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Tú Me Salvaste la Vida.

El miedo me consumía por dentro. En tan poco tiempo mi vida había dado un vuelco de 180 grados.
De ser un hombre normal y feliz, tenerlo todo en la vida, a encontrarme ante la posibilidad de dejar mis últimos latidos en el quirófano.
Estaba a solo unos minutos de entrar y me faltaba el coraje, esa voz que siempre me animaba a más, que me daba fuerzas, que me incentivaba a ver la vida de una manera más simple, menos complicada. Esa persona que me renueva el ánimo tan solo con su presencia, con solo ver su sonrisa me doy cuenta que no estoy solo.
Y sus palabras llegaron en el momento exacto, con tan solo unas líneas ella sabía perfectamente como me sentía, no hacía falta que estuviese a mi lado, aun a miles de kilómetros ella sabría con exactitud que siento, si mi voz es la misma y podría leer telepáticamente mi mente.
Me asusta tener esta química con ella, no puedo esconderle nada, siempre termina descifrando cada uno de mis secretos.
Sus palabras me llegaron a lo más profundo del corazón, me hizo entender que no estoy solo, que no solo mi familia está a mi lado en esta difícil circunstancia, sino que ella también lo está.
Me dio el valor y el coraje para vencer el miedo a la muerte, me dio una razón para pelearla con uñas y dientes, para no dejarme vencer.
Simplemente con el alma a flor de piel me entregue al destino, con la ilusión de despertar y volver a ver su sonrisa, de sentir nuevamente sus brazos reconfortándome en un abrazo.
Una luz me encegueció, no sabía dónde estaba, ni que día era, estaba confundido. Hasta que me di cuenta que estaba vivo, que mi corazón seguía latiendo, que todavía podía estar junto a los míos.
No se aceptaban visitas, así que no pude hablar ni ver a mi gente, pero especialmente a ella.
Hoy, después de varios días, la volví a ver. No pude evitar abrazarla, no quería soltarla. Solo sentía la necesidad de tenerla entre mis brazos, mirar sus hermosos ojos, de decirle cuanto la extrañe y cuanto necesite tenerla a mi lado.
Fue un abrazo de unos minutos, pero fueron los suficientes como para demostrarle lo agradecido que estaba de que siempre tuviese la palabra justa y estuviese en el momento que mas la necesitaba.
Fue un instante en el que solté su cuerpo y mirándola a los ojos y acariciando su mejilla con mis manos le dije:
-Tú me salvaste la vida, te amo tanto.
Deslizándose una lagrima por su mejilla, la seque con mis dedos, la mire a los ojos y le susurre dulcemente.
-No llores amiga mía.
Y sellando ese momento la bese en los labios.
Vampiresa18 de noviembre de 2020

1 Comentarios

  • Regina

    Que bien escribes tus sentimientos Vampiresa, un gran saludo.

    18/11/20 10:11

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