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Trueque Maldito

Tenía un problema y una solución.
El día que se dio cuenta que por cada buena acción que hacia, algo malo le sucedía, decidió no hacerlo más. Tenía casi 35, había perdido varios de sus dientes, mucho de su cabello, las uñas de sus pies estaban prácticamente destruidas y partes de su cuerpo parecían arrastrarse con el viento.

El mundo lo necesitaba en cada esquina. Tenía un corazón gigante que no le permitía dar la espalda a los gritos de auxilio a su alrededor. Rompía su promesa, y simplemente tendía su mano al que la necesitara, a ese mundo ingrato y horrible que se ensañaba con su destino.

Por cada buena acción algo malo le sucedía. Iban de la mano.
Su único premio era ver por unos segundos una sonrisa, un gracias expresado en algún gesto de alivio, segundos que se acababan con el inmediato percance o accidente que venía a golpearlo.

Harto de esta locura, quiso invertir el hechizo. Pero por cada mala acción le volvía el doble. No estaba en su esencia ser un mal tipo. Y tampoco quería serlo. Y con ello veía a la distancia como la gente malvada seguía caminos de gloria sin pagar sus cuentas, los envidiaba y a la vez les apenaba sus miserias. Incluso ayudó a muchos de ellos, y por cada uno pagó la deuda. Incluso se armó de una teoría que decía que el universo necesita de un equilibrio, y por eso él recibía la suerte que le correspondía a los pecadores. Con el tiempo odio a todos ellos y al mundo que los aplaudía.

No tiene tatuajes, pero tiene heridas dentro y cicatrices afuera a las que llama: "tatuajes del alma".
Por cada buena acción algo malo le sucedía. Por cada sonrisa, un dolor venía a abrazarlo. Para disimular, se decía "torpe de buen corazón", sobretodo cuando su ánimo no era de los mejores y necesitaba justificar su actuar.
En algún momento investigó un poco la situación, pero nunca supo de alguien que corriera con el mismo infortunio ni de quien pudiera clarificarle las razones de aquel trueque maldito.

Por cada buena acción algo malo le sucedía. Salvó a tantas personas como animales, y la muerte le guiñó el ojo por cada una de ellas.

Estatuas invisibles homenajearán sus proezas. Superhéroe sin capa, héroe sin una oda que lo nombre. "Y sabe que es lo peor, es que una persona que no ayude, estará rebotando en los salones de mi cabeza, recordándomelo por siempre", decía. "Me hes inevitable... simplemente no puedo esquivarlas y seguír" decía ya cuando el alcohol lo pintaba de sombras tras una quinta botella de lo que fuera. Así conocí su historia.

Hoy lo vi pasar, rengueando, a consecuencia de su última ayuda.
"Un día alguien va a contar tu historia", le dije. Siempre pensando en que los buenos tipos deben ser reconocidos en vida y con tintas plasmando los más lindos poemas. Pero, mirándome apenado, golpeado, comentó: "Y puede ser... este mundo siempre se ha reído de los torpes y los
desgraciados... de seguro será un libro muy gracioso". Y se fue con lo que parecía una sonrisa cayendo de sus labios resecos de una vida que ya no quería explicarle esa frase que lo atormentaba: "Por cada buena acción algo malo le sucedía".


ram
21 de octubre de 2018

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2 Comentarios

  • Mr.elio

    Suena algo digno de Rundevoll

    21/10/18 09:10

  • Regina

    A mí me da pena, y me causa un respeto imponente!! que buen texto Ramo84, buenísimo. Saludos.

    23/10/18 09:10

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