A Charo Se Le Paró El Reloj

Publicado por Polaris el 02 de septiembre de 2017.




Salamanca, mi tierra, hace escasa horas que he vuelto de ella, por primera vez en veinte años sin la madre de mi hijo, pues no estamos divorciando, he ido con él, para enseñarle los sitios donde transcurrió mi niñez, para que conozca donde están sus antepasados y para coger un puñado de tierra que siempre le recuerde de dónde viene.

Mi hijo tiene once años y su madre nunca quiso que pisará aquellos sitios por donde transcurrió mi infancia, a ella no le gusta alejarse más de veinte kilómetros de donde haya un Corte inglés, es alguien peleado con los insectos y la hierbas que crecen más allá de los talones, tan solo fui un par de veces, pero solo estuvimos los tres en la plaza mayor de Salamanca o en Béjar donde tengo al que siempre consideré mi hermano mayor, Tomás, primo de sangre, al quiero con locura.

Allí, en Candelario, pueblo precioso donde los haya, me reencontré con alguien del antaño que desgraciadamente, recientemente había perdido a su marido, su nombre es Charo, yo ya conocía a Charo de mis tiempos mozos, de cuando en las vacaciones andaba por allí, como hacienda sin dueño, volando a la velocidad del sonido y no respetando otra ley que no fuera la de la gravedad.

Charo me recordó algo que yo tenía olvidado, una vez que le di una vuelta en moto, en aquella flamante Kawasaki ZXR del 1991 a la que todo el mundo conocía como " La Telefónica ", por tener los mismos colores de marca Española de comunicaciones, ella por lo visto nunca ha olvidado aquella experiencia, que dejó en ella una mezcla de miedo y pasión por la velocidad que aquel día, máquina y nosotros dejamos fluir por el puerto de la Vallejera.

Charo es una mujer muy guapa, sensible, delgada, de ojos expresivos y boca de piñón, muy Charra, que es como se denomina a las Salmantinas, y durante tres días mi hijo y los suyos coincidieron en un sitio que solo puede definirse de fantasía, un lugar donde los castaños, cerezos, hayas, robles, quejigos forman un entorno que solo se pueden encontrar en los cuentos hadas, un sitio donde el agua brota como un milagro de la tierra y donde el viento susurra cuando traspasa las hojas de los árboles y los convierte en sinfonías donde alma encuentra refugio.

Durante tres maravillosos días conviviendo con mi familia y la suya me he vuelto a reencontrar con esta mujer, han sido horas maravillosas de conversación, de recuerdos y vivencias, pero sobre todo de encontrarme con su dolor.

Nunca antes en mi vida había encontrado un ser humano que quisiera y sintiera tanto amor por otro, su marido falleció hace algún tiempo, y ella sintiendo su muerte como si tan solo hubiese transcurrido una hora. Todo el mundo la trataba de proteger para no hacerle recordar, pero ella tan solo podía disimular su dolor por el día, detrás de unas grandes gafas de sol.

Charo me dijo en un momento en el todos estábamos sentados junto a un vieja mesa de madera y unos escaños de la misma, que para ella, el reloj se paró en el momento en que a su marido le dejó de latir el corazón, algunos quisieron salir al quite, nunca mejor dicho en Salamanca, pero yo vi que las agujas de aquel reloj estaban hincadas en su corazón, que aquellas lágrimas que brotaban de sus ojos eran producto del dolor que le producía aquellas manecillas, eran lágrimas de sangre, de dolor, de sufrimiento, eran las lágrimas más hermosa que he visto en mi vida, eran lágrimas de amor, Charo lo amaba tanto, que su vida se detuvo aquel día y tuve la impresión que si no había muerto desangrada era porque aquel amor era tan puro, que algo que no puedo explicar con palabras, hacía que desde algún sitio él, le suministraba esa sangre para seguir con vida, porque, ni siquiera sus hijos eran suficiente razón para proseguir.

Ella, Charo, deseaba acabar para siempre, desea morir, desea con todas sus fuerzas morir, porque cree que es la única manera de encontrarse con su marido, con el ser que amaba y que siempre amará, y todo aquello aunque tan triste, me pareció tan hermoso a la vez que desde entonces no puedo de dejar de pensar en ello.

