Contigo Siempre es Demasiado Tarde

Eva deslizó sus dedos por la estantería, una fina capa de polvo empezaba a depositarse sobre la yema de su dedo índice cuando éste se detuvo sobre un libro, el más sencillo de todos. Era el primer libro que había conseguido publicar, con escaso éxito, hacía ya diez años gracias a la madre de una amiga suya que trabajaba en una editorial. Sin abrirlo notó su aroma a ingenuidad, juventud y valentía y suspiró aunque, en realidad, no sentía nostalgia alguna de aquellos tiempos, suerte que los había dejado atrás. Sentía que había pagado el precio de los años y de sus errores intercambiando pasión por estabilidad e idealismo por realismo y, en ese absurdo intento por sentirse mejor consigo misma, prefería la persona tranquila, racional y madura que era ahora. Recordaba el libro que ahora mismo estaba señalando como demasiado inmaduro y adolescente para su gusto ahora adulto. Aun así no pudo evitar sentir curiosidad, una especie de fuerza extraña le empujaba a abrirlo…

“Medimos cada uno de los rincones de nuestra ciudad en besos, no puedo decirte cuantos kilómetros recorrimos, pero sí que fueron ochocientos veintiún besos. Recorrimos las calles de la mano, riéndonos, construyendo un recuerdo en cada esquina. Parecíamos irrompibles. Nunca valoré lo suficiente el gran regalo que tenía y que me agarraba la cintura, no me di cuenta del privilegio que suponía poder contemplar la ciudad desde tu lado, hasta que ya fue demasiado tarde. Siempre, a tu lado siempre ha sido demasiado tarde, aun cuando me empeñaba en pensar que aún teníamos al tiempo protegiéndonos. Ahora paseo sola, nadie me agarra de la cintura ni me coge la mano como tú lo hacías, aún no he conseguido, con tantos inviernos que han pasado, encontrar unos abrazos como los tuyos. Era adicta y creo que lo sigo siendo. Suerte que hace viento en esta ciudad y me ayuda a deshacer un poco mejor tus recuerdos. Cada vez que veo unas hojas volando cerca de aquellos sitios que fueron nuestros, pienso que me voy curando, que la ciudad está hoy un poco más limpia y que ya queda menos para que esos lugares vuelvan a ser lo que son, lugares y no sentimientos”

Sonrío al recordar su amor adolescente y por primera vez, desde hacía mucho tiempo, sintió nostalgia al pensar en aquella etapa de su vida. Su primer texto hablando de amor y ya lo hacía desde la perspectiva de una persona rota. Rota pero más joven, y con la firme creencia de que todo tenía solución. Hacía tiempo que no escribía de una forma tan romántica que calificó incluso de infantil, pero en el fondo sentía envidia de esa persona que había sido hace diez años y que pese a todo, todavía creía en el amor y en que merecía la pena dedicarle líneas a un imposible. Dicen que nunca se vuelve a amar como la primera vez, puede que sea cierto o tal vez sea simplemente ese abismo de las primeras sensaciones que nos hace sentir todo mucho más intensamente. Durante esos diez años había encontrado muchas personas que la abrazaran, que la cogieran de la cintura y la acompañasen a pasear por la ciudad, pero nunca como aquella primera vez porque nunca lo había vuelto a hacer sin miedo a perder. Cada vez que amaba sabía que esa persona un día le soltaría y echaba la menos ese sentimiento de eternidad que se tiene cuando se es más joven. Es el precio a pagar por curar la ingenuidad, al menos ahora ya no le hacían daño, desde que no subía a lo alto del precipicio por lo menos no la habían vuelto a arrojar al vacío.

16 / febrero / 2014

Etiquetas:

1 Comentarios

  • Apurimak

    Has experasado muy claro, la juventud de amar sin miedo, con pasión muchas veces desmedida, con los años uno se vuelve sobrio, calculador, quiere encontrar no dolerse más.

    04/10/15 02:10

Mas de Soniasalvadorc