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El Bosque de Los Corazones Agrietados

Lleva llaves herrumbradas atadas a su cintura de portones que nunca ha cerrado.
Sabe que cada día alguien vendrá a descansar en sus tierras. "Van allí a morir de amor" escuchó decir una vez, y violentamente respondió: "nadie muere de amor, dejen de echarle la culpa al amor". Siempre ha pensado que se muere de rechazos, de no aceptar un no, de no poder contener un corazón que desborda de deseos por alguien que no siente lo mismo, pero no se puede morir de amor, el amor es hermoso para quien puede disfrutarlo. Y si existiese alguna manera de morir de amor (sin esa carga negativa que le impregnan los idiotas), supone que deber ser la manera más hermosa de hacerlo.
Por eso deja abierto el lugar.
Cada cierto tiempo abre sus ojos a un cielo hermoso, confundido y con hambre en vaya a saber que mundo. Se sienta, bosteza mientras toma su sombrero agujereado, sacude un saco deshilachado y descolorido, abrocha los pocos botones que le quedan a su camisa, acaricia su barba como peinándola, intenta recordar lo que no puede. Más allá, una guitarra avejentada aún con la magia de cuerdas que por décadas han mantenido la afinación prima. Se la ata en su espalda y camina por senderos que solo él conoce. Sendero que tiene las huellas de los mismos zapatos rotos, sin suela, rasgados pero resistentes al paso del tiempo.
Sin asombrarse y sin hacerse preguntas, recorre el terreno de punta a punta, levantando los cuerpos. A algunos basta con darles la mano, otros esperan por sus brazos, otros necesitarán ser reanimados, despertados, arrancados de esas raíces que buscan como atraparlos entre la niebla. Los deja un momento para que recuperen fuerzas, entre el polvo sacudido de sus ropas, de las penas que se vuelven células muertas. Los deja que busquen el sol por entre los escondrijos que dan las nubes negras. Mires donde mires, el paisaje cambia, de un momento a otro cambia. Tiritan, parecen zombies que danzan al ritmo de gemidos que alguna vez fueron resabios de un llanto. Los deja que encuentren su brillo mientras va por otros hermanos y hermanas que esperan de su soplo. Solo eso. "No hago milagros, no soy un ángel, no es magia, no hay nada de eso, solo es arreglar sus alas, el vuelo ya corre por parte de ustedes", dijo mientras levantaba al último de la camada enganchado en unas ramas cerca del arroyo. El más herido, es quien más le agradece haber acudido a sus gritos que en realidad eran susurros en la inmensidad de los desesperos.
Desde aquel lugar podía verlos tambalearse y era el momento que más disfrutaba. No por burla, sino por que en su cabeza vislumbraba que esas fragilidades deprimentes que apenas podían mantenerse en pie, podrían volver a tener un color antes del canto de las hojas, al atardecer. Desde ese lugar que el considera privilegiado, acomoda su guitarra y empieza a acariciar las cuerdas que hacen brotar una melodía nueva con respecto a las de ayer. La misma letra, la misma poesía, una invitación a los que se pusieron sus mejores pilchas, perfumes, esperanzas y sueños, a los que se habían esforzado con gestos y gastos, a los que juraron e imaginaron futuros posibles, a los que se derretían al tener cerca o lejos a esa persona amada, a los que escribieron, pintaron y crearon mundos, a los que se jugaron hasta lo que no tenían para recibir un resto de atención, a los que se humillaron y los humillaron, a los de buen corazón, los engañados, los que se vieron vestidos de rechazos, los que se empaparon de excusas y lastimas por no cumplir los requisitos de otro corazón. En fin, corazones perdidos, oxidados, rencorosos. Corazones que empezaron a seguír, no sus pasos, sino la música. Primero con torpes movimientos, formando una fila, cual flautista de Hamelin pero en su versión más deprimente.
Allá a lo lejos, el sol cae y un coro de hermosas voces se desprende de los árboles para inundar el ahora valle. La canción acelera su ritmo, la invitación se transforma en un convencimiento para no dejar esta vida cometiendo estupideces.
Paso a paso, cada quien fue armando un círculo alrededor del músico, sus rostros cambian, algo sucede en ellos. El viejo mintió. Allí hay magia, allí hay milagro, allí hay rastros de un ángel. Los cuerpos espantan lo tétrico del lugar en un baile sin fin de desconocidos que rozan la locura con una sonrisa. El estribillo es claro, es sencillo, es eterno: "No dejes que nadie apague el fuego de tu amor". Y aunque no lo saben, eso resonará en sus cabezas cada vez que el corazón lo necesite.
Se van, marchan hacia los portones anclados a la tierra, como despertando de un sueño que los lleva a esa realidad de la que escaparon llorando. Se esfuman.

Hasta aquí llega lo que sucede en "el bosque de los corazones agrietados" como suelen llamarle en el pueblo. De ustedes depende irse danzando con los reanimados ...
o seguir viaje con el ángel viejo...

*Para ello deberán seguír leyendo*

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Al terminar cada jornada, la guitarra vuelve a atarse a su espalda y la sonrisa se acomoda perfectamente a su boca. Acompaña con su mirada los cuerpos danzantes que vuelven a un mundo cruel y raro al que ha renunciado. Los acompaña hasta los portones, y solo hasta allí. Porque es entonces que su mirada tiembla y se enjuaga de pasados que creyó olvidar. Una mujer, de cabellera blanca apoyada en una columna deteriorada inclinada por el pesado tiempo lo mira casi sin pestañear. El dulce eco de un "te voy a esperar hasta el día que me perdones" lo sacude, el pánico lo atraviesa, pierde la noción de la realidad, ya no sabe si es un fantasma, si ella lo es, si aquello es un cementerio o un escape a sus tormentos. Cae arrodillado y llora como un niño. Su vida se nubla. Olvida lo que sucede. De repente esa voz le habla al oído, alguien toma su mano, lo levanta, lo abraza, lo besa, sonríen, el color ceniza los cubre de antiguos sueños y se escabullen en vaya a saber que lugar del mapa, hacen el amor, crean amor, se adueñan del amor, mueren y resucitan en el amor.
El letargo los hace eternos...
... hasta que cada cierto tiempo abre sus ojos a un cielo hermoso, confundido y con hambre en vaya a saber que mundo...

ram
Ram084Publicado el 10 de junio de 2019
Archivado en amor sentimiento dolor hombre mujer rechazo llanto sueno magia musica esperanza tristeza alegria

1 Comentarios

  • Regina

    Precioso tu texto como emotivo.
    Saludos Ramo84.

    12/06/19 05:06

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