El amor, palabra tan denostada, sacrílega para mí en estos momentos, durante unos instantes se convirtió en resurrección, el amor puro, genuino, limpio, transparente, auténtico de Charo me pareció una redención para el amor mismo y para nosotros, cuando alguien puede sentir ese amor de esa manera, hacé que vuelva a creer en el ser humano y vuelva a tener esperanza en él.

Me despedí de Charo con una abrazo, y no sin antes utilizar unas cuantas artimañas psicológicas que ella tenía ya superadas, a Charo y a su amor, no se le podían tender trampas tan burdas, me dijo que siguiera hacia delante, que yo podía rehacer mi vida, yo tenía todavía oportunidades pero ella no, a ella se le paró el reloj aquel día, y creo que tan solo espera que alguien o ella misma tengan o tenga, el valor de arrancarle las manecillas de su corazón para que su dolor acabe y su sangre mane en la tierra por siempre y para siempre, solo así creo que de ese modo, es la única manera que ella sabe que existe, para que su cuerpo se eleve y encontrar la luz que más anhela.

Salamanca, mi tierra, siempre fui buscando respuestas a ella, pero esta vez he venido lleno de preguntas que no sé responder, tal vez Charo sin querer haya dado un sentido a mi vida, teniendo el deber de responder esa serie de cuestiones.

¿Quién me lo iba a mí a decir cuando salí de Barcelona que un ser tan frágil iba tambalear todos esos cimientos que yo creí que estaban tan sólidamente asentados?

Un vez deje una huella en Charo, volando tan deprisa como la luz, ella completamente inmóvil he dejado una cicatriz en mí, que no sé si algún día curará, incluso me planteo que nunca cierre, si con ello puedo sentir aunque solo sea un segundo el sentimiento que ella siente y sentirá siempre por él.

Quiero decirte una cosa en primera persona Charo:

Una lágrima tuya, me ha enseñado más cosas, que toda la verborrea que te solté durante estos tres días, me hubiera gustado decírtelo allí antes de marchar, pero en el fondo soy tímido, y solo consigo ser yo cuando escribo.

Solo consigo reflejar mis sentimientos con poesía, y esta te la he dedicado a ti:



A Charo.







A Charo se le paró el reloj.







La inflexión aturdida de un cielo sin estrellas
Me dejo sin los momentos vividos
Tan solo con un corazón herido por las horas de un reloj.
Quise yo mover su tiempo
Engañar al destino indeleble
Avanzar a la luna, para que no saliera el sol a tiempo.

Y se paró el reloj
Y el céfiro derribó el árbol, cayendo el nido.

Aturdió el pensamiento soslayado,
Dejo mi cuadro vacío, en blanco, sin colores, ni esperanza
Vacía el alma, cadalso de historia hurtada, en mi diatriba
Todas las estrellas del firmamento que significado tenían
Tú en un instante las apagaste, como cuando, una rueca se queda sin hilo.

Y el tiempo lo traicionó a él
Y a ti quebró el reloj, evaporando el tiempo.

Te dejo un jardín lleno margaritas desojadas y se llevó las rosas
Solo te dejo las lágrimas para regar, y la sal seca para fabricar dos alas.
Para que volaras con ellas hacia el sol
Y que la cera se derritiera, para caer de nuevo en el momento exacto
Ese que llevas clavado, con las manecillas de aquel reloj, ahora sin tiempo.

La vida solo te dejó un reloj
Y el requiebro de un tiempo aturdido
Y en las noches no hay la suma de dos
Solo la noche suma de uno
Se detuvo el reloj
Y la vida se te llenó de ausencia.
De triste y amarga ausencia.

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3 Comentarios

  • Antoniof.lee

    Muy emotivo y evocador, gracias maestro.Un saludo cordial Polaris.

    04/09/17 06:09

  • Antoniof.lee

    Muy emotivo y evocador, gracias maestro.Un saludo cordial Polaris.

    04/09/17 06:09

  • Polaris

    Muchismas gracias Antonio por seguir mi singladura aquí en esta página, lo de maestro, no creo merecerlo, pero viniendo de una persona comprometida con la belleza poética y comprometido con la cotidianidad social, lo tomo como un halago.
    Gracias, de corazón.

    Pol.

    05/09/17 03:09

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