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Arbey

Siempre aprendemos primero, los que en la vida nos hubo de marcar.
Arbey siempre fue el primero en llegar a estudiar, el primero en enseñarnos a sonreír y amar.

ARBEY

Llegaste a tu salón de clase,
apoyado en tu muleta,
con sonrisa de verde piercings,
rogándole a tu maestra
que te regalara una sonrisa,
de esas que soportan la prisa.

Descansando tu blanco acordeón,
justo frente a tu eje central,
luciendo el uniforme de la angustia,
con tantas ganas de estudiar,
que durante las clases no parabas de hablar.

Cuando había formación,
en el soporte del arco,
como mariposa te solías posar,
mientras escuchabas haciendo gestos,
tu coordinador su discurso pronunciar.


Cuán desesperado te sentías,
cuando en lista no aparecías,
que al pedirte la colilla de matrícula,
de lejos la exhibías,
al acercarme,
con sorpresa, descubría que mentías.

Crecía tanto tu deseo de aprender,
que deseabas afanosamente
que te evaluaran
la lección que acababas de aprender.

Al interrogarte acerca de esto
que acababas de leer,
con esa sonrisa que nadie podría olvidar,
con esa cara tapizada de metal,
vistiendo camiseta y pantaloneta,
siempre acompañado de tu muleta,
mis ojos hiciste una lagrima derramar.

_ Profe aprendí de eso que te vi enseñar,
de esa era secundaria o mesozoica,
en la que surgieron unos animalitos
a los que primero les salieron
las patas de atrás,
y tomando su muleta,
en el tablero
las patas traseras
de las ranas, empezó
Arbey con tiza roja a dibujar,
mordiendo el verde manjar,
con el duro sabor a metal.

Piedadacostaruiz18 de febrero de 2012

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