10

  • Oliviaferrer

    Bueno, bueno, un placer y besos.

    24/10/17 03:10

Más de Oliviaferrer