¿quién es Hector?

Publicado por Equivocados el 18 de enero de 2014.
El sonido de sus zapatos sobre la calzada era una advertencia haya donde iba. Sus botas de piel marrón de serraje eran entre su variopinta selección unas que usaba en escasas situaciones, ni siquiera sabía el hábito por el que se calzaba unos zapatos u otros, pero desde que habían entrado a su vida la marca Vans ya no quería otra cosa. Pero aquello era una situación especial. O eso esperaba, ya que no solo se había calzado con aquellas rusticas botas sino que, su atuendo, iba acorde con lo vestido. Los vaqueros claros por algunos lados rasgados sin dejar a llegar ver su piel y una camisa vaquera oscura que tanto se habían llevado ese verano. Una bufanda marrón del color del cinturón y un reloj negro adornando su muñeca derecha cerraban su vestimenta.
Que las farolas se encendieran no era sino un mal presagio de que llegaba un poco más tarde de lo normal, porque a pesar de llevar ese sinuoso reloj, lo tenía más por estética que por necesidad ya que siempre llegaba tarde a cualquier sitio al que se dirigiera.
Hector guardó su móvil en el bolsillo derecho del pantalón con alguna que otra dificultad, los bolsillos de aquél pantalón estaban tan pegados que al deslizar el móvil con la funda se quedaba enganchado y no bajaba lo suficiente.
Las noches en Málaga, a pesar de lo que mucha gente piense son bastante frías cuando el invierno arremete con fuerza, pero esa noche parecía que hasta la luna se había puesto su mejor traje para ayudarlo.
Su carisma e intuición le decían que esa noche no iba a acabar en su casa, sino revolcándose en sabanas ajenas de alguna que tuviera unas buenas tetas con las que pasar la noche despierto y jugar más que un bebe recién nacido con ellas. Quizás os haya sonado un poco obsceno, pero es mejor que conozcas como es Hector de primera mano y por mí, antes de levantarte por la mañana en tú cama y te encuentres sola habiendo pasado la mejor noche de tú vida. Luego no digas que no te lo advertí y llores frente a tu espejo preguntando el ¿por qué? Y el ¿cómo?
Con una sonrisa encantadora y un poco de flirteo Hector le había sonsacado a una cuarentona caliente un cigarro y un número de teléfono, ahora solo tenía que buscar una papelera y una chica con un encendedor y el resto seria pan comido.
Aunque ya había visto a la chica con la que había decidido acostarte aquella noche el muchacho prefirió hacerla esperar de su compañía un poquito más y mientras caminaba en su dirección por una de las callejuelas de Calle Larios se entretuvo charlando animadamente con dos preciosas chicas que no paraban de babear por él.
No le había hecho falta sonreír cuando ya le estaban pidiendo que las acompañara en esa noche y que luego acabarán los tres bebiendo la última copa en su residencia, y aunque la oferta fuese tentadora, ya que un 2x1 no lo suele conseguir con tanta facilidad su presa aguarda a que la cacen, y a la cena no se le hace esperar. Así que con su mejor sonrisa se despide de las encantadoras muchachas y anda hacia ella decidido mientras se lleva el cigarrillo, ahora encendido, a la boca.
-¿Llevas mucho esperándome, cariño?
-¿Perdón?
Su voz es apenas un susurro en la noche.
-Perdonada, perdonada pero creo que el tiene que disculparse soy yo por hacer esperar a un ángel como tú en un sitio como este.
Sonríe, con ese comentario le ha ganado un poquito más de terreno y ahora se siente superior.
-Así que… -continúa Hector sin dejarla pensar demasiado-. ¿Te llamabas…?
-Aún no te lo he dicho –objeta, cambiándose de postura y mirándolo a los ojos.
Ese movimiento hace entrever la perfecta silueta que aquella muchachita de ojos verdes posee y eso no hace otra cosa que incentivarlo todavía más.
-Hector –responde con una sonrisa-. ¿No te han dicho tus padres que es descortés no presentarse ante un desconocido?
-No, ellos son más de pedirme que no hable con desconocidos.
-Que bien que no les hagas caso ¿verdad?
Punto a su favor, la hace inquietarse y preguntarse quién es ese chico que no la deja en paz.
-¿No te ha ido bien con las dos universitarias y crees que porque estoy aquí sola te va a ir mejor?
-¿Sola…? Yo diría que eres la que mejor esta acompañada ahora mismo –y mira alrededor buscando algo de competencia en la distancia-.
Otra sonrisa de la chica, que mueve la cabeza. Puede que aquél chico fuese el más atractivo que había visto jamás pero no por eso iba a ponerle las cosas tan fáciles, o eso pensaba.
-Daniella –y se acomoda un poco sobre la pared en la que esta recostada.
Daniella, incluso su nombre la excitaba y es que a la chica la mirase por donde la mirase era un nueve alto. Rubia clara con una carita en forma de corazón, una naricilla respingona y unos labios rojos marcados como las rosas. Solo de pensarla agachada y de rodillas ya le hacia temblar. Pero no solo su cara era perfecta sino que su cuerpo en si era muy atractivo, más curvas que en un “rally”y unas tetas de la talla 95 copa b mínimo. Eso sí que eran dos buenas razones por las que quedarse despierto y es que a Hector lo que más le llamaba la atención de una chica es que las tuviera grandes. Esponjosas, redonditas, que te miren con amor pidiendo guerra. Por lástima no había tenido el placer de observarle el culo ya que Daniella estaba echada contra la pared, pero las piernas que dejaban ver su cortísimo vestido eran atléticas, seguramente hiciera spinning o algún otro deporte. Otra razón más a sumar a la lista de cosas positivas, y es que sabía que el tiempo que le faltaba para llevarse a esa ricura a la cama era el tiempo que tardase en acabar el cigarrillo.
Y tal como lo pensó sucedió, antes de que Daniella pudiera poner alguna excusa u objeción para no irse con aquél moreno de ojos oscuros ya lo tenía sobre ella en el sofá de su casa, en la mesa del salón o en la encimera de la cocina. Sus labios le estaban recorriendo las zonas prohibidas y no le importaba en lo absoluto, en cambio quería más y no iba a dejar que acabará. La camisa vaquera oscura voló en medio de la habitación con la compañía de las fotos y las decoraciones de la mesa. Y es que a Daniella le gustaba aquello, le gustaba lo duro y salvaje y sabía que aquella noche tendría ración doble.

Memorias de Un Joven Escritor.

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