Hoy Quisiera Ser Otro Yo.

Publicado por Soledadgris el 01 de mayo de 2016.
Caminando un día en medio de la nada me encontré con una silla, a un lado de ella un espejo, del otro lado una ventana.
Me senté a observar por un rato, si alguna vez pensé que era buena en algo, fue en ello.
Miré el espejo, tan sólo vi mi silueta dibujada en el, calcada, me acomodé el cabello, me aburrí.
Volteé entonces a ver la ventana a mi derecha, parecía tan profunda, parecía que podía ver todo el mundo desde ella.
Comencé a ver a gente, comencé a pensar en ello.
Los vi caminando todos al mismo ritmo, envejeciendo al mismo ritmo, demasiado rápido, por cierto, si es que cabe mencionar.
Todos dirigiéndose al mismo lugar, todos yendo por el mismo camino, volteando la vista sobre las mismas cosas, fingiendo ser ciegos ante las mismas otras.
Todos partían sus caminos erguidos, mirando el cielo, con los ojos llenos de un sueño de algún día desplegar un par de alas y volar.
Todos acababan encorvados, como si algo los empujara al suelo, casi parecía que deseaba que acabaran arrastrándose para su final.
Todos sus cuerpos sin espíritu, llenos de tanto vacío.
Todos con sus mentes plagadas de superficialidad, amantes de la falsedad, de lo sintético.
Seguí viendo y descubrí luego que la encorvadura de sus espaldas no era sino que resultado de que llevaban pesadas cadenas en sus cuellos.
Trabajaron para tenerlas, dieron su vida por tenerlas, pues les dijeron que cada nueva cadena era un símbolo más de éxito y prosperidad.
Cargaban sus espaldas con cosas tan inútiles que jamás dejaron de estar detrás.
Y en el final, estaban tan encorvados que su rostro sólo miraba el suelo y ni siquiera les permitía verse unos a otros a los ojos a ver si algo de aquel sueño con el que nacieron sobrevivía allí.
Los vi engañando, los vi dañando.
Los vi lastimándose a si mismos, a su entorno, incluso a los que decían'amar'.
Los vi adorar a un Dios de amor con tal cinismo, tres horas, tres veces a la semana, para luego, a la cuarta hora, ya estar cercenándose entre ellos.
Me asqueé tanto con su nivel de maldad, que tuve que sostener las nauseas en la garganta.
Me entristeció tanto su falta de amor, de libertad, que tuve que sostener lágrimas en mis ojos.
Eran tantos en un mundo tan pequeño, y estaban tan solos, ensimismados.
No soporté seguir viendo tanta destrucción, me dispuse a cerrar la ventana y me dije que ya no la abriría jamás.
Contuve un poco la angustia que me había provocado en el pecho tanta realidad y decidí voltear.
Me encontré con el espejo, allí, de pie, esperándome.
Se veía tan profundo ahora como vi la ventana en primera instancia.
Vi mis ojos casi sin sueños, vi mi cuello con un par de cadenas además.
Vi mis manos con sangre de algún otro animal.
Vi mi mente llena de posesividad, escaseando el amor propio y por ende escaseando para regalar.
Me pregunté si me quedaba algo de espíritu dentro o si era una mera ilusión y ya estaba cerca del final igual que ellos.
Me pregunté si auto-diferenciarme así de ellos demostraba que era aún peor.
Me vi sin entender su mundo siendo que formo parte del mismo.
Me di cuenta que no había ventana ni espejo, sólo estaba el mundo y nosotros.
Sólo viéndome y viéndonos.
¿Y por qué no los entiendo?
Hoy quisiera tanto ser otra mujer, quisiera tanto no estar marcada por la tristeza que alguna vez sentí, hoy quisiera tanto amarme más, quisiera querer ser yo, hoy quisiera creer como creí alguna vez, en ti, en mi, en la vida, en lo imposible, quisiera ser libre y poder dar libertad, quisiera no tener miedo, quisiera tener mis ojos llenos de esperanza de que un día extenderé las alas y podré volar, quisiera tanto poder hacer y dejar de querer hacer. No sé si soy parte de la multitud y estoy fingiendo, o estoy fuera de ella, y por eso estoy perdida y a veces deseando ser parte, a ver si todo llega a tener sentido alguna vez para mi.
Hoy me perdí siendo todo yo y nada yo, todo ustedes y no uno de ustedes.
Hoy lucho contra mi naturaleza y contra lo impuesto, o lucho contra lo impuesto con mi naturaleza.
Me estoy ahogando en el temor y siento que ya no puedo escapar.
La asfixia más grande no es la falta de aire, es no poder vivir con él.

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