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El Rumor Del Cedro

El cedro de la entrada está desconocido desde que te fuiste.
Ha invertido su pirámide y resignado los brazos, implorando una dosis más de esa brisa balsámica que brotaba a tu paso.

Su murmullo me devuelve tu sierra.
Pantone exacto de aquellas tardes contigo, Magic sobre la hierba recién segada, el filtro del komorebi entre los acericos verdes, el fuego descolgándose del cielo de pizarra.

Ahí fuera, el aliento de las cumbres me esquiva.
Se ha extinguido la incandescencia del granito.
En el mes de las líridas, de la tierra anémica sólo surten estrías de polvo.
Por el camino ya no asomarán cuellos de dama, larguetas ni lágrimas de albillo.

Y, sin embargo, aquí dentro eres más que mi mejor memoria.
Cuando en mí chispea libre tu esencia, lo cotidiano adquiere la grandeza de una obra de arte.
A veces te reprocho que obviaras fraguarme para el peor de los desamparos. In media res.

El rumor del cedro me recuerda que siempre has sido mi momento favorito del día.
El arrollador despliegue de tu propia atmósfera marcaba las horas, un éter capaz de abrir ambas hojas de la plúmbea cancela, de secar el vetusto relente de los callejones sombríos.

Cicerón de casi todas mis ciudades, sigues siendo esa anotación escrita en tinta azul en mi carta de navegación: "Traza un borneo cuando desees comprender la naturaleza de una ola". Una corriente. Una tempestad.

Aval de claridad.
Tu sombra generosa escarpó la costa en Madrid e hidrató el vergel en Tabernas.
La genuflexión te elevaba, inventando tesoros en mi alma mientras avanzabas por la hilera de misterios, siempre luminosos.

Hoy crujen las raíces del cedro.
Yo las he invocado.
Las más profundas se han entregado a la luz por primera vez al encaramarse a mis piernas.

Busco la seda mística de tus manos huesudas, hoy las necesito más aún que entonces.
Me punzan las dudas que martillean con nervio los muros de la mente.
No sé si te sentiste correspondido como te merecías. Si realmente crees que pude hacer algo más.

Nunca acerté al tasar el verdadero valor de esa nobleza que te manaba como el sol en un contraluz.
Creí que sería perfectamente posible encontrarla también en los demás.

Hoy sigo trenzando abismo, destino e incertidumbre, mientras el raigón tira de mis entrañas y las lágrimas toman el pulso al suelo.
Patroclo04 de mayo de 2020
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dolor

7 Comentarios

  • Voltereta

    Un texto invadido por la nostalgia y el dolor que alimenta las raíces, de un árbol que sigue creciendo, a pesar de todo. Me gusta tu manera de expresar lo que habita tu interior y el paisaje de palabras que sirve de portada a tu ideario.
    Un saludo.

    04/05/20 08:05

  • Patroclo

    Voltereta,
    eres generoso. Gracias y un abrazo

    05/05/20 03:05

  • Diegozami

    Tienes una pluma que viaja por todos los recobecos del alma. Tu prosa,a pesar del dolor, es en este caso,es un verdadero deleite.

    Te felicito con total honestidad.

    Saludos.

    05/05/20 10:05

  • Indigo

    Tú prodigiosa narrativa posee un tinte de melancolía abrumador. Toca al lector, en mi caso, levemente. Eres diestro en ilustrar y en transmitir sensaciones.
    Saludos Patroclo.

    06/05/20 04:05

  • Bierrodot

    Patroclo, las raíces son vida, están escondidas porque lo que mejor se hace no se debe presumir.

    Maravillado de leerte. Eres excelente.

    11/05/20 07:05

  • Patroclo

    Voltereta, Diegozami, Indigo, Bierrodot,

    sois muy amables, os agradezco mucho el gesto

    15/05/20 06:05

  • Remi

    Se siente tu pesar en el texto cargado de una gran riqueza literaria. Un placer leerte Patroclo.
    Un abrazo.

    16/05/20 09:05

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